El Obispo participa en las XIX Jornadas de Pastoral del Trabajo

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Alfonso Alcaide, militante de la HOAC, fue el ponente de la Jornada, que tuvo lugar en la parroquia Ntra. Sra. de la Consolación el jueves 12 de febrero

Monseñor Jesús Fernández acudió este jueves a la inauguración de las XIX jornadas diocesanas de Pastoral del trabajo “El mundo obrero y del trabajo en este cambio de época. Retos para la Iglesia”. El prelado comenzó su intervención destacando que la Jornada debe servir para “mirar juntos la realidad del mundo laboral a la luz del Evangelio”, convencidos de que el trabajo no es sólo un medio de vida y un sustento necesario sino una “dimensión esencial de toda vida”. San Juan Pablo II en su encíclica Laborem Exercens recordaba que el trabajo humano es la clave esencial de toda la cuestión social.

El militante de la HOAC, Alfonso Alcaide, fue en esta ocasión el ponente de la Jornada, quien, como apuntó el Obispo, “nos invita a reconocer que la precariedad laboral no es un problema individual sino estructural en el que las malas condiciones laborales se proyectan como una herida social extendida que lesiona gravemente a la familia”. Monseñor Jesús Fernández continuó su intervención resaltando que frente a esta realidad los cristianos no podemos permanecer indiferentes, nuestra fe nos propone adentrarnos en el campo de lo laboral, conocer sus dinámicas y comprometernos en la construcción de un sistema económico y laboral más humano, justo y fraterno, que es lo que la HOAC ha realizado históricamente en el seno de la Iglesia, destacó. La HOAC es un instrumento esencial para llevar la buena noticia de Jesús al entorno laboral, buscando humanizar las condiciones de trabajo para combatir la deshumanización del sistema productivo, explicó el prelado.

El obispo destacó que la tarea pastoral debe ser “acompañar, formar, iluminar y estar cerca de quienes sufren las consecuencias de un sistema que a menudo olvida al ser humano”, pero hay esperanza porque hay muchas personas que trabajan por el bien común, que se ayudan mutuamente sin mirar ideologías y construyen puentes de unión fraterna en medio de las dificultades. Son “signos del Reino de Dios, semillas de justicia que nos invitan a creer que otro modo de trabajar y de vivir es posible”.

“La nueva realidad del trabajo humano. Retos para la Iglesia” fue el título de la ponencia de Alfonso Alcaide, al que hemos tenido la oportunidad de entrevistar y del que el director del secretariado de la pastoral del Trabajo, Juanfran Garrido, destacó su “profunda espiritualidad, su formación y su compromiso con los sectores más débiles del mundo del trabajo.

¿Cómo llegó usted a la HOAC y qué le movió a comprometerse en este movimiento?

Yo empecé en la HOAC en Lucena, allá por los años 1964. Allí me encontré con un sacerdote, Paco Caballero, y un grupo de jóvenes y empezamos tener reuniones, tomar contacto y crear un grupo joven. Después me trasladé a Sevilla. Y en Sevilla fue donde ya tomé contacto con la HOAC.

¿Qué significó para usted descubrir que la fe también puede vivirse en el mundo del trabajo?

Aquel momento lo describo como pasar de la oscuridad a la luz. Aquella época existía una religiosidad muy tradicional, muy oscura, y yo me encontré con un Jesucristo cercano, muy amigo, muy humilde, siendo Dios. Entonces, para mí, aquello fue como un descubrimiento que dio un sentido pleno a mi vida. Ahora no sabría cómo vivir la fe al margen del trabajo, dado que el trabajo es una dimensión esencial de toda la persona.

Ese contacto con el mundo del trabajo, con ese encuentro también con Jesucristo, le llevó a entender que el mundo necesitaba una interpretación y estudió usted sociología. ¿De qué manera su mirada profesional le ha ayudado a comprender mejor la realidad obrera y social?

