Abrir caminos de libertad

El día 24 de septiembre celebramos la memoria de Nuestra Señora de la Merced, patrona de las personas privadas de libertad y de las Instituciones Penitenciarias. Es una advocación profundamente arraigada en la historia de la Iglesia y que conserva hoy toda su actualidad. Nos recuerda que el Evangelio de Jesucristo es siempre anuncio de libertad, misericordia y esperanza, especialmente allí donde la vida humana experimenta el peso de las cadenas, sean estas visibles o invisibles.

Al comienzo de su vida pública, Jesús hizo suyas las palabras del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad» (Lc 4,18). Y en el Evangelio del juicio final se identifica de forma inequívoca con quienes están presos: «Estuve en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,36). Estas palabras no constituyen una simple recomendación asistencial. Pertenecen al corazón mismo del Evangelio. La Iglesia está llamada a reconocer en cada persona privada de libertad a un hermano cuya dignidad no desaparece por los errores cometidos.

El papa León XIV lo expresó con singular claridad durante su visita al Centro Penitenciario Brians 1, en la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el pasado mes de junio: «Todo ser humano es “digno” por el mero hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios» (Saludo, n. 1, 10 de junio de 2026). Y añadió unas palabras que deberían permanecer grabadas en nuestra memoria: «Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona» y «el pasado no condena el futuro». Ahí se encuentra una de las claves fundamentales de la pastoral penitenciaria: creer que la persona puede cambiar. La justicia es necesaria; también lo son la responsabilidad por el daño causado, el arrepentimiento y, cuando sea posible, la reparación. Pero la justicia verdaderamente humana nunca debe clausurar definitivamente el futuro.

Desde esta convicción desarrolla su tarea la Pastoral Penitenciaria de nuestra Archidiócesis de Sevilla. Delegación, sacerdotes, diáconos y voluntarios hacen presente a la Iglesia en nuestros centros penitenciarios mediante una atención integral que comprende las dimensiones religiosa, social y jurídica. Celebran la Eucaristía, administran los sacramentos, ofrecen catequesis y formación cristiana, acompañan personalmente a los internos, ayudan a sus familias, atienden necesidades materiales, colaboran en procesos formativos y procuran preparar caminos de reinserción cuando llega el momento de recuperar la libertad.

Quiero agradecer especialmente el servicio de este numeroso grupo de hombres y mujeres que, con discreción y perseverancia, entran en las cárceles llevando tiempo, escucha, cercanía y esperanza. Muchas veces el primer paso hacia una vida nueva comienza cuando alguien descubre que todavía existe una persona que confía en él. Deseo también expresar mi reconocimiento a los directivos, funcionarios, profesionales y trabajadores de Instituciones Penitenciarias. Su tarea es compleja y no pocas veces difícil. La colaboración respetuosa entre las instituciones públicas y la Iglesia permite trabajar juntos por un objetivo que pertenece al bien común: custodiar la justicia y, al mismo tiempo, favorecer la recuperación y reinserción de la persona.

La comunidad cristiana tampoco puede permanecer al margen. La reinserción comienza dentro del centro penitenciario, pero se juega muchas veces fuera de ella. Quien recupera la libertad necesita oportunidades, acogida, trabajo, relaciones sanas y comunidades que no lo condenen permanentemente a su pasado. León XIV lo ha recordado también en la exhortación apostólica Dilexi te, al dedicar expresamente su atención a las personas privadas de libertad y señalar que la libertad cristiana «se manifiesta en la historia como amor que cuida y libera de todas las ataduras» (n. 62).

Pidamos a Nuestra Señora de la Merced que proteja a quienes viven privados de libertad, sostenga a sus familias, consuele a las víctimas del delito y fortalezca a cuantos trabajan en el ámbito penitenciario. Que ella nos enseñe a mirar como mira Dios: sin negar el pecado, pero sin identificar jamás definitivamente al pecador con su pecado. Porque el Señor continúa ofreciendo a cada ser humano la posibilidad de comenzar de nuevo. Como recordó el papa León XIV a los internos de Brians 1: «¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!».

 

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo Metropolitano de Sevilla

Contenido relacionado

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.