En 2001, al amparo de la creatividad de los seminaristas y formadores del momento, nació en la diócesis el Campo de Trabajo Lázaro (CTL), una experiencia de voluntariado para jóvenes organizada por la Delegación de Juventud, Cáritas Diocesana y Pastoral Vocacional. Este verano se celebra del 12 al 19 de julio bajo el lema “Sed chispa de una humanidad nueva”.
Raúl Leal es el coordinador de Juventud para el CTL y explica que, para elegir el lema de este año, «estábamos esperando que nuestro papa León XIV nos dejara alguna palabra fundante durante la vigilia en Madrid, a la que peregrinamos. Al equipo de Juventud nos marcó especialmente esta frase: «En cambio, cuando la vida no sabe a nada, es como si nos fuera arrebatada: ya no la sentimos nuestra. Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva. La elegimos como lema porque expresa muy bien lo que queremos vivir en el CTL. Además, este año gira en torno al Camino de Emaús. Los discípulos caminaban desanimados, sin comprender lo que habían vivido, pero el encuentro con Cristo les devolvió la esperanza y les hizo volver transformados para anunciar lo que habían visto».
Y eso es, precisamente, lo que deseamos para los jóvenes que participan: «que, en el encuentro con Cristo, presente en el necesitado, su corazón vuelva a arder y descubran que están llamados a ser “chispa de una humanidad nueva”. No se trata solo de realizar un servicio durante unos días, sino de dejarse encontrar por el Señor en el camino y regresar renovados, con el deseo de llevar esa esperanza a los demás y comprometerse en el proyecto de voluntariado joven».
Pueden participar jóvenes de entre 16 a 35 años que tengan alguna experiencia de fe en su grupo, comunidad, movimiento, cofradía… sólo necesitan que su sacerdote, catequista y/o responsable les escriba una carta de recomendación y soliciten a juventud@diocesismalaga.es su participación en el CTL.
Alfonso Clavero, técnico del programa de voluntariado joven y coordinador desde Cáritas del CTL explica que «para Cáritas Diocesana, acercar a los jóvenes a la realidad social de nuestra diócesis supone una valiosa oportunidad. Conocer y colaborar en primera persona en los centros, proyectos y servicios que la Iglesia de Málaga desarrolla en favor de las personas más vulnerables les permite descubrir el compromiso concreto del Evangelio con quienes sufren dificultad, exclusión o soledad.
A lo largo de estos años hemos comprobado cómo esta experiencia favorece una mirada solidaria, fortalece la sensibilidad social y ayuda a entender que la fe se expresa en el servicio, la acogida y la promoción de la dignidad de cada persona, iguales ante los ojos de Dios pese a las distintas situaciones de vida».
Es por esta combinación de encuentro con el Señor y con los hermanos necesitados que el responsable de Pastoral Vocacional, Juan Baena afirma que «el Campo de Trabajo Lázaro ofrece a los jóvenes una experiencia de fe muy completa. Combina dos dimensiones que son esenciales en la vida cristiana: el encuentro con el Señor y el encuentro con los hermanos necesitados. Ambos encuentros se iluminan mutuamente, creando las condiciones óptimas para que la voz de Dios resuene en nuestro interior. Por eso el CTL es una ocasión estupenda para despertar la pregunta por la propia vocación: «Ante la realidad del mundo que descubro estos días, ¿cómo me sitúo? ¿Qué quiere Dios de mí?». En el marco de la convivencia con otros jóvenes y ayudados por el acompañamiento de los monitores, los jóvenes pueden ir buscando la respuesta a esa pregunta, que nos conduce a la vida plena que Dios sueña para cada uno».
Huellas y testimonios
Una iniciativa que deja huella en los jóvenes porque «todo es gracia», afirma con rotundidad Raúl. «El Señor siempre nos “primerea” y tiene ganas de hacerse el encontradizo y los jóvenes que vienen al CTL son jóvenes que buscan. Y si buscas al Señor siempre vas a acabar encontrándolo y ese encuentro transforma la vida, la hace más plena, más libre y más feliz».
Raúl conoció la experiencia «cuando aún se hacía la edición de Navidad. Fui con otros jóvenes de mi parroquia de la Victoria y con algunos de mi grupo que me animaron a ir, y me tocó como lugar social los pisos para mayores de Tomás de Cózar y el barrio de los Asperones. Fue una experiencia muy fundante».
Es por eso que Raúl siempre dice «que hay que hacer de nuestra vida un CTL. Gracias al Señor, a través de esta experiencia he podido orientar mi vida profesional ya que a día de hoy soy trabajador social y trabajo en la Fundación Don Bosco, en un proyecto en prisión, pero también en mi vida de fe y en mi compromiso con los jóvenes en la Delegación de Juventud ha dejado su huella. Y, cada vez que lo organizamos, sigue dejando huella, el Señor siempre hace nuevas todas las cosas».
Otros jóvenes participantes nos cuentan también cómo el CTL cambia sus vidas. Blanca Valera, una joven de 23 años que ha participado en la experiencia, lo tiene claro: «el CTL fue una experiencia increíble que voy a recordar siempre. Es un chute de energía y de espiritualidad para afrontar el verano cargada de la fuerza del Señor».
Pablo Sánchez de la Rosa, 24 años, añade que el CTL ha sido para él «un momento de encuentro, de crecimiento y de volver a retomar cosas con las que estaba distanciado, como la fe. En esos días pude conocer a muchísimas personas que me recibieron con los brazos abiertos y que han dejado una huella muy profunda en mí. También he compartido con las personas momentos, tanto de alegría como de tristeza y de preocupaciones. Momentos de oración delante del Santísimo que guardaré para siempre. Resumiendo, el CTL me ha ayudado a reflexionar sobre mi fe, en qué punto me encontraba y que necesitaba. He podido reencontrarme con Dios, a quien anhelaba. Estoy muy agradecido».
Carmen Gaspar, 23 años, se queda con dos cosas de la experiencia: «La suerte de que ese verano pudiera dedicarle una semana completa al Señor, sin que importara nada más, y la suerte de de ser partícipe de esa red de ayuda a la sociedad, de dar un poquito a los demás. Y añado la experiencia compartida con le gente, que se llevaron un trocito de mi corazón».
Encarni Llamas

