
Se ha cumplido lo anunciado, Jesús resucitó de entre los muertos y venció al mundo. Él es el creador del cielo y de la tierra, y de todo lo que hay en ella. Creador de todo y no creado por nadie. Él se sacrificó para ofrecernos otro camino, para salvarnos del pecado y que podamos seguirlo a Él. Con su sacrificio, nos ofreció el camino de la Verdad y la Vida Eterna, y sembró con su misericordia un tesoro en nuestros corazones: el Amor verdadero. Podemos elegir ese amor, o no, podemos hacer que ese fuego siempre esté vivo en nuestros corazones, o no, podemos hacer que ese fuego nunca se apague e ilumine nuestra alma. El alma, es de Dios y necesita a Dios, necesita que el amor siempre lo mantengamos vivo; pues como nos enseñó San Agustín: “Nunca se es más libre que cuando se depende de Dios”; no podemos ser libres sin Él.
Ese amor infinito de Dios se encuentra en cada una de las almas sin excepción, porque el alma no entiende de status, de razas, de países, de riquezas o de pobrezas. El alma está libre de categorías, es lo más puro que existe. Dios está ahí, en esa morada, esperando pacientemente a ser amado, a que lo elijamos. De esta forma, Dios se hace presente en el prójimo, y amar al prójimo es por lo tanto amar a Dios; amar al Amor que reside en ese corazón, en esa alma.
A través del amor, Él nos enseñó la esencia de la vida, nos mostró el camino a seguir para hacer presente el Reino de Dios en medio de su pueblo; y para que llegado el día pueda decirnos al fin de nuestra vida terrena y al fin de los tiempos: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”. (Mateo 25:34-46)
Todos somos uno. Si lo amamos con todo nuestro corazón y no deseamos nada más sino a Dios, nos atraerá hacia Él a través de la caridad. Cuando descartamos, juzgamos y categorizamos, estamos haciendo un acto muy mundano, pues si Dios es el Padre de todas las almas y está en cada uno de nosotros, estaríamos descartando al Dios mismo.
Resucitémoslo en nuestros corazones, porque el alma necesita a Dios para ser libre y el corazón necesita el amor de Dios para estar vivo. Hoy tenemos esa oportunidad; la oportunidad de evitar que Dios sea, el Amor no Amado.
Lola Ruiz, Directora de Cominicación de Cáritas Diocesana de Almería
-Imagen: Mur des Je t’aime (El muro de los te amo) en París. Obra de Fréderic Baron y Claire Kito.

