En la solemnidad de Pentecostés la Iglesia celebra la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la culminación del Misterio Pascual. El libro de los Hechos describe cómo el Espíritu descendió sobre los discípulos reunidos en oración con María en el Cenáculo bajo el signo del viento impetuoso y las lenguas de fuego. Aquel grupo quedó transformado en una comunidad valiente y misionera. Pentecostés es, por tanto, el nacimiento visible de la Iglesia y el inicio de su misión evangelizadora en el mundo. También hoy la Iglesia continúa elevando su plegaria: «Veni Sancte Spiritus!», «¡Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!». Esa invocación expresa el deseo de que el Espíritu siga renovando a la Iglesia, transformando los corazones y sosteniendo la esperanza del pueblo cristiano. En Pentecostés, donde había división e indiferencia, nacieron unidad y comprensión; donde había temor surgió la valentía del anuncio y el impulso de la misión.
El papa León XIV explicó en vísperas de Pentecostés el significado de la palabra “sinodalidad”, «que expresa felizmente el modo en el cual el Espíritu modela la Iglesia». Y añadía: «En esta palabra resuena el syn —que quiere decir con— que constituye el secreto de la vida de Dios. Dios no es soledad. Dios es “con” en sí mismo —Padre, Hijo y Espíritu Santo— y es Dios con nosotros. Al mismo tiempo, sinodalidad nos recuerda el camino —odós— porque donde está el Espíritu hay movimiento, hay camino. Somos un pueblo en camino». Esta conciencia, afirmaba el Santo Padre, no aleja a la Iglesia del mundo, sino que la introduce más profundamente en la humanidad, «como levadura en la masa, que la fermenta toda».
El Papa subrayaba además que la evangelización es siempre obra de Dios y que el Espíritu Santo suscita vínculos de comunión dentro de la Iglesia. Por eso exhortaba a permanecer profundamente unidos a las Iglesias particulares y a las comunidades parroquiales donde cada fiel alimenta y entrega sus carismas. Cerca de los obispos y en comunión con todos los miembros del Cuerpo de Cristo, decía el Santo Padre, la Iglesia puede actuar «en armoniosa sintonía». Solo obedeciendo juntos al Espíritu será posible afrontar los desafíos de nuestro tiempo, iluminar el futuro y realizar un discernimiento verdadero en medio de las dificultades del mundo actual.
En este contexto celebramos también el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar bajo el lema «Pueblo de Dios que sale al encuentro». Los obispos españoles hemos subrayado que la sinodalidad no es solo una cuestión organizativa, sino un nuevo modo de presencia cristiana en la sociedad. Los fieles laicos, incorporados a Cristo por el Bautismo y fortalecidos por la Confirmación, están llamados a ser protagonistas de la misión evangelizadora en la vida pública, en la familia, en la cultura, en la educación, en el trabajo y en la política. La fe no puede quedar encerrada en el ámbito privado, sino que debe iluminar la vida cotidiana y transformar la sociedad desde dentro con el espíritu del Evangelio.
El mensaje de los obispos insiste especialmente en la necesidad de una cultura del encuentro frente a la polarización y el enfrentamiento. El cristiano está llamado a ser testigo de misericordia, justicia, fraternidad y paz, defendiendo la dignidad de toda persona y trabajando por el bien común. La presencia pública de los cristianos no es algo opcional, sino una consecuencia de la propia vocación bautismal. La Iglesia está llamada a ser “en salida”, cercana a los que sufren y capaz de dialogar con todos.
En nuestra Archidiócesis viviremos esta solemnidad de manera muy especial con la celebración de la Vigilia de Pentecostés en la Santa Iglesia Catedral a las ocho de la tarde. Bajo el lema de la próxima visita del Papa a España, «Alzad la mirada» (Jn 4, 35), la Vigilia quiere ser una gran expresión de comunión diocesana y de esperanza misionera. De manera particular han sido convocados quienes durante este año han vivido un nuevo encuentro con el Señor a través de diversas iniciativas de Primer Anuncio, como los Cursillos de Cristiandad, Seminarios de Vida en el Espíritu, Retiros de Emaús y otras realidades apostólicas presentes en nuestra Archidiócesis. Será una ocasión para renovar las promesas de la Confirmación, invocar juntos al Espíritu Santo y prepararnos espiritualmente para la visita del Santo Padre. A María Santísima, reunida junto a los apóstoles en Pentecostés confiamos nuestra Archidiócesis, para que nos ayude a vivir abiertos al Espíritu Santo y nos enseñe a caminar juntos en la fe, la fraternidad y la misión.
+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

