
He descubierto un canal en el que siguen poniendo “Dragon Ball”, se trata de un auténtico revival de aquellos animes que fueron una auténtica novedad para los millenials que en los años 90 pasamos de Marco y Heidi, dramas que nuestras madres adoraban, a un muchacho con cola de mono que iba peleando por el mundo para encontrar las siete bolas de dragón. Ver los enormes esfuerzos que Goku y sus amigos hacen para conseguir lo que desean, así como los numerosos combates a los que se enfrentan, me recuerda que todo lo que merece la pena en la vida requiere esfuerzo.
El combate es inherente a la vida cristiana. Es raro hablar de mortificación, como si la palabra incomodara, como si ese camino no debiera transitarse, sin embargo, el combate es normal y no es solamente una opción. Si nos tomamos en serio la fe, aparecerá la lucha diaria contra el pecado y las pasiones desordenadas, contra la pereza espiritual o el egoísmo. No olvidemos que en cuestión de mortificación el principal campo de batalla es el propio corazón.
Hábitos, impulsos, disciplina, ayuno… son palabras que hoy podemos escuchar de cualquier coach o influencer sin escándalo, pero cuando nos lo plantea el cura del barrio enseguida las ponemos en paréntesis. Nos decimos: “Jesús no quiere que suframos”. Claro que no, pero es necesario que ordenemos nuestros deseos y digamos “sí” a aquello que nos libera, morir a nosotros mismos siempre supone estar dispuestos a asumir la cruz, sin olvidar que este es el camino que Él eligió renunciando también a sí mismo y mostrándonos el verdadero amor.
Como es una cuestión de amor lo que verdaderamente cuenta no son los grandes gestos sino lo pequeño, constante y oculto. No me serviría de nada que mis amigos me prepararan una gran fiesta de cumpleaños si no se acordasen de mí el resto del año. Es en lo cotidiano donde se demuestra el verdadero amor. Hoy en día, tenemos mucho que trabajar en el ámbito de los sentidos haciendo silencio o interiormente dominando nuestros impulsos. El amor es creativo y desde esa perspectiva hasta puede ser un detalle comenzar con puntualidad cualquier tarea que nos propongamos.
Olvidar el camino de la mortificación para crecer en la vida cristiana es como olvidar el camino de la cruz que fue el elegido por Dios para nuestra redención. “Quien quiera seguirme, que se niegue a sí mismo” (Mt 16, 24) son las palabras del mismo Cristo que nos animan a ir en contra de la lógica del mundo. Una lógica que se basa en hacer lo que nos apetece sin privarnos de nada.
Jesús Martín Gómez
Párroco de Vera

