Las Hermandades de Berja comprometidas con la acción caritativa-social

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

El viernes 25, solemnidad de la Encarnación, en un acto sencillo y emotivo, al terminar el séptimo día de la novena a la Stma. Virgen de Gádor, la junta de Hermanadas de Berja, entregaron al Rvdo. D. Antonio Manuel Hernández Belmonte, párroco de la Puebla de Vícar y presidente de la Asociación de voluntariado y cooperación esXti, un donativo de 2.400 euros para ayudar en la labor y acción caritativa-social que esta asociación realiza a favor de las personas más desfavorecidas y descartadas de nuestra sociedad, sobre todo en sus proyectos más recientes en Nicaragua.

Un compromiso solidario y eclesial que brota del corazón mismo del mandato del amor que Dios nos pide a favor de los más necesitados y pobres. Un compromiso que las Cofradías y Hermandades de penitencia y de gloria de la Ciudad de Berja tienen muy claro a la hora de actuar y luchar por la igualdad y la justicia.

El sacerdote Antonio Hernández, que presidió la novena a la Virgen de Gádor, agradeció profundamente este gesto de generosidad y que hará tanto bien a las personas, sobre todo niños, a los que irá destinado este dinero solidario.

«El que es generoso no debe pedir cuentas de la conducta, sino sólo mejorar la condición de pobreza y satisfacer la necesidad. El pobre sólo tiene una defensa: su pobreza y la condición de necesidad en la que se encuentra. No le pidas nada más; pero aunque fuese el hombre más malvado del mundo, si le falta el alimento necesario, librémosle del hambre. […] El hombre misericordioso es un puerto para quien está en necesidad: el puerto acoge y libera del peligro a todos los náufragos; sean ellos malvados, buenos, o sean como sean aquellos que se encuentren en peligro, el puerto los protege dentro de su bahía. Por tanto, también tú, cuando veas en tierra a un hombre que ha sufrido el naufragio de la pobreza, no juzgues, no pidas cuentas de su conducta, sino libéralo de la desgracia»
(san Juan Crisóstomo. Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 5).

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