“Dios nos ha llamado a ser cooperadores”

Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía de inicio de curso del Instituto Lumen Gentium y la Facultad de Teología de Granada, el 23 de septiembre de 2026, en la S.A.I Catedral.

Queridos hermanos en el episcopado,

Don Antonio,

Don Francisco Jesús,

Don Sebastián,

Querido señor Rector de la Universidad Loyola,

Querido representante del Ayuntamiento de Granada,

Queridos profesores, alumnos y, por supuesto, sacerdotes y todos los consagrados pertenecientes a la vida consagrada que estáis presente aquí en esta celebración,

Queridos hermanos y hermanas en el Señor,

Queridos todos,

Me toca hablaros en este marco de la apertura de curso de una universidad, una universidad Católica, una universidad que sigue en el fondo… Y quiero aprovechar ya de salida mi agradecimiento a la Compañía de Jesús, a través de su provincial, de todos sus servicios, no solo a la diócesis de Granada, sino la provincia Eclesiástica de Granada, a las diócesis que forman parte de esta comunidad eclesial, por este servicio impagable. Mi agradecimiento también a los responsables de los institutos teológicos de las diócesis que conforman nuestra provincia eclesiástica y de sus seminarios. Por la formación de los sacerdotes, por la formación de laicos en las ciencias teológicas.

¿Y qué puedo deciros? Y no se me ocurría otra cosa que tomar algunas ideas de la Exhortación apostólica del Papa León XIV sobre la inteligencia artificial. ¿Qué puede decirnos un obispo sobre la inteligencia artificial? Pues pocas cosas, pero yo creo que importantes y copiadas del Papa.

La inteligencia artificial, queridos, y esto no es del Papa, se ha cargado el Plan Bolonia, queridos amigos de la universidad. La inteligencia artificial, en el argot de los alumnos es copiar fácilmente y tener facilidad para hacer trabajos. Con lo cual, los FTS como tiempo de medida de la adquisición de competencias se van de paseo. Porque lo que antes se tardaba 35 horas, ahora se tarda 15 minutos, si se sabe escribir bien y manejar la inteligencia artificial, sea de pago o sea gratis. Difícil que no basta como para alejar los males de Internet con los filtros, no basta con los rastreos.

Con lo cual, el contrato implícito entre la universidad y el alumno, entre el docente… Entre el maestro, debiera ser, y el discípulo, queda roto porque ya no se puede garantizar unas competencias, que es el objetivo de Bolonia. Todavía en el paradigma de la sociedad de la información y no el de las nuevas tecnologías en las que estamos. Y no en las nuevas tecnologías y en el paradigma tecnocrático de los algoritmos que estamos.

Puede parecer que os digo cosas raras, pero lógicamente, la forma de enseñar, una vez más en la historia de la transmisión de los saberes, al fin y al cabo es la información. Mi amigo Javier es experto, es colega mío desde hace muchos años en las ciencias de la información… Queda transformada la manera de entender la transmisión de saberes, la manera de transmitir.

¿Qué tiene eso que ver con una celebración de la Misa del Espíritu Santo? Mucho, queridos amigos, Cristo es la Palabra. Cristo es la sabiduría de Dios. Eliot decía, ¿dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información? Habría que añadir ¿dónde está la información que hemos perdido con los algoritmos?

Y todo esto cambia a las personas, salen nuevas generaciones. No basta con certificar con sospecha de un examen escrito, unas competencias, con la que dar un título habilitante para conseguir un puesto en el mercado de trabajo, que se convierte en el objetivo de presencia en la sociedad y normalmente desvinculado de la Universitas de Saberes. El Papa nos ha invitado, ante este nuevo escenario que nos encontramos, a que demos una respuesta cristiana.

Y ahí es donde quería llevaros, queridos teólogos, no solo a mirar al pasado. Claro que sí. Y sobre todo al mandato misional de Cristo en el final del Evangelio, que nos dice “Id y enseñad”. Y es la palabra fundante de toda la labor educativa en la historia de la Iglesia que encabeza la Universidad Católica, la Universidad Cristiana. Transmitir. Y transmitir, nos ha dicho el Evangelio, de lo que Jesús nos ha enseñado, es lo que nos da el Espíritu.

