
Os saludo a todos con amor de padre, con entrañas de madre, con el aliento del Espíritu Santo. Gracias por estar aquí como un solo cuerpo.
El Papa Francisco nos dijo que ‘La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura; nada, en su anuncio y en su testimonio, puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa por el camino del amor misericordioso y compasivo’. El rostro de la misericordia, 11 de abril de 2015. La Iglesia, desde los primeros latidos de su corazón, ha tenido en cuenta a los pobres. A veces con voces proféticas. Pero parece que siempre comenzamos de nuevo.
Si visualizamos el cartel de este año… vemos puertas y ventanas cerradas, ventanas y puertas tapiadas, pero, en realidad, lo primero que se cierra con llave es el corazón, después la mirada y luego la voz. Mucho silencio, pero si al menos fuera mientras trabajamos por la liberación de los demás. Luego viene la salvación. Vivir la salvación de Cristo requiere un tiempo de oscuridad, como Pablo que después de la caída, estuvo tres días en casa de Judas, el de la Calle Recta, de Damasco, no podía ver, no bebía, no comía… en un silencio sepulcral Hch 9,9-18 Tres días esperando resucitar. Ananías invocó al Espíritu, se le cayeron las escamas de los ojos, y surgió un hombre nuevo. Igual que a los de Emaús se les abrieron los ojos y descubrieron a Cristo en el peregrino.
Qué importante es que se nos caigan las escamas de los ojos… tener los ojos bien abiertos y los oídos, ante de hablar, antes de programar, antes de perseguir, como Pablo. Es cuestión de interiorización, no de ejecución. En la antropología bíblica, el corazón se alimenta por los ojos y los oídos. Y en el corazón reposan los acontecimientos. María guardaba y meditaba todos los acontecimientos en su corazón. Recordad, los pastores, los sabios de oriente, el niño respondiendo a los doctores de la ley, maría ante la cruz. Sin ese sosiego de meditar, dar vueltas, nuestras acciones pueden ser muy ruidosas, incluso nos compense lo que hacemos, pero al final serán poco efectivas, se las llevará el viento. Tiene que ver mucho con la fidelidad.
Hablo de lo que conozco, de todos ellos soy cercano, aquí y en otros lugares de España. Hay muchas personas que viven en ‘pisos patera’, en una habitación alquilada por 300€ o incluso 400€ y un piso compartido con desconocidos (cuarto de baño y cocina), todo lleno de carteles que prohíben o marcan el territorio. Conozco a un joven de 28 años, con trabajo, en una mini habitación de 350€ como Diógenes, que se pregunta ¿cómo puedo construir una familia? ¿cuál es mi futuro? ¿qué va a ser de mi vida? Conozco a personas mayores, que se quedan mirando al vacío, sin expresión, sin horizonte, en habitáculos imposibles. Conozco a una mujer soltera de 96 años, que ha vendido el piso antiguo, para poder ir a una residencia de ancianos. Necesita estar sola, una mini mesa y un sillón de plástico, una cama de 80 cm de ancho… desolada, no le dejan poner nada en las paredes, ni un recuerdo visible, todo en un álbum, en el armario de la ropa; paga algo más de 1600€ al mes y quiere morir, porque se le está terminando el dinero del piso. Ha trabajado toda su vida, con un sueldo razonable, pero la inflación, la subida de los precios… la ha dejado indefensa. Conozco también a una joven madre y a su hijo de 17 años, viviendo en una habitación, compartiendo la misma cama, el chaval por la noche, la madre por el día, cuida de noche a una señora. La angustia se me clava en el pecho, imaginaros a ellos que lo tienen que sufrir.
Ni el mismo José y María fueron tan maltratados en Belén. Ellos en Nazaret vivían en una cueva, como todos. Nosotros magnificamos los relatos, los endulzamos, les buscamos su lado tierno… pero dar a luz en un establo Lc 2,7 era lo común entre la gente normal, por cuestiones de impureza de los ritos de la sangre y muchas veces para aprovechar el calor de los animales.
