DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO, por Manuel Pozo Oller

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Todavía resuenan en nuestros oídos la llamada de Jesús a los doce apóstoles y su envío misionero proclamado en la liturgia del domingo pasado. En este domingo XII del tiempo ordinario, las enseñanzas de Jesús adquieren la forma literaria de exhortaciones de aliento, confianza y ánimo ante las persecuciones (Mt 10, 26-33). En el contexto que antecede a la lectura que nos ocupa, Jesús ha descrito a sus discípulos un cuadro de violencia y persecución cuya reacción humana lógica es la inseguridad y el miedo.

La exhortación “no tengáis miedo” se repite tres veces en este relato (vv. 26. 28 y 31). El uso del modo imperativo subraya con vehemencia la necesidad de la fortaleza y la valentía para evangelizar en un contexto lleno de dificultades. Es intención del evangelista animar a los discípulos para que no se queden atenazados por los miedos provocados por las dificultades evidentes. Los conflictos de la existencia, en efecto, no deben convertirse en el discípulo en una trampa paralizante porque «nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse» (v. 26). En Jesús, luz del mundo, se revela lo oculto: «lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea» (v.27).

Nuestra vulnerabilidad personal no es dificultad sino ocasión para dar testimonio. Nada hay que temer porque Dios está de nuestra parte. Ni la persecución, ni el juicio ni la condenación, ni el martirio, serán óbice para el anuncio del Evangelio: «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma» (v. 28). El alma para lo semitas significa la totalidad del ser que nadie puede arrebatar. Este concepto no se reduce solo a una parte de la totalidad como opina la mentalidad dualista. De ahí que lo importante para el discípulo no sea, en primer lugar, la vida física, que es frágil, sino el alma, el sentido de la existencia, que se encuentra en plenitud en Dios, bien absoluto.

Emociona contemplar a Dios Padre que cuida la obra de sus manos hasta en los detalles más nimios expresados en este caso en los pájaros y los cabellos de la cabeza. Dios providente está pendiente de los detalles, ¡cuánto más lo hará por nosotros! (cf. Mt 6, 25-34)

Al final del relato se retoma el tema del juicio final empleando una ecuación fácil de entender. Los discípulos que hayan dado testimonio del Resucitado, escucharán el testimonio de Jesús en favor suyo ante el Padre y, al contrario, los que por miedo le hayan negado, él no los reconocerá: «yo también le negaré ante mi Padre del cielo» (vv. 32-33).

Manuel Pozo Oller

Párroco de Montserrat

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