Mi llegada a la sociología se hace primero a través de la formación de la HOAC. En la HOAC, el método de formación se llama método de encuesta. Y se concreta en hacer una encuesta sobre el aspecto de la realidad. Entonces, la didáctica de la formación me ha llevado a meterme en los problemas concretos de la realidad, los problemas concretos de mis compañeros, hacer un juicio, ver qué pasa, por qué pasa y qué se puede hacer para solucionarlo. Desde esa perspectiva, accedo de alguna manera a lo que yo llamo una “sociología cristiana”, que parte de una cosmovisión del hombre como criatura de Dios, creado para amar y ser amado. Y entonces, a partir de ese contacto con la realidad, siento la necesidad de tener que ampliar ese conocimiento y de ahí surge la necesidad de estudio. De ahí surge una interpretación más profunda de la realidad cuando se conjuga esa experiencia concreta con el saber que aporta la ciencia de la sociología.

¿Creé usted que hoy los cristianos somos suficientemente sensibles a la realidad de los trabajadores más precarios?

Creo que no. Es curioso, porque la precariedad es algo que está en toda la familia. Se ha hecho un estudio en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona en el que se profundiza en la realidad del trabajo precario. Este estudio revela que once millones y medio de personas tienen un trabajo precario. Esta situación conlleva unas manifestaciones en todas las dimensiones de la vida. Supone que se establece una relación muy profunda entre la situación de precariedad y las enfermedades mentales. España es de los primeros países del mundo en el consumo antidepresivo, ansiolítico y tranquilizante. No encuentro mucha explicación, ¿cómo siendo esto una realidad que afecta a toda la familia y personas no es una preocupación de los cristianos? quizás sea, por apuntar una opinión, porque han conseguido que vivamos la precariedad como un problema personal, como una dificultad individual que nos hace incapaces de acceder a un trabajo decente. Pero no es así, no es un problema personal, es un problema estructural, es un problema social, es un problema construido. La precariedad es necesaria para el modelo productivo que tenemos.

Usted ha estudiado los cambios sociales de las últimas décadas, en todas ellas ha habido precariedad, pero ¿qué transformaciones le preocupan más en el ámbito laboral?

Hay que unir la nueva cultura que se está creando con la realidad que se va conformando del trabajo. Hoy estamos en una situación que no hay limitaciones para nada. Los derechos se han convertido en necesidades. Esto supone la desaparición del derecho internacional y la desaparición de la moral, de la ética y de la verdad. Cuando esto lo trasladamos al mundo del trabajo, nos encontramos con una situación en la que la inteligencia artificial y la nueva concepción de los derechos ya están trascendiendo a la realidad física del trabajo para penetrar en la mente de las personas y convertir el trabajo en una esclavitud moderna a la que no somos capaces de responder. Para mí es un problema muy serio.

¿Qué signos de esperanza encuentra hoy en el compromiso social y cristiano ante el trabajo?

Hay mucha gente buena. Hay mucha gente haciendo muchas cosas, hay mucha iniciativa buena. Las personas no somos como nos quieren hacer ver, existe una labor de crispación que pretende imponer la idea de que estamos peleando todos con todos. Yo pensaba el otro día, en el desgraciado suceso de Adamuz: la respuesta de ese pueblo significa ausencia de ideología, nadie le ha preguntado a nadie qué ideología tiene para ayudarle. O nadie ha dejado de ayudar a otro porque tenga una ideología distinta. Sino que ante el dolor humano los humanos reaccionamos con compasión. Y yo creo que esa es el mayor signo de esperanza. Y luego hay un signo de esperanza también muy importante en la Iglesia. Si atendemos al magisterio de la Iglesia desde Juan Pablo II y antes; incluso con nuestro Papa León XIV, todo el análisis y el planteamiento que se está haciendo es en relación del trabajo con el ecosistema y la naturaleza. Entonces, esa es una aportación muy importante que la Iglesia está haciendo. Por todo eso, yo creo que tenemos hoy muchos signos de esperanza.








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