DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO, por Ramón Carlos Rodríguez García

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Lecturas: Is 25, 6-10a. Preparará el Señor un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros. Sal 22. R. Habitaré en la casa del Señor por años sin término. Flp 4, 12-14. 19-20. Todo lo puedo en aquel que me conforta. Mt 22, 1-14. A todos los que encontréis, llamadlos a la boda.

Viene a mi memoria una canción de fácil tarareo que se interesaba sobre “los besos que no damos”. ¿Cuál será el ficticio destino de tan desaprovechada acción? Este domingo la liturgia dominical se compromete con las lágrimas que nadie ve…aquellas que no saben brotar…aquellas que desperdiciadas, no encontrarán morada ni consuelo ¿a dónde irán? ¿cuál será su fatum? El profeta las invita a un festín que el Señor preparará y será Él mismo, no otro, quien podrá serenar su desgraciado discurrir, encontrando en su ROSTRO el alivio de todos los rostros. Por fin podrán ser empapadas en el lienzo de AQUEL que no es indiferente ni impotente ante el dolor de los seres humanos. Todo rezuma abundancia en nuestra celebración. Alegría, fiesta, hermandad y gratuidad son las damas de honor de estos desposorios que es el Reino de Dios.

Nos invitan a este banquete. Nadie es obligado. Hasta aquí todo bien. Ahora todo es inesperado e incomprensible. El evangelista nos sorprende con aquellos que rehúsan asistir. Excusan su presencia al enlace incluso con una violencia desmedida. Su desprecio irrita al anfitrión, pero no suspende el banquete. La invitación adquiere tonalidades enigmáticas. La negativa no detiene el amor de Dios. La fiesta sólo comenzará cuando esté llena la sala. Mientras tanto hay que salir a los “cruces de los caminos” donde adormecen y se desploman los fracasados de la historia. Ellos son los nuevos convidados.  Nadie será llamado por sus méritos sino por la magnanimidad del Señor. La generosidad es el pomo que abre la puerta del singular festejo. Ha costado llenar el recinto. Nos llama la atención que el rey no entre para comer y celebrar sino para “ver” a los comensales. Entonces surge de nuevo lo impensable, se fija en uno de ellos y le interroga sobre su desafortunada indumentaria. Es necesario el outfit de la conversión. No basta ser invitado, no basta ser bautizado o miembro de la comunidad.

Este domingo de nuevo nos convocan a la fiesta de la Eucaristía. Su cuerpo y su sangre son el sublime manjar. Nunca seremos dignos. Procedemos de los “caminos” del evangelio…participemos con el mejor traje que es un corazón sincero (Salmo 50).

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

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