CRISTINA, por Antonio Gómez Cantero

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Enciendo el televisor para ver las últimas noticias sobre los dos trenes descarrilados en Adamuz. No puedo controlar las lágrimas. Cómo la gente se desvivió en ayudar las víctimas. Cómo un adolescente de 16 años empujó a su madre, simplemente para ayudar. No pude parar, no me di cuenta del cansancio, iba y venía sin pensar, decía a la cámara. Otro adulto negaba que fuese un héroe, fui a echar una mano, nada más, no soy un héroe.

Pero se me ha quedado agarrado al corazón una niña de 6 años deambulando por las vías, sola. Su madre, su padre, su hermano y su primo habían fallecido en el accidente. Es desolador. Cristina caminaba sola a la orilla de la catástrofe, buscando unos brazos donde cobijarse, una explicación a lo ocurrido, a su tierna edad. No se me quita esa niña de la cabeza.

Los periodistas, al pie de la noticia, siguen dando vueltas a la tragedia, infografías, datos, especulaciones, análisis, programas especiales, palabras de los expertos, preavisos de ruidos y temblores, testimonios de familiares y amigos, búsquedas sin respuestas, el paso del tiempo hace más difícil la esperanza, días de luto, funerales civiles y de la iglesia, y un vacío intenso y desgarrador en el corazón. Es como una gran noria que mueve lentamente sus engranajes, mientras se queja con sus crujidos. Los afectados se abrazan, esperan noticias con las lágrimas en los ojos o el vacío en la mirada.

Los responsables políticos visitan a los familiares y el lugar del suceso. Palabras de condolencia. No saben qué ha pasado. Todas son incertidumbres. Alguna red social arde repartiendo culpabilidades demasiado pronto, como si eso fuese lo que había que hacer. Hay personas desasosegadas que viven en un sin vivir, despotricando a la primera de cambio. Antes de nada, comienzan los conspiranoicos entrando en una vorágine de sospechas intencionadas.

Menos mal que ante tanta tragedia, ante las 45 personas fallecidas, ante el dolor de sus familias y vecinos hay personas sensatas, comunicadores sensatos, que solo quieren saber que pasó y cuántos se han salvado. Menos mal que todo un pueblo solidario se volcó en ayudar en silencio, sin buscar protagonismos, menos mal que muchos buscaron la paz en la oración, porque ante la desnudez de la muerte sólo nos queda la esperanza, que siempre nos transciende, y la búsqueda de la unidad en el dolor, que no entiende de ideologías.

La madre de Fidel, venía en el tren rezando el rosario, según el testimonio de su hermano, ingresado ya en el hospital. Fidel hablaba maravillas de su madre, mujer de fe, siempre entregada a los demás. Cuando le anunciaron que su madre había fallecido, dijo: cuántas veces podíamos decirnos lo que nos queremos y no lo hacemos. Ánimo y adelante.

+ Antonio Gómez Cantero

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