Queridos diocesanos: cuando Jesús dijo a sus discípulos: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9,13), les invitaba a poner en sus manos lo que tenían. El Señor haría el resto. Así sigue actuando también hoy. Dios cuenta con nosotros para hacer presente su amor en medio del mundo. Él pone la gracia; nosotros respondemos con nuestra libertad. Y así sigue obrando el milagro.
Lo compruebo cada vez que recorro nuestra diócesis. En pueblos grandes y pequeños encuentro personas que, con sencillez y sin buscar reconocimiento, sostienen la vida de la Iglesia. Quienes preparan la catequesis, visitan a un enfermo, acompañan a una familia en el duelo, abren la iglesia cada mañana para que nunca falte un lugar donde rezar, colaboran en Cáritas o dedican tiempo a escuchar a quien lo necesita. Son gestos discretos, pero hacen visible el Evangelio.
hacerlo. Nuestras iglesias, ermitas, imágenes y obras de arte forman parte de la historia de nuestros pueblos y de la fe de quienes nos precedieron. Cuidarlas es una responsabilidad compartida.
Pero el patrimonio más valioso de la Iglesia sois vosotros. Son las personas. Los niños que conocen a Jesús, los jóvenes que buscan un sentido para su vida, las familias, nuestros mayores, los enfermos, quienes viven solos y cuantos atraviesan momentos difíciles. Todo lo que la Iglesia recibe tiene como finalidad servir a las personas y acompañarlas en su camino de fe.
Gracias a la generosidad de tantos podemos mantener abiertas nuestras parroquias, sostener la presencia cercana de los sacerdotes, celebrar la fe, atender a quienes sufren y ofrecer una palabra de esperanza. Allí donde la Iglesia está presente, contribuye a hacer más humana la vida de todos. Promueve la solidaridad, educa en valores,
Allí donde la Iglesia está presente, contribuye a hacer más humana la vida de todos. Promueve la solidaridad, educa en valores, acompaña a los más vulnerables y anuncia la esperanza que nace de Jesucristo.
Por eso quiero daros las gracias por vuestra oración, vuestro compromiso y vuestra generosidad. Cada uno aporta lo que puede, pero entre todos hacemos posible que la Iglesia siga cumpliendo su misión.
Como nos ha recordado el papa, aportemos «cada uno su obra para la misión común». Os invito a seguir siendo generosos con nuestra Iglesia diocesana. Cristo continúa haciendo grandes cosas con lo poco que cada uno pone en sus manos.
Que el Señor os bendiga por todo el bien que realizáis. Sigamos caminando juntos, con confianza y esperanza. Hoy, como ayer, Dios sigue contando contigo.
Con mi afecto y mi bendición.
† Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix

