“Declara la guerra al hambre”

Este domingo la Iglesia en España celebra la Jornada de Manos Unidas, dentro de la Campaña contra el hambre 2026, que recupera —con fuerza y actualidad— el lema originario: “Declara la guerra al hambre”. No es un eslogan para quedar bien: es un llamamiento evangélico a tomar partido, a convertir la compasión en decisión, y la fe en obras. El hambre no es solo una tragedia humanitaria; es también un drama moral. Duele decirlo, pero es verdad: en un mundo que produce alimentos suficientes, siguen pasando hambre millones de personas. Esto no sucede por fatalidad, sino por estructuras injustas, por desigualdades que excluyen y por una economía que muchas veces deja a los pobres sin voz, sin derechos y sin futuro.

San Pablo VI afirmó en la encíclica Populorum progressio que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”, y Benedicto XVI insistía en que “combatir la pobreza es construir la paz”. Estas afirmaciones no son teoría: son una hoja de ruta. Cuando se niega el pan, se hiere la dignidad; cuando se hiere la dignidad, se siembra resentimiento; cuando se siembra resentimiento, la paz se vuelve frágil. La Campaña de Manos Unidas, en este año, no se queda únicamente en la denuncia: llama a la esperanza activa. Recoge también una expresión del Papa León XIV especialmente iluminadora para nuestro tiempo: la “globalización de la impotencia”, esa tentación de pensar que “no hay nada que hacer”. Frente a esa mentira, el Papa invita a una “cultura de la reconciliación” y del compromiso, capaz de abrir caminos reales donde parecía que todo estaba cerrado (Discurso del Santo Padre León XIV a los participantes en el encuentro «refugiados y migrantes en nuestra casa común»; 2 de octubre de 2025).

En esa misma línea, el material de Manos Unidas sitúa la campaña bajo la luz de la primera exhortación apostólica de papa León XIV, Dilexi te, recordándonos algo que toca el corazón del Evangelio: el amor cristiano no es un sentimiento vago, sino una forma de vida. Por eso resuena con fuerza esta afirmación: “El fruto del amor es el servicio; y el fruto del servicio es la paz”. Y junto a ello, una exigencia inaplazable: “La dignidad de cada persona humana debe ser respetada”. Aquí está el criterio definitivo que el Señor nos ha dado. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). La caridad cristiana no humilla; levanta. No crea dependencia; acompaña. No se agota en una limosna; busca justicia. Por eso Manos Unidas insiste en pasar de una visión asistencialista a un acompañamiento real, cercano, sostenido.

En la Archidiócesis de Sevilla contamos con personas que sirven con discreción y constancia en Manos Unidas, y merecen nuestro apoyo, nuestra gratitud y nuestra cercanía. Ayudémosles a contagiar a otros. No cedamos al cansancio ni al fatalismo. Como recuerda Papa León XIV, la paz no brota de la resignación, sino del compromiso perseverante por el bien común (Discurso del Santo Padre León XIV a los participantes en el Encuentro Internacional de Oración por la Paz organizado por la Comunidad de Sant’Egidio, en Roma, 28 de octubre de 2025). Que María Santísima, Madre de los pobres, nos enseñe a reconocer a Cristo en el que pasa necesidad, y a vivir una caridad que “alimenta la paz” empezando por el pan de cada día.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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