«En mi corazón se va abriendo una puerta de par en par por donde a raudales se va colando Almería»

Diócesis de Almeríahttps://diocesisalmeria.org/
La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.


Querida comunidad diocesana de Almería, presidida por nuestro obispo D. Adolfo, laicos, parroquias, hermandades y cofradías, movimientos apostólicos, asociaciones, comunidades religiosas, diáconos y sacerdotes, queridos hermanos en el episcopado, autoridades de la ciudad y de la provincia, autoridades militares, judiciales, autoridad portuaria, fuerzas del orden público, y amigos que habéis logrado acercaros y también saludo con afecto a los que no habéis podido estar presentes a causa de la pandemia. Mi corazón en Teruel y Palencia, y en él, una puerta abierta de par en par por donde a raudales se va colando Almería, esta tierra y estas gentes bendecidas por María Santísima.

Leyendo un escrito de nuestro Papa Francisco, estos días he meditado la primera carta de San Pablo a Timoteo, llena de enseñanzas prácticas, donde en su capítulo 3 escribe como debe ser un obispo, ¡ojalá Dios lo pudiera lograr! Os aseguro que me esforzaré por adquirir las cualidades que señala, serán mi papel pautado, como un niño en sus primeras letras.  Aprendí a ser párroco en Palencia y obispo en Teruel, y estoy tan agradecido a las personas que tanto me habéis ayudado, ya seáis laicas, – la mayoría mujeres- o de la vida consagrada, de la Acción Católica, los sacerdotes, el diácono…

Tanto de párroco, como de obispo, he intentado adoptar la actitud de estar en medio de vosotros, como esos pastores que de niño veía en mi tierra de Carrión de los Condes, en la antigua Castilla La Vieja. Y observaba cómo, muchas veces, la inmovilidad del pastor, apoyado o semidormido en su bastón, hacía que las ovejas le empujaran y sacaran de su letargo, pues eran ellas las que, por necesidad, se acercaban a buscar nuevos pastos. Eso habéis sido para mí, aliento del Espíritu, que mueve a la Iglesia, la saca del inmovilismo y la provoca en las nuevas búsquedas. ¡Seamos testigos! este es el impulso vital de los primeros cristianos.

San Pablo a Timoteo, al comienzo de la segunda carta, le pide que no olvide sus orígenes, ni las enseñanzas de su madre y de su abuela, que le iniciaron a la fe, (saludo a los seminaristas, por todo lo que yo debo al seminario, a los rectores, profesores, formadores, directores espirituales, que han pasado por mi vida, escuchándome, corrigiéndome, enseñándome, acompañándome, ayudándome a razonar, a construir comunidad y estar como servidor en medio de ella) Tampoco puedo olvidar que soy parte del rebaño, de donde he sido sacado. Yo ahora soy vuestro, os pertenezco, y estoy aquí para serviros de todo corazón y alentaros en la esperanza. Y no olvido mis raíces, aquellas que fraguaron mi fe, y mi manera de ser, desde los primeros años de mi vida. Los esfuerzos de mis búsquedas constantes son sencillos, marcados por cuatro palabras que he vivido en mi casa: simplicidad, humildad, esfuerzo y alegría, aliñadas con unas buenas amistades. Y lo mismo en la vida de fe, pues nuestras acciones son nuestro verdadero espíritu. Porque la fe o es una historia de amor o es idolatría.

Me esfuerzo para que las críticas no me remuevan, ni las alabanzas me conmuevan; en cambio, me dejo interrogar, por el diálogo y la corrección fraterna. Muchas veces el Señor nos pide andar sobre las aguas, como a Pedro. Estos pilares que construyo poco a poco, con tiempos de sequedad y también de pequeños vacíos, me hacen ser más libre, sin ataduras, ni a las cosas ni a las personas. Solo siento mi fragilidad y me conmuevo ante las personas que sufren por cualquier causa.

Ahora mismo, al borde de los 65 años, me encuentro en un momento en el que me creo suficientemente joven para seguir haciendo proyectos, pero suficientemente mayor para saber que la vida pasa con demasiada rapidez. Esta vida nuestra, que hilvana lo espiritual con lo terreno, la encarnación con la resurrección, está tan llena de sobresaltos que te mantiene entre dos mundos –tantas veces insatisfecho–, porque nunca llegas a la medida de la plenitud. Y según se van desgranando entre tus dedos los días, te das cuenta que vivir –crecer– al final no es mucho más que una peregrinación iniciática hecha de muchas muertes y muchas resurrecciones, las que te regala la fe y las que te impone la propia vida, la tuya y la de los que guardas en el corazón y la memoria, hasta la previsible muerte y la definitiva resurrección.

De ahí, que mi icono espiritual sea el camino de Emaús, el camino de la pedagogía de la salvación; porque hay un Buen Pastor (que dejando su estatus) sale a peregrinar a nuestro lado y nos pregunta, y nos hace caer en la cuenta de nuestras propias contradicciones, y nos ilusiona (haciendo que nuestro corazón se incendie de amor) nos recuerda nuestra historia y cuánto Dios nos ama y actúa en cada momento, y se deja invitar para entrar en nuestra casa, (en nuestra cosmovisión de las cosas) y nos trasforma, de tal manera que, donde antes sólo eran impedimentos, se convierten en sendero abierto, aunque sea de noche. ¡Cristo Luz, Camino y Vida! También tendremos que seguir saliendo a los caminos para invitar a todos a la boda.

No os canso más. Termino con una pregunta, que es la única que me hago todas las noches, como examen de conciencia: ¿He servido o me he servido? Si respondiéramos, cada uno de nosotros, y de nuestras comunidades, buscando la voluntad de Dios, seguro que nuestra iglesia de Almería, seguirá creciendo, como ya lo hizo en los primeros siglos, cuando nos evangelizó san Indalecio.

Hoy es el aniversario de la elección del Papa Francisco, pido por él y le doy las gracias por darme una nueva oportunidad para crecer en la fe y en la vocación del Buen Pastor, a la que he sido llamado. Gracias a nuestro obispo D. Adolfo, por acogerme con los brazos abiertos, sabe que estoy dispuesto a ayudarle en todo aquello que sea preciso.

Que los padres de Cristo: María y José, de aquel pueblo pequeño de Nazaret, -la primera comunidad cristiana-, nos acompañen a todos en este peregrinaje. ¡Ánimo y adelante!

+ Antonio Gómez Cantero

    Obispo Coadjutor de Almería

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