DESHACER NUDOS

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Todos vivimos el día a día invirtiendo nuestras energías en la vida familiar y la vida profesional, e insertos en lo cotidiano de sus dimensiones económicas, sociales, políticas, religiosas y también en el tiempo dedicado al descanso y al ocio. Sin embargo, esta normalidad con frecuencia está entremezclada con los conflictos y las dificultades. Así, cuando estos conflictos se enquistan, aparece lo que podemos llamar los nudos de la vida, es decir, aquellas tensiones que crean malestar en la vivencia personal.

Si observamos nuestra vida interior, vemos que hay nudos generados por nosotros mismos. Pueden ser de origen biológico, mental, emocional, relacional o espiritual. Si no se deshacen a tiempo quedan latentes en nuestro interior de manera permanente y nos duelen ante determinadas situaciones. Por eso nos interesa mucho deshacer los nudos personales. El dolor y el bloqueo que producen estos nudos son más intensos cuando están potenciados por el ambiente social en el que vivimos o bien por algunas estructuras del entorno familiar o profesional al que pertenecemos.

Efectivamente, a veces hay tensiones y nudos en el puesto de trabajo que complican nuestra tarea y disminuyen la productividad de nuestro esfuerzo. En cambio, este mismo ambiente profesional mejora cuando hay gente nueva que es capaz de resolver los conflictos ambientales o estructurales. Por tanto, nos conviene aprender a deshacer los nudos personales, ambientales y estructurales. Sin embargo, la pregunta es: ¿cómo hacerlo?

El primer criterio consiste en aprender a no crearlos, es decir, a proponerme no generar tensiones innecesarias y en trabajar para que no duren ni se enquisten si ya se han producido. Se trata de comprometerse a esta tarea preventiva y reparadora que consiste en vivir un proceso permanente de maduración para que nuestro interior permanezca libre de conflictos internos y pueda albergar la capacidad crítica sin dejar de ser luminoso.

El segundo criterio consiste en la tarea de valorar la aportación de aquellas personas de nuestro entorno que nunca generan tensiones y que tienen la capacidad de eliminar las que han creado los demás. Estas personas pacificadoras y sanadoras de conflictos saben, con decidido espíritu crítico, descontaminarse de las intoxicaciones personales, ambientales y estructurales.

El tercer criterio consiste en promover situaciones ambientales y estructurales de denuncia y anuncio proféticos. Como cristianos, no podemos ignorar esta urgencia de la renovación de la sociedad y, para ello, debemos propiciar los valores que emanan del evangelio. Esto, junto a los dos criterios anteriores pueden ayudar a la renovación de un clima social y político sin conflictos, deshaciendo nudos para mejorar la salud personal y comunitaria.

Jesús García Aiz

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