
Hoy, Lunes Santo, iniciamos la semana grande de la comunidad cristiana, una semana intensa de cruz y de esperanza. No es una repetición de lo que hemos vivido en años anteriores. La Semana Santa es Pascua, paso a una vida nueva; por eso no puede reducirse a rutina o tradición. La Pascua, el paso de Dios por tu vida, ¿es novedad y sorpresa? ¿Estás dispuesto a recibir desde hoy el regalo de las sorpresas de Dios? ¡Inténtalo y no quedarás defraudado!
Toda la Biblia es el libro de las sorpresas de Dios. Así lo descubrimos a lo largo de la historia de la salvación: Dios anuncia la promesa de un Mesías que llegará a salvar al pueblo. Esta espera tiene su cumplimiento en Jesucristo, el Hijo de Dios; su vida y su mensaje inauguran el Reino de Dios, la humanidad nueva, salvada y redimida.
La celebración de este Lunes Santo nos invita a vivir experiencias intensas de la entrega de Cristo. La liturgia nos presenta a Jesús como el siervo que carga con nuestras culpas para liberarnos de ellas: «Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas» (Is 42, 6-7). Esta palabra nos sorprende y nos sobrecoge: se entregó por mí, cargó con la cruz por mí, sufrió la pasión con sus caídas y ultrajes por mí. San Pablo lo proclama con fuerza: «¿Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí?» (Gal 2, 20). ¿Acaso hay alguien que me haya amado más? ¿Lo has descubierto con asombro? ¿Lo agradeces y lo anuncias?
Desde hoy nos sumergimos en el abismo de la generosidad de Dios. El Padre nos ha entregado a su Hijo en fidelidad y amor sin límites, hasta la locura de la cruz y la sorpresa de la resurrección. Vibramos con renovada devoción creyente estos días santos y llenamos nuestros pueblos y ciudades del gran mensaje que, desde hace cerca de dos mil años, ha cambiado la faz de la tierra.
Es un mensaje actual y necesario: en un mundo donde hay cada vez más personas que no encuentran sentido a su vida, incluso entre los jóvenes, en una cultura líquida, la fe cristiana nos regala razones para vivir y razones para esperar.
Jesús nos lleva por la cruz a la luz, por la entrega a la victoria, por la muerte a la vida. Y una última confidencia, amigo lector: ¡cerca del Señor Jesús lo mejor está por llegar… no lo dudes nunca! Acoge la sorpresa de la cercanía de Dios que te busca y te ama, que te muestra que la medida del amor es amar sin medida. Este es el secreto de la verdadera felicidad.
¡Feliz Lunes Santo!
Jesús Tortosa Marín
Párroco de Santa María de los Ángeles (Almería)

