«Uno en Cristo, unidos en la misión»

Queridos hermanos y hermanas:

Con motivo del centenario de la institución del Domund por Pío XI y tras el Año Jubilar de la Esperanza, el Papa León XIV invita a la Iglesia a continuar con alegría y celo el camino misionero, desde la unidad, la corresponsabilidad y el amor. Su mensaje culmina con una oración que hago extensiva a toda la Diócesis:

«Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura. Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.»

En primer lugar, esta oración nos llama a la unidad: «Padre santo, concédenos ser uno en Cristo». No se trata solo de un esfuerzo humano, sino de permanecer unidos a Cristo como los sarmientos a la vid (cf. Jn 15,4). De esa unión nace la comunión entre los creyentes y toda fecundidad misionera. Vivir «arraigados en su amor que une y renueva» significa acoger un amor que derriba muros, reconcilia, reconoce la dignidad de cada persona y convierte las diferencias en dones. Es un amor capaz de transformar el corazón y hacer visible ante el mundo la fraternidad que brota de Dios.

En segundo lugar, nos anima a la corresponsabilidad: «Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión». Todos estamos llamados a evangelizar, poniendo nuestros talentos al servicio de un mismo propósito. Unidad no significa uniformidad: el Espíritu Santo reúne y potencia la diversidad de carismas y vocaciones. Por eso necesitamos vivir «dóciles al Espíritu Santo», abiertos a su acción y dispuestos a dejarnos transformar en personas compasivas y misericordiosas, dando frutos de amor, alegría, paz, paciencia, bondad y mansedumbre (cf. Gál 5,22).

Esta corresponsabilidad exige también ser «valientes en dar testimonio del Evangelio»: vivir la fe con coherencia en nuestras acciones, decisiones y relaciones; anunciar a Jesucristo en la familia, la comunidad y la sociedad; y asumir personalmente el crecimiento de nuestra vida cristiana. Una Iglesia unida, sin divisiones ni polarizaciones, hace más creíble su testimonio.

En tercer lugar, la misión es misión de amor: «anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura». Evangelizar es anunciar con la palabra y, al mismo tiempo, hacer tangible el amor de Dios mediante el servicio al prójimo, el respeto a toda persona y el cuidado de la creación. Es una misión universal, abierta a todos sin distinción.

Pidamos al Señor que haga de nuestra Diócesis una comunidad cada vez más unida en Cristo, corresponsable en la misión y abierta a todos, especialmente a quienes más necesitan experimentar la ternura y la misericordia de Dios. Que María, Estrella de la Evangelización, acompañe nuestros pasos y nos enseñe a responder con generosidad a la llamada del Señor.

Con estos deseos, encomiendo a todos los misioneros y misioneras, y a cuantos colaboráis con la misión de la Iglesia, a la protección del Señor.

+ Jesús, Obispo de Córdoba

 

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