La celebración de la beatificación del Venerable Cura Valera no es solo un acontecimiento de gracia para la Iglesia, sino también una ocasión privilegiada para contemplar la riqueza espiritual e histórica que rodeó su vida y su ministerio. Las imágenes que presidirán el presbiterio durante la solemne celebración no han sido elegidas al azar: ambas condensan, en silencio y belleza, la geografía eclesial y espiritual del sacerdote cuya santidad se reconoce oficialmente.
EL SANTÍSIMO CRISTO DE LA AGONÍA
Presidiendo el presbiterio se situará la imagen del Santísimo Cristo de la Agonía, una talla de autor anónimo fechable entre los siglos XVII y XVIII. Esta venerada imagen se conserva en la Basílica de la Santísima Virgen de la Caridad de Cartagena, perteneciente al Santo y Real Hospital de la Caridad, institución histórica de profunda raigambre asistencial y cristiana.
El Cristo de la Agonía se encuentra en la demarcación de la parroquia de Santa María de Gracia de Cartagena, de la que fue párroco el Venerable Cura Valera entre los años 1864 y 1868. No es, por tanto, una presencia simbólica genérica, sino una imagen íntimamente ligada a los años de ejercicio pastoral del sacerdote, a su predicación, a su oración y a su vida entregada al servicio de los más necesitados.
En esta beatificación, el Santísimo Cristo de la Agonía representa a la diócesis de Cartagena, a la que pertenecía Huércal-Overa en tiempos del Cura Valera y en cuyo territorio desarrolló una parte fundamental de su ministerio sacerdotal. Ante este Cristo agonizante, el Venerable aprendió a unir el sufrimiento humano con la redención, haciendo del amor crucificado el centro de su vida.

LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL RÍO
Junto al Crucificado, estará presente la imagen de la Santísima Virgen del Río, una de las devociones más queridas y profundamente enraizadas en la historia de Huércal-Overa y su entorno.
Esta devoción se remonta a finales del siglo XVII, cuando un molinero de Overa, al atravesar el río, se vio en peligro de morir ahogado. En aquel trance extremo se encomendó a la Virgen, prometiendo levantar una ermita en su honor si lograba salvar la vida. Cumplida la promesa, construyó una pequeña ermita en la rambla del Bobar, donde colocó un cuadro de la Virgen de los Desamparados, una Dolorosa con las manos sobre el pecho, puñal y diadema de estrellas, cuya copia se conserva hoy en la iglesia parroquial.
Durante el siglo XVIII, con el auge de la minería en la Sierra Almagrera, aquel tramo del río se convirtió en paso obligado para los mineros que accedían desde el norte de Almería. Antes de cruzarlo, muchos se encomendaban a la Virgen para preservar sus vidas, comenzando así a llamarla popularmente Virgen del Río.
Fue el propio Cura Valera quien impulsó la realización de una imagen escultórica, encargándola al escultor valenciano Francisco Bellver y Collazos, consolidando definitivamente esta advocación mariana. La devastadora riada de octubre de 1973 arrasó el santuario y se llevó consigo la imagen, pero la devoción permaneció viva. En 1975, el escultor José María Sánchez Lozano realizó una nueva talla, que desde marzo de 2019 recibe culto en su nueva ermita.
En la beatificación, la Virgen del Río representa a la diócesis de Almería, a la que actualmente pertenece Huércal-Overa y en cuyo territorio se celebra este histórico acontecimiento eclesial.

Dos imágenes, una misma historia de fe
El Cristo de la Agonía y la Virgen del Río, colocados juntos en el presbiterio, resumen visualmente la vida del Venerable Cura Valera: Cristo, centro de su entrega sacerdotal; María, refugio constante de su confianza pastoral.
Dos diócesis, dos tradiciones, un solo testimonio de santidad que sigue iluminando a la Iglesia de hoy.

