Familia estudiante de Teología: «Si te importa tu fe, fórmala»

Diócesis de Málaga
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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

La familia Leiva-Aldea, compuesta por el matrimonio Ana y José Manuel y sus hijos, comparte, entre otras muchas cosas, el estudiar en el Centro Superior de Estudios Teológicos «San Pablo» de Málaga. En esta entrevista cuentan cómo fueron decidiendo formarse en Teología, qué les aporta, cómo cambia su vida y sus conversaciones y lanzan una invitación.

«No es que en la mesa estemos “debatiendo concilios” todos los días (aunque podría pasar, aviso). Lo que ocurre es que la Teología te cambia la mirada: acabas hablando de la vida —educación, dolor, justicia, familia, decisiones— con más profundidad»

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¿Cómo llegan todos los miembros de una familia a estudiar Teología? ¿Cuál ha sido el proceso en vuestro caso?
En nuestro caso no fue una decisión “de golpe”, sino que se fue propagando entre los miembros. Mi madre comenzó los estudios animada por un sacerdote muy querido y gran amigo nuestro, Francisco Castro Pérez. En ella provocó tal entusiasmo que mi padre la siguió y así después fuimos nosotros dos, Jose y Ana (hijos).
En nuestro caso, al ser profesores de religión, era algo que debíamos hacer para adquirir una formación sólida y rigurosa, y el CESET nos ofrecía esa oportunidad, y por nuestro amor a Jesucristo y su Iglesia. Hemos de conocer aquello que amamos y da sentido a nuestras vidas y a nuestra familia.
Empezó como una inquietud personal, dar razones de nuestra fe y no solo vivirla por costumbre. A partir de ahí, lo compartimos en casa, fuimos probando con alguna asignatura, una charla, un curso de extensión de los que organiza el CESET, etc. Y vimos que la Teología no nos alejaba de lo cotidiano, sino que lo iluminaba. Claramente hemos vivido en casa una fe iluminada por la razón en los diversos acontecimientos que van sucediendo.
Al final, cada uno entró por su propia puerta: unos por necesidad de formación, otros por deseo de profundizar, otros por buscar respuestas más sólidas. Pero lo común fue esto: la fe pedía cabeza y corazón, y la Teología nos ofrecía esa “estructura” para crecer.

¿Qué estáis estudiando ahora cada uno?
Ana Aldea
: las asignaturas de Eclesiología, Teología Espiritual y Teología del Laicado.
Jose Manuel (padre): las asignaturas de Antropología Teológica y Moral de la Persona.
José Manuel (hijo): las de Eclesiología, Antropología Filosófica, Misterio de Dios e Introducción al N.T.
Ana Leiva: Cursa la Escuela Teológica San Manuel González y ahora, en el 2º cuatrimestre va a cursar Teología Espiritual en el CESET, además de inscribirse en los cursos de extensión que el centro organiza y que tanto ayudan a formarse como profesora de Religión Católica.

Vuestras conversaciones en la mesa serán peculiares… ¿Entráis en estos temas?
Sí, entramos… pero con normalidad. No es que en la mesa estemos “debatiendo concilios” todos los días (aunque podría pasar, aviso). Lo que ocurre es que la Teología te cambia la mirada: acabas hablando de la vida —educación, dolor, justicia, familia, decisiones— con más profundidad. A veces salen temas de clase, una duda bíblica, una idea que te ha removido… y otras veces simplemente intentamos aterrizarlo: “¿esto cómo se vive?”, “¿qué diría el Evangelio aquí?”, “¿cómo lo explico sin hacerlo raro?”. Diría que nuestras conversaciones no son más raras; son más conscientes e iluminadas por la fe.

¿Qué es lo más importante que os aportan estos estudios?
Tres cosas muy claras:
● Una fe más adulta y menos oscura, menos basada en tópicos y más en convicciones. Te quita miedos y ayuda a ordenar cabeza y corazón. Una fe adulta y madura nos ayuda a vivir mejor y a estar preparados para todo aquello que acontece en nuestras vidas. 
● Criterio y profundidad: aprendes a distinguir lo esencial de lo accesorio, a pensar con la Iglesia, a unir Sagrada Escritura, tradición y vida real. Podemos dar razones de nuestra fe con mayor seguridad y conocimiento.
● Humildad y misión: cuanto más estudias, más te das cuenta de lo grande que es Dios y de lo mucho que queda por aprender… y eso, lejos de frenarte, te empuja a servir mejor. La Teología bien vivida no es “acumular ideas”, es afinar el amor y la responsabilidad que tenemos como laicos en el mundo.

¿Cómo os organizáis para compaginarlo con vida laboral, estudios, familia…?
Nos organizamos en la medida de nuestras posibilidades. Gracias a Dios, todos trabajamos y procuramos matricularnos en tres o cuatro asignaturas por curso para poder abarcarlas sin problema. En el caso de José Manuel y Ana (hijos) son profesores de día y alumnos por la tarde. Además, José Manuel hijo impartirá la asignatura Arte Sacro en el CESET a partir de este 2º cuatrimestre. ¡Todavía están a tiempo de matricularse quienes lo deseen!

¿Cómo animaríais a la gente a estudiar Teología?
Les diríamos: si te importa tu fe, fórmala. La Teología no es solo para “expertos” ni para quien quiera dedicarse profesionalmente. Es para cualquier cristiano que no quiera vivir a base de frases sueltas. Estudiar Teología te da libertad interior: entiendes lo que crees, por qué lo crees y cómo vivirlo con coherencia. Y, además, es precioso: te ayuda a entender la Sagrada Escritura, te ayuda a rezar mejor, te enseña a dialogar sin miedo y te sitúa en el mundo con esperanza. Si alguien duda, le diría: prueba una asignatura. Es de esas decisiones que te ordenan la vida por dentro. Asimismo en las clases hay presencia de las variadas realidades eclesiales, desde seminaristas, profesores sacerdotes, profesores laicos, miembros de cofradías y otros colectivos de la Iglesia. El ambiente del CESET es estupendo, es muy fraternal, hay mucho compañerismo, nos ayudamos entre nosotros y hacemos amigos que están unidos por la fe… ¿Qué más podemos pedir?

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