
En este día, termina la Cuaresma. Cuarenta días de este tiempo de gracia y misericordia que comenzó el miércoles de ceniza. Han sido días en los que mirando la Cruz del Redentor, en comunidad y de modo personal, nos hemos puesto en camino para dejar nuestra vida alejada de Dios y retomar el deseo de seguir a Cristo, con un espíritu renovado como hijos de Dios. Esto nos ha llevado a amar con más intensidad y mayor amor a Cristo, pero quizá te ha parecido que has hecho poco, o más bien nada.
Pues mira a Cristo. Va a comenzar “su hora” (cf. Jn 12,23), va a llegar a plenitud su paso por este mundo, va a llegar a culmen el sentido de su Encarnación, y “ardientemente ha deseado comer esta Pascua” (cf. Lc 22,15). Lo quiere, quiere dar su vida por cada uno de nosotros, por la humanidad. Y lo quiere hacer junto con los doce. Sí, con los doce. A pesar de que, los eligió personalmente para estar con Él (cf. Mc 3,13), entre ellos está quien lo va a entregar, quien lo va a traicionar, quien ha cerrado su corazón antes las palabras que Cristo en estos tres años de predicación. Judas Iscariote, ha sido de testigo de su predicación, de sus curaciones, de sus milagros… pero nada de esto ha transformado su corazón.
Con frecuencia, juzgamos a este apóstol sin misericordia. Nos duele su traición, su cerrazón de corazón… porque eso ha llevado a la muerte, y una muerte de Cruz al Redentor. Pero, de nuevo el Señor nos da una lección, invitando al mismo traidor a la Última Cena, poniéndolo junto a Él, para darle la posibilidad de cambiar lo que había de hacer, pero viendo su negativa, Jesús le ofrece de su cuerpo, le invita a hacer lo que ha de hacer con prontitud.
Nosotros que contemplamos esta escena en el pórtico de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, hemos de aprender de ella. Convenía, así estaba establecido que fuera… para nuestra salvación. A ti, como a mí, nos cuesta entender muchas veces la voluntad de Dios en los momentos duros de nuestra vida.
En este día de Miércoles Santo, te invito a acompañar a Jesús junto con los doce en los preparativos de la Pascua. Pídele que prepare tu corazón para afrontar esos duros momentos, que Dios permite para cumplir así su voluntad. Abre tu corazón a sus enseñanzas y déjate transformar por su acción salvadora. No cierres tu corazón al Corazón de Dios en el que encontramos el ejemplo, el modelo y el sentido de nuestra vida.
Antonio Jesús Martín Acuyo
Párroco de la Virgen del Carmen de Aguadulce

