Carta del obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, con motivo del Día de la Iglesia Diocesana
Queridos hermanos y hermanas:
El domingo 8 de noviembre celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, una jornada propicia para que los fieles católicos fortalezcamos nuestro sentimiento de pertenencia a la porción del pueblo de Dios que peregrina en Córdoba y para llevar la esperanza que brota de Jesús resucitado a todos aquellos que la necesitan, especialmente a los más desfavorecidos de nuestra sociedad.
Nuestra Diócesis es, ante todo, una familia. Como en toda familia, cada uno de sus miembros está llamado a aportar lo que ha recibido para el bien de todos. Dios cuenta contigo: con tus dones, con tu tiempo, con tu oración y también con tu colaboración material. Nadie sobra y nadie puede quedarse al margen, porque todos formamos el único Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
Ser católicos nos lleva a plantearnos toda nuestra existencia como una vocación. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros y, por eso, nos hemos convertido en discípulos y misioneros al formar parte de la Iglesia. La corresponsabilidad no es solo una cuestión económica, sino una manera de vivir la fe: una fe encarnada que se traduce en gestos concretos de entrega y servicio.
El papa León XIV nos lo recordaba con claridad: «Una fe que no se traduce en el compromiso cotidiano de transformar las realidades diocesanas se convierte en un museo del pasado». No queremos una fe de museo, sino una Iglesia viva, que camina, que se compromete y que sostiene, entre todos, su misión evangelizadora.
El papa Francisco insistía también en que todos, sin excepción, somos discípulos misioneros y estamos llamados a implicarnos en la vida y sostenimiento de nuestras comunidades, cada uno desde su propia realidad y posibilidades. Así, compartir nuestra vida en nuestras parroquias es una opción con múltiples caminos: la oración, el servicio, el tiempo dedicado a los hermanos y, también, la aportación económica que hace posible el culto, la caridad y la formación.
Muchas son las necesidades que existen en nuestro tiempo. Nuestras parroquias necesitan nuestra colaboración. Os pido que recéis por vuestros párrocos y que supliquéis al Señor nuevas vocaciones sacerdotales.
Agradezcamos a Dios el habernos llamado a formar parte de la Iglesia que peregrina en Córdoba, viva gracias a la contribución de todos. Gracias, queridos diocesanos, por sentir la Diócesis como vuestra y por comprometeros como miembros activos y corresponsables de ella.
Que Dios os bendiga. Contad con mi afecto y oración.
+Jesús Fernández González
Obispo de Córdoba

