
La Mesa Diocesana de Ayuda al Migrante celebró en los salones de la Parroquia del Perpetuo Socorro de Jerez la mesa-coloquio «La acogida», un encuentro que permitió conocer de cerca la realidad de las personas migrantes y la labor de acogida y acompañamiento que desarrollan distintas entidades.
Entre los participantes se encontraba Manuel de la Torre, director de la Fundación Don Bosco, quien, con motivo de esta jornada, reflexiona sobre el desconocimiento que todavía existe en torno al trabajo con las personas migrantes, la importancia del acompañamiento para su integración y el papel que también está llamada a desempeñar la Iglesia ante esta realidad.
Centrándonos en la mesa-coloquio sobre el acompañamiento y la acogida a personas migrantes, ¿se conoce toda la labor que se realiza
No. La intervención con personas migrantes es una de las grandes desconocidas de nuestra sociedad.
La desinformación, la falta de visibilidad del colectivo y de las entidades, así como la realidad de las políticas sociales y aquello en lo que repercuten, no están presentes en el día a día de las personas de nuestro entorno.
Incluso dentro de la propia Iglesia es fácil encontrar mensajes erróneos, guiados por la desinformación y el desconocimiento.
Creo que, como Iglesia, Diócesis y entidad, uno de nuestros grandes objetivos es humanizar a las personas migrantes y poner en valor lo que hacemos, como un valor añadido a la labor pastoral y social de la Iglesia.
Todavía hay gente que se asombra del acercamiento de León XIV hacia las personas migrantes, hacia su realidad y hacia el día a día de las entidades sociales durante su reciente visita a España.
¿Qué supone para la vida de la persona migrante ese acompañamiento y esa acogida
Supone dignificar a la persona, reconocer sus derechos como ser humano y generar en ella un sentimiento de pertenencia a la sociedad de acogida.
La integración sin el acompañamiento a las personas es casi imposible. Son muchos los hándicaps y las trabas a las que se enfrentan, y el acompañamiento es una de las llaves para poder superarlos.
Cuando veis que la persona acogida hace su vida aquí, con su trabajo, etc., ¿qué sentís?
En primer lugar, una gran alegría. Es el impulso necesario para continuar, la satisfacción de haber cumplido con una obligación, pero, a la vez, parte de una ilusión cumplida.
Acompañar a las personas en la consecución de sus objetivos es reflejo de coherencia cristiana y de sentirse parte del amor fraterno de Dios.
Por último, un mensaje para todo el que nos pueda escuchar sobre la importancia de acompañar y acoger a las personas migrantes.
Construyamos puentes, no muros. Acompañar puede ser el faro que guíe a las personas que han dejado todo atrás para empezar un nuevo proyecto de vida.
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