Alcolea inaugura septiembre venerando a Santa Rosa de Viterbo

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Los biógrafos de Santa Rosa afirman que nació en Viterbo (Italia) en 1234, de modesta familia. En una biografía de 1457, llamada Vida II, se cuenta, por ejemplo, que cuando la niña tenía tres años resucitó a una tía materna, transformó unos panes en rosas y que recompuso milagrosamente una jarra de barro que se había roto. También se le atribuye una actividad de predicadora.

En el fragmento de la primera Vida, un documento de la época, sabemos que entre la noche de un jueves (del 1244 o 1250) y la antevíspera de la fiesta de San Nicolás, Rosa tuvo una visión que determinó su entrada a la Tercera Orden franciscana. Primero se le aparecieron almas de difuntos y después la misma Virgen María, quien la invitó a ir donde la superiora local de la Tercera Orden, para vestir el hábito de las Terciarias y acompañarla a visitar tres iglesias, como señal de su consagración a Dios.

Desde ese día comenzó su predicación, o más exactamente las exhortaciones que la joven hacía a sus conciudadanos para que cumplieran la obligación de la penitencia y la fidelidad a Dios y a la Iglesia, cuya unidad estaba turbada por la proliferación de varias herejías y las sangrientas luchas civiles.

No se sabe nada de su muerte, acaecida a la edad de dieciocho años. Su cuerpo fue colocado sin féretro debajo del pavimento de la iglesia de Santa María del Poggio y ahí permaneció dieciocho meses. En el primer reconocimiento fue encontrado intacto y así se conservó durante siglos, y cuando hubo un incendio y se quemó el féretro en donde más tarde se lo había colocado, su cuerpo quedó ennegrecido pero no quemado. Los milagros obtenidos por intercesión de Rosa hicieron que se le concediera el título de santa.

Este pasaje de la historia de la Iglesia es el que ha revivido, durante el pasado fin de semana, la localidad de la Alpujarra almeriense de Alcolea. Unas fiestas que, además del calado cristiano que las impregna, han tenido un color especial por la celebración de la Misa estacional, arropada por el nuevo retablo que preside la iglesia. Una obra costeada íntegramente por los vecinos de la villa, quienes pudieron admirar el tramo final de la recuperación de aquel retablo originario perdido en la Guerra Civil. Y que ahora, tras varios años de esfuerzo y de trabajo, el sueño llega a su fin.

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