Os dará de lo mío… Y en definitiva, ahí se cumple la misión de la Universidad Católica, esencialmente. Transmitir la imagen del Verbo. El Verbo encarnado nos dice, en el número 22 de la Gaudium et spes, le dice al hombre lo que debe ser el hombre. San Juan Pablo II nos decía que el hombre es el camino de la Iglesia. Por eso, en esta encrucijada de cambio de época y con el reto de la inteligencia artificial, que afecta a escenarios fundamentales de la vida humana, personal y colectiva, tiene que haber una reflexión teológica. No podemos estar haciendo una teología histórica, sino que hay que dar desde el conocimiento profundo de una universidad de saberes. Que aporta, y para eso está la Facultad de Teología en una universidad, no para tener un amparo administrativo con el que defenderse frente a sospechas totalitarias. Sino para recibir y aportar. Para recibir lo que otras ciencias, queridos profesores, queridos alumnos, pueden aportar. Y al mismo tiempo, para transmitir, después de ese saber recibido. Pasado por la iluminación de la Palabra de Dios y de la tradición de la Iglesia. Discernido, juzgado y llevado a la práctica con la enseñanza del Evangelio actualizada al tiempo en el que vivimos. Y sobre todo en ese recorrido, como nos invita el Papa, a salvar al hombre, salvar la imagen integral del hombre que ha traído Jesucristo, que nos lleva, que es la vocación suprema del hombre.

Esto es lo que yo quería deciros, queridos amigos, hoy sencillamente. El Papa toma pie de la doctrina social de la Iglesia, que ya no es como en el siglo XIX con León XIII. Ya no son… Aquellas respuestas en el siglo XX. Hoy tiene que dar una respuesta actualizada a los problemas de los hombres y mujeres de hoy y del mañana, siguiendo una continuidad.

Pero esta doctrina social está viva, basada en el principio de la caridad cristiana llamada solidaridad. En el principio del bien común, que va más allá de lo que los políticos nos dicen con el interés general. Que va más allá de unas intervenciones puramente fácticas, sino que exige un pensamiento humano propio.

Queridos amigos, estamos ante un mundo difícil, de inteligencia artificial facilitadora, pero exige un complemento ético de reflexión. No simplemente el manual de uso, sino algo más. Exige una reflexión humana y una reflexión cristiana para que salve al hombre. Y salve al hombre en el concepto de la verdad… Enmascarada.

¿Cuántas cosas ya tenemos que asegurarnos? Desde la propia imagen al propio relato. De que es verdad, de que no ha sido creado artificialmente. La verdad. Y sin verdad no se construye la vida personal ni la vida social. Porque no se pueden tomar decisiones apropiadas que nos lleven al ejercicio de la libertad, que es otra de las instituciones de los hechos humanos fundamentales afectados.

Cuando esa misma inteligencia artificial desvinculada del hombre y de la ética, produce dependencias en muchas escalas. Esa misma libertad queda comprometida cuando se constituye en elemento último de decisión que anula al hombre. En espacios como la guerra, el armamento, esa misma libertad queda dañada y esa misma verdad, cuando las nuevas tecnologías producen polarizaciones sociales, de enfrentamientos de unos o de otros.

No estoy describiendo un clima apocalíptico, queridos hermanos. Sino una llamada a la aportación de la teología y a la aportación de algo más allá de cómo evitar desde la reflexión, que los alumnos copien o tengan un trabajo más fácil en el trabajo final de curso. La reflexión de la Universidad va más allá y una universidad de teología con teología, con derecho, va más allá.

No quiero meter miedo, sino esa responsabilidad que un Papa empiece precisamente su pontificado con una encíclica, que es la inicial, que siempre es programática. Este Papa nos habla de inteligencia artificial y nos invita a construir la civilización del amor. Nos invita a salvar al hombre. Nos invita también a salvar el trabajo como realidad y que no puede ser usurpado por las máquinas.

Porque produce entonces lo que el Papa Francisco llamaba esas exclusiones, esas brechas. Queridos amigos, la universidad no es un negocio. La Universidad Católica es una apuesta evangelizadora de primer orden y es una apuesta metida en la sociedad para iluminarla. Y yo, queridos amigos profesores, querida Compañía de Jesús, queridos responsables de la Universidad, queridos rectores, en este caso también formáis de manera especial a pastores. Pastores que tienen que iluminar, pastores que tienen que jugar, pastores que tienen que usar esos medios con un uso responsable y ético para facilitar el trabajo.

Porque miramos con la mirada de Cristo positiva, alegre, la creación a la que Dios nos ha llamado a ser cooperadores. Queridos amigos, este es el reto. Vamos a pedirle al Señor que se formen pastores de verdad, personas consagradas, anunciadores. Para que la verdad, Cristo en definitiva, que es el amor… Que nos ha mostrado su amor.

Que María, asiento de la sabiduría, vuelva del revés, esa escalada que nos ponía Eliot y pasemos de los algoritmos a la información, de la información al conocimiento, del conocimiento a la sabiduría, que es el mismo Dios.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

23 de septiembre de 2026
Monasterio de la Cartuja

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