
El sacerdote y profesor de los centros teológicos diocesanos Guillermo Tejero invita a profundizar con su comentario en el Evangelio del domingo 15 de febrero.
Seguimos en el corazón del Sermón del Monte, donde el Señor nos enseña el camino para ser verdaderos discípulos.
Tras mostrarnos las bienaventuranzas y llamarnos a ser sal y luz, hoy nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con las normas. A veces pensamos que la vida cristiana es solo un conjunto de reglas, pero no es así: es un camino de libertad, porque aprender a amar nos libera. Las normas no son cadenas, sino señales que nos orientan cuando nos cuesta descubrir la belleza del amor.
Jesús hoy nos recuerda que no basta con cumplir externamente, sino que debemos asumir el modo de actuar de Dios. Y nos pone tres ejemplos muy claros.
El amor no se reduce a “no matar”, sino a vivir como hermanos. Cuando nuestras palabras o actitudes no reflejan fraternidad, cuando falta cercanía y entrega hacia quienes Dios pone en nuestro camino, no estamos cumpliendo el mandamiento del amor. También nos llama a mirar a los demás con pureza, evitando pensamientos que nos lleven a poseer o utilizar a otros. Y nos anima a caminar en la verdad, con transparencia, para que nuestra palabra sea siempre limpia y no necesite juramentos. En definitiva, la fe no es una carga, sino una liberación que nos enseña a amar sin dobleces, sin manipulaciones, con alegría y sencillez, cuidando lo pequeño. Que este domingo sea una oportunidad para descubrir que creer en Dios es vivir libres. Y que la Cuaresma, que comenzaremos el miércoles, nos ayude a convertirnos y a hacer nuestros los deseos de Dios.

