Cientos de feligreses del casco histórico celebran a San Antón

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

En estos días se celebra en muchos rincones de nuestra diócesis la fiesta de San Antonio Abad, el que es considerado fundador de la vida cenobítica y patrón de los animales domésticos. Muy especialmente es honrado en el casco histórico de nuestra ciudad. Para ello, la parroquia de San Juan trasladó al pasado domingo 15 su celebración. A las 12 se celebraba la Santa Misa en la parroquia de San Juan Evangelista. Posteriormente, a las 13:30 de la tarde se realizaba la tradicional subasta de “rabicos” y la bendición de los animales en la ermita de San Antón.

Su párroco, D. Tomás Cano Rodrigo, expresaba su agradecimiento a todos los presentes: “Este año se ha notado la presencia de mucha más gente. Además, da mucha alegría bendecir y sentir el cariño que tienen a sus animales domésticos”. Como es sabido la memoria litúrgica se celebra el 17 de enero en toda la iglesia católica.

Fundador de la vida monástica

San Antonio nació hacia el 250 en Queman, al sur de Menfis, Egipto. A los 18 años quedó huérfano, con una hermana más pequeña y un rico patrimonio que no le duró mucho tiempo: entrando un día en la Iglesia escuchó esta lectura del Evangelio: «Si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres…». Así lo hizo: vendió todo lo que tenía, dio el dinero a los pobres, confió el cuidado de su hermana a unas vírgenes consagradas y se retiró al desierto para buscar a Dios en la soledad.

Se refugió en una tumba excavada en las montañas, pero su fama de santidad no tardó en propagarse. Acogía a todos con gran espíritu de caridad y, cuando en el 305 decidió abrir su retiro a quienes anhelaban quedarse con él, no tardó en poblarse de eremitas. En el 311, durante la persecución de Maximino Daja en Egipto, san Antonio, con algunos de sus monjes, se dedicó a confortar a los cristianos. Después se retiró al desierto del alto Egipto buscando siempre mayor soledad y penitencia.

Preocupado por la fama que había adquirido sin buscarla, en el 312 quiso huir uniéndose a una caravana de beduinos y adentrándose en el desierto hasta llegar al monte Coltzim. Pero sus discípulos no tardaron en encontrarlo y fueron estableciéndose en las cercanías formando pequeñas comunidades a las que el santo visitaba de vez en cuando. De esta forma tan sencilla y sin buscarlo, nuestro santo dio inicio a lo que más tarde se conocería como “vida cenobítica” o “monástica». La tradición dice que murió entorno al 356.

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