La lectura del Génesis 3,1-9, que hemos proclamado, nos pide abrir los ojos. Pisamos tierra sagrada. Es una llamada al liderazgo, al encuentro con Dios. Pero ¿no te das cuenta que mi pueblo está sufriendo y tu huyes por tus miedos? Todos tenemos miedos de quedarnos en la intemperie. No ves el sufrimiento porque has cerrado los ojos, no oyes los gritos porque has cerrado los oídos. Puertas y ventanas tapiadas, cerradas, para que el decorado no nos moleste demasiado, para que pasemos a su lado con la tranquilidad de que no pasa nada. La queja de Moisés es que él es un pobrecillo frente al Faraón. La respuesta de Dios es: Soy yo, yo te envío, vas en mi nombre. A veces pensamos que todo depende de nosotros, y se nos olvida que es Dios quien nos envía.
El Salmo 33 dice que ‘el Señor mira a los que habitamos la tierra y porque modeló nuestro corazón, comprende nuestras acciones’. Aquí hay que respirar hondo y preguntarnos, ¿qué hemos hecho de nuestro corazón? Porque eso de que el Señor comprende nuestras acciones… El problema está en la invitación de la serpiente del Jardín del Edén, nos arrastra hasta los límites, esos que no soportamos, porque creemos que nos castran, pero que son tan necesarios para la convivencia. Los mandatos del Señor son para tener vida en abundancia. El señuelo que lanza –el que divide- a nuestros padres es: si queréis ser como Dios. La mujer, Eva, habla siempre en plural: ‘nos’ ha dicho, ‘nos’ ha prohibido, sí que podemos comer… ella es la Madre, la que genera vida, todos hemos salido de su útero, de sus entrañas (es la misma palabra en hebreo[1]). Dios Padre nos ama desde las entrañas de madre: por la entrañable misericordia de nuestro Dios Lc 1, 78. Otra vez los límites, ¿hay alguien que no quiera ser como Dios? que lo quiera todo, como las tentaciones de Jesús en el desierto. Mirémonos, en esta torre de Babel donde vivimos, queremos tocar el cielo, subir, subir hasta codearnos Dios. Ese Dios lejano, poderoso, invencible.
Pero Jesús, en el Evangelio Mt 8, 18-20 lo trastoca todo, sobre todo algo tan fundamental como la imagen de Dios. Nos hace cambiar el paso si realmente somos sus discípulos y hermanos. Los que querían ser Dios, los que construían un edificio para igualarse a un Dios extraño. El maestro de la ley, el que sabe todas las respuestas, se ofrece a seguir a Jesús. Jesús responde con la nada, solo su verdad. Porque la pobreza es provocativa. Bien lo supo san Francisco y todos los bautizados en la historia de la iglesia que han seguido ese camino.
No creéis que necesitamos abrir más los ojos, los oídos y el corazón. No pensáis que es necesario hacer silencio interior, como los tres días de Pablo, para después poder ser un terremoto evangélico, impulsados por el Espíritu Santo, ese gran desconocido de la Iglesia y de todas sus comunidades, y de cada uno de nosotros los bautizados. No hay conversión sin interiorización. Sin el Espíritu Santo estaremos echando agua en un cesto, y la historia nos lo certifica, y la Iglesia, como dice un amigo paúl, dejará de ser casa, pan y palabra del pobre.
Termino como he comenzado: vivamos con amor de padre, con entrañas de madre, con el aliento del Espíritu Santo, que resume todo lo que os dicho. ¡Ánimo y adelante!
Parroquia de Monserrat (Almería), 7 de octubre de 2026
+ Antonio Gómez Cantero, obispo de Almería
[1] Ra’hamim pl. entrañas Sentimiento que tiene su asiento en el útero materno.

