Cincuenta aniversario de la bendición de la imagen de Jesús de la Pasión (Parroquia Santos Mártires-Málaga)

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Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía con motivo del cincuenta aniversario de la bendición de la imagen de Jesús de la Pasión

CINCUENTA ANIVERSARIO DE LA BENDICIÓN DE LA IMAGEN DE JESÚS DE LA PASIÓN

(Parroquia Santos Mártires-Málaga, 30 enero 2026)

Lecturas: 2 Sam 11, 1-4.10a.13-17; Sal 50, 3-7.10-11; Mc 4, 26-34.

(Tiempo Ordinario III – Viernes)

1.- Celebramos el cincuenta Aniversario de la Bendición de la imagen de Jesús de Pasión de la “Real, muy Ilustre y Venerable Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, Jesús de la Pasión y María Santísima del Amor Doloroso”.

La lectura del libro de Samuel nos narra hoy el doble pecado grave de David, quien abusa de la esposa de su general Urías y después mata a éste (cf. 2 Sam 11, 1-4-10a.13-17), despreciando el mandamiento del Señor.

Todos somos pecadores, necesitados del perdón y de la misericordia de Dios, como nos dice el Salmo 50: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa» (Sal 50, 3). Hemos de acostumbrarnos a poner nuestros pecados en las espaldas del Señor de la Pasión; porque eso es lo que él quiere para limpiarnos, para aligerar nuestra espalda.

Vuestra Cofradía tiene como co-titular a María Santísima del Amor Doloroso. No en vano Ella comparte el sufrimiento de su Hijo Jesús, que muere en la cruz por nuestros pecados. A Ella acudimos para pedir al Señor que lave nuestras culpas y limpie nuestros pecados (cf. Sal 50, 4); que cargue con su cruz pesado, donde van todos nuestros pecados. Confesemos, pues, nuestros pecados y pongámoslos en la espalda de Jesús.

María Santísisma nos enseña lo que es el “Amor doloroso”. Nuestra sociedad parece que solo quiere ver en el amor el goce inmediato; pero desecha e ignora lo más importante del amor; es decir, la entrega generosa y oblativa para darse al otro y hacerle feliz; porque el amor no es buscarse a si mismo. María Santísisma entrega su vida y comparte el dolor de su Hijo.

Queridos cofrades, sois testigos de que el amor implica renuncia y dolor, pero al mismo tiempo es donación y gozo.

2.- Venimos hoy a dar gracias a Dios por el Cincuentenario de la Bendición de la imagen de Jesús de la Pasión.

Repasemos algunos datos históricos, para dar gracias a Dios. El Lunes Santo de 1976 se estrenaron el Guión corporativo, el Libro de Reglas y diversos enseres, entre ellos, las astas del Guión y de los Estandartes del Señor y de la Santísima Virgen. El Cabildo General Extraordinario, celebrado el día 4 de junio, ante el deterioro y la mala conservación que presentaba la talla del Cristo, acordó encargar una nueva imagen del Nazareno al imaginero Luis Ortega Bru, admirador de Martínez Montañés, Juan de Juni y el Berruguete, siendo un representante de la escultura procesional neo-barroca andaluza.

Mons. Ramón Buxarráis, por Decreto del 24 de diciembre de 1976, autorizó a la Cofradía a efectuar el ejercicio del Vía-Crucis durante su Estación de Penitencia en la Santa Iglesia Catedral, en la tarde del Lunes Santo.

El domingo 30 de enero de 1977, Mons. Jiménez Cárdenas, bendijo la nueva imagen de Jesús de la Pasión, que procesionó por primera vez el día 4 de abril del mismo año, Lunes Santo, al tiempo que la Cofradía efectuaba su primera Estación de Penitencia en la Iglesia Catedral.

En el mismo año de la bendición, Ortega Bru llevó a cabo la restauración de la imagen de la Santísima Virgen.

Demos gracias a Dios por esta historia de cincuenta años, que es un buen trecho del camino.

3.- La imagen del Señor representa el momento del evangelio en el que Jesús, cargando la cruz sobre su hombro camino del Calvario es ayudado por el Cirineo (cf. Mt 27, 31-32).

La imagen tiene un rostro muy expresivo y está considerada una de las esculturas más sobresalientes de Cristo de la imaginería procesional contemporánea. Al entrar hoy en el templo he ido a contemplar la imagen y a rezar ante ella, pues el arte religioso nos acerca a Dios.

En 1980 fue reformada por su propio autor; y en 1997 saneada de problemas estructurales primigenios por el escultor Juan Manuel Miñarro.

