Nadie puede seguir al Señor si antes no aprende a creer. Con esta premisa ha comenzado el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, su predicación en la tercera jornada de la novena a la patrona de Sevilla, la Virgen de los Reyes, que se desarrolla desde el pasado día 6 en el altar del Jubileo de la Catedral, y que ha concelebrado, entre otros, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz.
En su homilía, el prelado panameño ha puesto de manifiesto la cantidad de personas que llegan al Señor con el corazón cargado de preocupaciones –“Todos, de una manera u otra, llegamos a Dios llevando alguna súplica escondida en el corazón”- y, tomando como referencia el pasaje del Evangelio en el que Jesús revela a sus discípulos que basta tener fe “como un grano de mostaza”, ha subrayado que “Dios no necesita una fe espectacular para realizar sus obras. Le basta -ha añadido- un corazón que se abra a su gracia“.
Ha señalado que no es tan importante cuánta fe se tenga como “dónde la hemos puesto”, ya que “la fuerza de la fe no depende de nosotros; depende de Dios”. En este punto ha recordado la necesidad de alimentar la fe (con la oración, la Palabra de Dios y los sacramentos) para evitar que se apague poco a poco, y ha puesto el ejemplo de María, “cuya vida estuvo sostenida únicamente por la fe”. “La verdadera grandeza de María está en haber confiado plenamente en Dios”, ha añadido.
“Aprender a confiar de rodillas”
A continuación, se ha dirigido a la asamblea, que ha llenado nuevamente la nave del Crucero del templo metropolitano, para subrayar cuánto le impresiona “la fe sencilla del pueblo sevillano”. Tras advertir que los tiempos han cambiado y las generaciones se han sucedido, ha afirmado que “permanece inalterable la confianza de un pueblo que sigue acudiendo a María con el corazón de un hijo”. Una confianza que se traduce en “una fe humilde y silenciosa que, sin pretender explicar los grandes misterios de la teología, ha fortalecido familias, alentado vocaciones y sostenido la esperanza de tantas personas”. Monseñor Ulloa lo ha explicado acudiendo a “una sabiduría que no se aprende en los libros, sino en la escuela de la oración y de la confianza absoluta en Dios”. El predicador hablaba, en definitiva, de “una sabiduría que solo posee quien ha aprendido a confiar de rodillas”.
En la parte final de su homilía ha vuelto su mirada a los primeros evangelizadores que un día dejaron Sevilla para anunciar el Evangelio en tierras americanas, y ha valorado la importancia de algo que llevaban en sus viajes y que no se contabiliza con criterios mundanos: “Llevaban algo infinitamente más grande que cualquier riqueza: Una fe profunda en Jesucristo”, ha recordado. A imagen de la semilla de la mostaza a la que aludió al inicio de su homilía, “aquella pequeña semilla fue creciendo con el paso de los siglos hasta dar fruto en pueblos enteros”, ha aseverado, antes de afirmar que “la Iglesia que peregrina en Panamá somos parte de esa cosecha”.
Antes de concluir, ha animado a los presentes a que fortalezcan su fe y sigan confiando en el Señor, que “nunca rechazó una fe humilde”. “Basta abrir una pequeña rendija para que Él haga el resto”, ha añadido.
Representación rociera
Como en jornadas anteriores, al término de la novena se ha destacado la participación de diversas realidades diocesanas. En el caso de hoy sábado, esta ha tenido un marcado carácter rociero, con la presencia de representaciones de las hermandades filiales de Pilas y Sevilla Sur, que este año han celebrado sendos aniversarios. 40 años de la fundación de la corporación de Sevilla Sur y el 375º aniversario de la primitiva estampa del Simpecado de Pilas (datada en 1650). El canónigo Manuel Soria fue el encargado de entregar a las representaciones rocieras sendos recuerdos de la novena.
GALERÍA fotográfica de la novena
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