La Catedral de Sevilla ha acogido este viernes el segundo día de la novena en honor a Nuestra Señora de los Reyes, Patrona de Sevilla y su Archidiócesis. La celebración vespertina fue presidida por el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A. y concelebrada por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses.
Mons. Ulloa centró su reflexión en el seguimiento de Jesucristo bajo el lema «Seguir a Cristo: el camino de la esperanza».
Partiendo del Evangelio de san Mateo —«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga» (Mt 16,24)—, el arzobispo panameño explicó que la experiencia de la fe no puede quedarse únicamente en la contemplación del Señor, sino que debe traducirse en una respuesta concreta de seguimiento.
«No basta contemplar a Cristo; es necesario decidirse a seguirlo. La contemplación siempre nos pone en camino, la luz recibida se convierte en misión y el amor, cuando es verdadero, termina haciéndose entrega», afirmó.
La cruz, consecuencia del amor
Durante su homilía, monseñor Ulloa quiso despejar una visión equivocada del sufrimiento cristiano. Recordó que Jesús no invita a buscar la cruz por sí misma, sino a amar como Él amó. En este sentido dijo que «la cruz no es el punto de partida del discípulo; la cruz es la consecuencia de haber decidido seguir a Cristo y amar como Él amó. No buscamos la cruz por sí misma. Buscamos amar», señaló.
A partir de esa idea, puso ejemplos cotidianos de quienes cargan con su cruz por amor: padres que se entregan por sus hijos, personas que cuidan a familiares enfermos, sacerdotes que sirven a sus comunidades o jóvenes que permanecen fieles al Evangelio en medio de un ambiente contrario a la fe. «El amor verdadero siempre cuesta, pero también es la fuente de las alegrías más profundas», subrayó.
María, la primera discípula
La figura de la Virgen ocupó un lugar central en la predicación. Si el primer día de la novena la presentó como la Madre que conduce hacia Cristo, en esta segunda jornada la mostró como la discípula que nunca dejó de seguir a su Hijo.
«Toda la vida de María fue un seguimiento. Lo siguió en Nazaret, en Belén, en Egipto, en los caminos de Galilea y permaneció junto a Él hasta el Calvario, cuando casi todos habían huido», recordó. Por ello, destacó que la grandeza de la Virgen de los Reyes no reside únicamente en los honores que recibe, sino en su fidelidad constante al Señor.
«María es grande porque escuchó la Palabra, creyó, sirvió y permaneció fiel hasta el final. Y precisamente porque siguió siempre a su Hijo puede enseñarnos hoy a seguirlo también nosotros», afirmó.
Una llamada para la Sevilla que se prepara para su Patrona
El arzobispo de Panamá relacionó el mensaje evangélico con la inminente celebración de la solemnidad de la Asunción y la salida procesional de la Virgen de los Reyes. «Antes de que Sevilla siga a la Virgen por sus calles, conviene recordar que la Virgen pasó toda su vida siguiendo a Cristo. Esa es la fuente de toda su grandeza», expresó.
Añadió que la profunda devoción del pueblo sevillano hacia su Patrona ha ayudado durante generaciones a muchas personas a afrontar las dificultades con esperanza y fidelidad. «La devoción a Nuestra Señora de los Reyes no nos aparta de las exigencias de la vida; nos enseña a vivirlas con fe y esperanza», aseguró.
Sevilla y Panamá, unidas por la evangelización
Al final de su homilía, monseñor Ulloa evocó el vínculo histórico entre Sevilla y Panamá, recordando a los primeros evangelizadores que partieron desde la capital hispalense hacia América. «Gracias a su fidelidad, la fe llegó hasta nuestra tierra panameña. Nosotros somos fruto de personas que comprendieron que seguir a Cristo valía más que cualquier seguridad humana», manifestó.
Caminar detrás de Cristo
Antes de concluir la celebración, el arzobispo dirigió unas palabras de aliento a quienes atraviesan momentos de dificultad, recordando que Cristo no promete una vida sin sufrimiento, sino su presencia constante. «Quizá hoy Jesús no responda completamente a la pregunta del porqué del sufrimiento, pero sí nos dirige una invitación que puede cambiar nuestra vida: «Ven detrás de mí». No siempre hace desaparecer la cruz, pero promete acompañarnos», afirmó.
Finalmente, invitó a pedir a la Virgen de los Reyes la gracia de permanecer siempre fieles al Señor. «No que desaparezcan todas nuestras cruces, sino que nunca dejemos de seguir a su Hijo», concluyó.
La homilía terminó con una invitación que sintetizó el mensaje de la segunda jornada de la novena: «Quien sigue a Cristo de la mano de María descubre que ninguna cruz vivida por amor puede apagar la esperanza».
Presencia de realidades diocesanas durante la novena
Este viernes 7 de agosto, los invitados especiales a la novena fueron los Salesianos Cooperadores..
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