Es impresionante contemplar el realismo de los detalles del rostro, manos y pies con las venas a flor de piel. Jesús vive un momento tenso de su vida, en el que lleva un gran peso en su espalda, que son nuestros pecados; y sabe que a va a morir en la cruz. Decía el autor que sentía y veía a Jesús, identificándose con Él y viviendo su Pasión. La imagen nos anima a cada uno de nosotros a vivir esa misma experiencia; a identificarnos con Jesús en su pasión, que asume libremente por cada uno de nosotros.

Tendríamos que ser también sus cirineos y ponernos a su lado, para ayudarle a llevar la cruz, compartiéndola con él; lo hacemos cuando compartimos nuestra vida con los demás y les ayudamos, sobre todo a los más necesitados; o cuando compartimos nuestra fe, para que otros puedan conocer a Cristo, al Señor de la Pasión.

Queridos cofrades y devotos, demos gracias a Dios que ha permitido a quienes nos precedieron poder crear unas imágenes que resaltan por su belleza y su espiritualidad. El arte religioso tiene unas características que lo distinguen claramente del arte profano, porque se fundamenta en la fe revelada y heredada de la Iglesia, que la transmite de generación en generación. Os toca ahora a vosotros ser los transmisores de esta fe y devoción a Jesús de la Pasión y a María Santísima del Amor Doloroso. Sois, en este momento, el eslabón que une la fe de nuestros antepasados y las nuevas generaciones. Tenéis que ser fieles a esa misión; no se pueden terminar la fe y la devoción a Jesús de la Pasión.

4.- Vuestra Hermandad es fruto de la unión de la Cofradía del Santísimo Sacramento, erigida en la parroquia de los Santos Mártires en enero de 1927, y de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Pasión y María Santísima del Amor Doloroso, instituida en esta ciudad en mayo de 1935. Tiene, por tanto, tres elementos que inspiran la espiritualidad propia, que os animo a conservar y promover: en primer lugar, la fe y el amor a Jesucristo, Hijo de Dios, que se ofreció voluntariamente en la pasión para salvar al género humano; en segundo lugar, la devoción filial a la María Santísima, que vivió con entrañable Amor “doloroso” la entrega de su Hijo en la cruz y compartió sus sufrimientos; y, en tercer lugar, la adoración a la Eucaristía, como presencia real y sacramental de Cristo en su Iglesia, alimento de vida eterna (cf. Jn 6, 54).

Os exhorto a vivir esta triple espiritualidad, tan rica y fundamental, que la historia de vuestra Cofradía ha mantenido y os ofrece a los cofrades de hoy.

5.- El evangelista Mateo relata la siembra de la semilla, que Jesús ofrece para explicar el Reino de Dios: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra» (Mc 4, 26).

“El Reino de Dios” es el núcleo de la predicación de Jesús. Un reino enraizado en las miserias humanas, construido con los pequeños y los pobres, que trae la paz y la justicia verdaderas.

Jesús vivió, luchó y murió por la implantación de su Reino. Entonces, como ahora, el ser humano necesita encontrar el Reino de Dios, que es Reino de amor, de verdad, de libertad y de paz. De eso estamos muy faltos hoy día; y vosotros podéis aportarlo, aunque parezca una gota en el océano.

Nuestra sociedad está cansada y hastiada de tanto sufrimiento, de tanta mentira, de tanta manipulación; y se emborracha en sus placeres, olvidándose de construir el verdadero Reino, que ofrece la auténtica felicidad; de eso os toca ser testigos.

El Señor nos invita a sembrar lo bueno, lo noble, lo verdadero. Si sembramos, habrá esperanza de cosecha; si no sembramos, el terreno quedará estéril.

La parábola de la semilla nos dice también que ella crece por la fuerza de Dios. Se requiere paciencia y perseverancia; el labrador, ya duerma o se levante, de noche o de día, sin que él sepa cómo, la semilla crece por sí misma (cf. Mc 4, 27). Hemos de confiar y abandonarnos en manos de Dios, para que él haga su obra.

Damos gracias a Dios por el Cincuenta Aniversario de la Bendición de la imagen de Jesús de la Pasión, cuya devoción ha crecido poco a poco como la semilla plantada en tierra y se ha hecho un árbol frondoso con buenos frutos. ¡Cuidad este árbol de cincuenta años, para que siga dando frutos!

Pedimos a María Santísima del Amor Doloroso su maternal intercesión, para seguir confiando en Dios, aceptando el regalo de la fe y ser testigos valientes de su Reino. Amén.

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