LUNES SANTO: Detalles, por Jesús Martín Gómez

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Pequeños detalles de nuestra vida cotidiana pueden hacer que cambie nuestro estado de ánimo o la imagen que tenemos a cerca de una persona. Una simple llamada telefónica, mensaje de texto, una visita imprevista, un regalo sin ningún motivo o interés, una pregunta sincera sobre cómo nos encontramos… estos gestos desvelan cuál es el contenido de nuestro corazón. Todos ellos van más allá de la simple cortesía o el interés y muestran a los demás cómo somos.

El evangelista Juan parece ser una persona que se fijaba en esta clase de detalles. En la escena de la unción en Betania, que él nos narra, queda retratado el corazón de cada uno de los personajes que intervienen en ella.  María, llena de amor por el Maestro, derrama sobre él un frasco de perfume. Además, se asegura de que nadie más lo use y lo quiebra. Judas protesta por el despilfarro y, alterado, señala que la ganancia de su venta podía haberse entregado a los pobres. Quería quedarse con el dinero.

La traición había comenzado a fraguarse mucho tiempo antes en el corazón del apóstol. Sus palabras desvelaban hasta qué punto aquello ya no iba con él. Pequeños actos de desafecto y avaricia hicieron que olvidase aquel entusiasmo que sentía cuando Jesús lo eligió, cuando compartió con los demás el ministerio de curar y anunciar la Buena Noticia al pueblo. Permitió que su amor fuera enfriándose y que su vida se convirtiese en una farsa, se sintió decepcionado porque Jesús no era lo que él esperaba.

Se trata de una historia muy humana, muy cercana a nosotros, experimentada incluso o protagonizada por nosotros mismos. Cuando comenzamos a descuidar detalles deberían saltarnos las alarmas. Algo está sucediendo cuando las palabras de la persona a la que quería ya no me dicen nada o cuando pierdo el entusiasmo con lo que hacía. Pensamos que la solución es cambiar de situación, buscar un nuevo amor, un trabajo ilusionante para sentir lo que sentíamos antes.

Tal vez la solución pase por rebajar las expectativas. La vida no puede ser una continua montaña rusa de emociones. Nuestro deseo por vivir intensamente nos hace buscar cada vez experiencias más extremas: en el ocio, en la comida, en el turismo, en el deporte, en el sexo… buscar cada vez una experiencia más intensa solo nos hará colapsar el sistema nervioso. Sin duda la respuesta debe ser algo más sencillo. Los detalles que la vida, de por sí apasionante, nos ofrece. Una vida que ya es un milagro que solo podemos apreciar si no dejamos enfriar nuestra fe.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

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