El lunes 6 de julio, las hermanas carmelitas del Monasterio de San José, en calle Don Rodrigo, ponían rumbo a otros monasterios. Un Monasterio que, durante siglos, ha acogido a cuantas personas llamaban a su torno buscando una palabra de aliento. Con la misma acogida y sencillez se han marchado. Pocos días antes, compartían el rezo de vísperas y la presentación de un pequeño libro homenaje del sacerdote Alfonso Crespo «con motivo del III Centenario de san Juan de la Cruz y para dar las gracias a sus hijas que nos han acompañado durante seis siglos».
«Estamos celebrando un Año Jubilar con motivo del III centenario de la canonización de san Juan de la Cruz. Es un momento para agradecer a este gran místico todo lo que ha aportado a nuestra Iglesia», afirmaba Alfonso, «y entre sus aportaciones, nos ha dejado la fundación o reafirmación de conventos, siguiendo la estela de santa Teresa. Uno de dichos conventos es el de las Carmelitas Descalzas situado en calle Don Rodrigo, en Málaga, cuya fundación está vinculada a san Juan de la Cruz hace seis siglos».
Las hermanas de este convento acaban de trasladarse a otros y es que, «santa Teresa que era muy sabia, hubiese sido hoy una CEO de primera categoría, dejó muy bien escrito que, cuando un convento llegaba a un número determinado de religiosas, si no había nuevas vocaciones, se trasladaran a otro convento. Es por ello que, nuestras queridas monjas de calle Don Rodrigo se han trasladado a otro convento. Creo que es necesario agradecer todo lo que nos han aportado y, como un pequeño homenaje, pensé en comentar algunas poesías de san Juan de la Cruz, recordando así el III Centenario del Santo y para dar las gracias a sus hijas que nos han acompañado durante seis siglos».
“La música callada, la soledad sonora… ¡cuán delicadamente me enamoras!” es el título del comentario, en forma de librito, que el sacerdote Alfonso Crespo presentó en el Monasterio de San José el jueves 25 de junio, tras el rezo de las vísperas a las 7 de la tarde.
Un acto sencillo porque «el homenaje a la vida religiosa no necesita espectáculo. Se trataba de rezar juntos las vísperas y presentar después uno de los poemas de san Juan de la Cruz, “La noche oscura”, para hacer, desde él, una interpretación de lo que es el tránsito de dejar un monasterio e ir a otro. Se trataba de compartir un tiempo de oración y la despedida a una familia querida que se traslada de casa».
Mucho que agradecer a los monasterios de clausura en la Iglesia de Málaga. En palabras de Alfonso, «son presencia desde la ausencia. Es como decir, “tengo una protección que no me agobia, que no me invade, que no me atosiga con WhatsApp o con mensajes. Es la soledad, la música callada, el estar en segundo plano de alguien que reza por mí. La vida religiosa nos aporta la serenidad de valorar los momentos de oración bien programados, una oración que no mira hacia adentro, sino que se convierte también en petición para los de fuera. Nuestro pueblo, que es muy sabio, cuando tiene un agobio, muchas veces va a los conventos de clausura a pedir ayuda. En el fondo, recurrimos a lugares donde sabemos que somos acogidos y que su oración puede ayudar a nuestra vida, nuestras preocupaciones y a nuestras necesidades. Aporta, por tanto, esa oración continua por nosotros y aporta también el testimonio de una vida discreta y una vida fiel, entregada al amor que han descubierto y que es el amor de sus amores, el Señor».
El poema “Noche oscura” «es el poema menos comprendido de san Juan de la Cruz. Cuando tuve que estudiarlo, en mis años de estudio en Roma, me di cuenta de que era el poema más comentado, desde la psicología y desde la psiquiatría, pero también el menos comprendido. La noche oscura pensamos que es el momento en que se apagan todas las luces, pero ese poema nos invita a que miremos hacia adentro y descubramos que las crisis de la vida, las situaciones de la vida, pueden convertirse en una noche luminosa. Como dice san Juan de la Cruz, más clara que la alborada, porque toda noche es una purificación, un superar crisis y dificultades para llegar a una etapa, a un estado más alto de un objetivo fundamental, que es mi encuentro con el Señor. De tal manera que podríamos decir que, sin estas noches, yo no me encuentro con el Señor. Porque he vivido la noche, después puedo gozar la claridad que es el Señor».
Encarni Llamas

