DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO

Diócesis de Almeríahttps://diocesisalmeria.org/
La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

En el pensamiento semítico del ambiente en que vivió Jesucristo, todos los males, físicos y morales, tenían un origen común; el alejamiento de la persona de Dios. Por este motivo, Jesucristo podía curar tanto a los que sufrían enfermedades del alma, endemoniados, como a los que experimentaban la enfermedad del cuerpo, la fiebre de la suegra de Pedro, por ejemplo.

Las curaciones que Jesús realizó son una predicación en acto que proclamaba la misión que Él había venido a realizar a este mundo; sacar al ser humano de la postración en la que se encontraba a causa del pecado y devolverlo a su condición plena de imagen de Dios en el mundo. De una manera muy bella lo expresa el evangelista san Marcos cuando dice: «la cogió de la mano y la levantó». La suegra de Pedro no queda solo curada, sino reestablecida en toda su dignidad.

En nuestro mundo actual y en las circunstancias tan particulares de la situación que estamos viviendo, la preocupación por la salud del cuerpo se ha vuelto una preocupación tal que puede llevarnos a caer en la tentación de convertirse en la única dimensión de nuestra vida que cuidemos. Vivimos una situación de urgencia médica que está causando mucho dolor y sufrimiento. Por ello, debemos extremar las precauciones y cuidados, tal y como nos indican los responsable médicos. Pero es importante que no olvidemos que nuestra vida está constituida por múltiples dimensiones y que no todas ellas son fisiológicas. Es más, se podría decir que el gran armazón que constituye una vida humana plena está constituido por la dimensión espiritual, en el más amplio sentido de la palabra, que es el que nos hace auténticos seres humanos.

En un momento tan especial como el que nos está tocando vivir, se hace especialmente urgente cuidar nuestra amistad con Jesucristo. Solo en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios y en la participación en la eucaristía, podemos experimentar la misma sensación vital que vivió la suegra de Pedro; comprobar que Jesucristo está más cerca de nosotros, porque lo necesitamos más, y que nos tiende su mano para levantarnos de la postración a la que pueden conducirnos los males del pesimismo, la desesperanza, la desilusión, el miedo y la soledad. En estos momentos, no solo debemos ocuparnos de la salud de nuestro cuerpo, que es importantísima, hemos de buscar hacernos fuertes en el espíritu, verdadero esqueleto de nuestra existencia, y eso solo es posible cogiendo la mano que Jesús nos tiende para ponernos nuevamente en pie y que podamos servir a Dios a través de nuestros hermanos.

Victoriano Montoya Villegas

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