LO PEOR, JUAN, SON LAS NOCHES, por Ramón Bogas Crespo

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

En el célebre programa de Juan y Medio cuando les preguntan a los mayores que buscan pareja cómo llevan su soledad, siempre responden lo mismo: “Lo peor, Juan, son las noches. Mientras es de día salgo y entro, pero cuando cierro la puerta de la casa por la tarde…”. ¡Ay, la noche! Y tienen razón. Te metes en la cama, se meten los pensamientos contigo y te vas enredando y enredando. No se pueden parar. Insisten y te retuercen hasta que se cansan. De una manera maravillosa, amanece y se disipan. ¡Cuántas noches hemos deseado que se hiciera de una p… vez de día!

Todos tenemos esas voces interiores. Unas voces que nos atormentan. Cada uno las suyas: enfermedades, complejos, heridas, incertidumbres… Ese aullido se convierte en un juez tirano, un verdugo interior que no nos deja en paz y es generador de angustias, pensamientos negativos y repetitivos. Ya lo decía San Ignacio: “Dentro de nosotros habita un tirano que se monta en nuestras heridas del pasado y nos ataca”. Pero aconseja a todos los ejercitantes: “Cuidémonos mucho del curso de esos pensamientos”. Esto no significa que no seamos autocríticos o que no hagamos examen diario de conciencia (herencia también de la espiritualidad ignaciana), sin embrago, esos pensamientos negativos y funestos a los que me refería al comienzo de este artículo no provienen de Dios ni nos ayudan a la buena salud mental y espiritual.

En el evangelio leemos muchas veces a Jesús curando “Espíritus inmundos”. “Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar. Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él.» El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió” (1,21-28). Y esos espíritus son una representación de todos esos pensamientos que nos retuercen y nos impiden ser felices. De ahí la importancia de la oración. En la oración callamos, hacemos silencio, escuchamos… pero NO ESAS VOCES. Oímos el canto silencioso de la fe y la confianza. En la oración escuchamos al BUEN ESPÍRITU que nos invita siempre a amar y servir.

Ahora te propongo algún consejo para frenar esos pensamientos negativos. El primero: aprende a detectar el “mal ángel”. Esa voz no eres tú, no proviene de Dios. Hay que ponerle nombre y decirle como el Maestro: “Cállate y sal de mí”. El segundo, Ora: la oración bien hecha, delante del Dios de la misericordia siempre te saca de ahí y te pone en otra órbita. En la positividad, la esperanza, la entrega y el amor. El tercero y último: recuerda que tu peor enemigo no está ahí fuera, sino que habita en ti.

Señor, acuérdate de mí en las noches oscuras. Ayúdame a sacar esos malos espíritus que, a veces, me habitan. Dame fuerzas para expulsar a ese opresivo juez que, en ocasiones, me visita. Tú, mi roca, mi refugio, mi salvación. Del maligno enemigo, defiéndeme.

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

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