EL MAGO

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Juanito tenía un padre mago. Cada mañana, antes de salir al colegio, este le susurraba unas palabras mágicas. No podía revelárselas a nadie. En el camino recogía a Miguel, el hijo del policía. Y su padre le advertía: “Ten cuidado con los coches que van como locos, cruza en verde siempre…”. Y Miguel salía con cara de semáforo rojo. Más tarde paraba a recoger a María. Su madre era dentista que siempre le alertaba: “No comas chuches, lávate los dientes después de comer…”. Y María salía de casa con cara de dolor de muelas. La última parada se encontraba en la casa de Cayetano, el hijo del empresario de éxito de la ciudad. Su recomendación de cada día era siempre la misma: “Sé el primero, nunca te quedes atrás, gana en todo si puedes…” y Cayetano iba al colegio con cara de triunfador.

Pero el más feliz era siempre nuestro protagonista, Juanito. Y los demás niños le pedían insistentemente que revelara su secreto. Finalmente, decidieron esconderse en la esquina de la puerta para poder escuchar las palabras del mago que hacían tan feliz a Juanito. Y las palabras eran estas: “TE QUIERO MUCHO, HIJO MÍO. QUE TENGAS UN DÍA MUY FELIZ”.

La moraleja de este cuento se explica desde la psicología. Los niños para su madurez y equilibrio emocional necesitan lo que Erikson denominó: CONFIANZA BÁSICA.  Es decir, una confianza que el niño adquiere durante los primeros años de vida, cuando percibe que es querido y alimentado, pero también cuando es cogido en brazos, protegido y amparado. Del adecuado nivel de dicha confianza dependerá la posterior disposición a confiar en los demás y la propia autoestima.

Frente a la confianza (la de Juanito) está la desconfianza básica. Esa sensación vital de que todo va a salir mal, donde se percibe el mundo como amenaza. Es aquel mensaje que, sin querer, estaban lanzando los padres de los amigos de nuestro protagonista. Vivir desde esta desconfianza es una “tortura”. Nunca llegas a disfrutar de la vida porque siempre crees estar en permanente peligro.

Jesús, en estos días antes de la Ascensión, se está despidiendo de los suyos. Y les susurra a sus discípulos (y a nosotros) unas palabras mágicas: “No temáis, que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Yo estaré siempre con vosotros. Acompañaré vuestros pasos. Y os mandaré la compañía del Espíritu para que siempre os guíe y os guarde” (Juan 14, 23-29).

Y así quiero sentirme, Señor. Confiado y en buenas manos. Sabiendo que Tú diriges la historia y mi vida. Que me amas incondicionalmente y estarás ahí cuando las cosas vayan bien, regular o mal. El mundo es precioso y, aunque, a veces me cueste descubrirlo, las cosas se llenan de alegría y sentido si TÚ estás conmigo.

Ahora cierro mis ojos y escucho cómo me susurras al oído: “TE QUIERO, HIJO MÍO. QUE TENGAS UN DÍA MUY FELIZ”

Ramón Bogas Crespo

Director de comunicación del obispado de Almería

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