Clausura de curso de los Equipos de Nuestra Señora (Hermanos Maristas-Málaga)

Diócesis de Málaga
Diócesis de Málagahttps://www.diocesismalaga.es/
La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía con motivo de la clausura de curso de los Equipos de Nuestra Señora.

CLAUSURA DE CURSO DE LOS EQUIPOS DE NUESTRA SEÑORA

(Hermanos Maristas-Málaga, 5 julio 2025)

Lecturas: Is 66, 10-14c; Sal 65, 1-7a.16.20; Gál 6, 14-18; Lc 10, 1-12, 17-20. (Domingo Ordinario XIV-C)

1.- El profeta Isaías exhorta al pueblo de Israel a la alegría (cf. Is 66, 10) y a la fiesta con buenos manjares (cf. Is 66, 11), porque el Señor derrama su paz como un río y trae las riquezas de las naciones como un torrente en crecida (cf. Is 66, 12).

Nosotros, pueblo de Dios por el bautismo, somos invitados a disfrutar de dichos bienes y riquezas. ¡Hagamos fiesta con el Señor!

La paz es un don de Dios, que hemos de pedir; no es fruto solo de nuestro esfuerzo, pero hemos de poner nuestro granito de arena.

Jesucristo es el “Príncipe de la Paz” (cf. Is 9, 5). No existe una paz de “contratos” de armamentos, que después no se cumplen; eso cae por la base. Nuestro mundo está muy necesitado de la paz entre las naciones y también dentro de las familias, grupos, comunidades, movimientos.

Somos portadores de la paz del Señor. Las familias cristianas tienen mucho que aportar, educando a las nuevas generaciones en el respeto al otro y a la dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios (cf. Gn 1, 25).

Cuando escuchamos las noticias de cosas inmorales y se pretende poner soluciones a hechos consumados, hemos de pensar que las cosas se resuelven desde la base, desde el principio. Por eso hay que educar a las nuevas generaciones en los valores evangélicos. La ley que castiga, no educa; simplemente castiga; sin embargo, hay que prevenir y educar las conductas.

En las familias es donde se educa a vivir como personas maduras con principios y valores cristianos; aquí es donde hemos de “invertir”. Somos portadores de la paz del Señor y las familias cristianas tienen mucho que aportar, educando a las nuevas generaciones en el respeto al otro.

2.- San Pablo nos recuerda que sólo se gloría «en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo» (Gal 6, 14); éste es un principio de vida precioso. Sólo Cristo es el centro de mi vida, mi referencia, mi roca, mi Señor, mi Dios; si viviéramos así, muchos problemas desaparecerían.

Vivir en cristiano implica la renuncia al estilo mundano; porque somos criaturas nuevas (cf. Gal 6, 15), al haber recibido la filiación divina y los dones del Espíritu Santo.

Dar testimonio hoy del Evangelio no resulta fácil en nuestra sociedad; es más bien una tarea difícil y comprometida; porque la cruz está siempre presente en la vida del cristiano.

Los matrimonios y las familias cristianas estáis llamados a dar ese testimonio con vuestra vida y comportamiento; con ello hacéis un gran servicio a quienes no conocen ni viven la riqueza de la fe cristiana. Esto es lo mejor que podéis aportar con el ejemplo y con la palabra. El papa Benedicto XVI decía que el cristiano sabe cuándo tiene que actuar, cuándo tiene que hablar y cuándo tiene que callar (cf. Homilía, Vaticano, 8.01.2012).

3.- El Señor envió a sus discípulos a predicar (cf. Lc 10, 1). Les animaba a “ponerse en camino”. Los discípulos, invitados a imitar a su Maestro en sus gestos, su estilo de vida y sus palabras, deben aprender su mismo estilo de vida. Jesús no pidió a sus discípulos el estudio de la Ley mosaica, sino el seguimiento personal con plena disponibilidad para aceptar la pobreza y el sufrimiento y anunciar la llegada del reino de Dios.

Pienso en las generaciones de nuestros abuelos o bisabuelos, que muchos de ellos no sabían siquiera firmar su nombre; sin embargo, fueron grandes catequistas. Recuerdo una reunión con catequistas, quienes criticaban una decisión mía como obispo sobre el proceso catequístico. Ellos defendían que no se podía dar catequesis a niños que no sabían leer ni escribir. Les respondí que nuestros abuelos tampoco sabían leer y fueron grandes creyentes y buenos catequistas, que transmitieron la fe a sus hijos.

Por eso, lo más importante es la relación personal y vital con Jesucristo mediante la oración. Eso sucede también en los matrimonios; conocerse y saber todo del otro es muy bueno, si se usa bien; sin embargo, hay un reducto en el interior del ser humano que no suele salir a la luz.

El Señor a cada uno de nosotros nos pide lo mismo que él pedía a sus discípulos: seguimiento, disponibilidad, fidelidad, entrega y testimonio. Podríamos decir que son las mismas actitudes que deben tener los esposos y deseo que sean los pilares de vuestro compromiso. Muchos matrimonios se rompen por no fundamentar la relación personal en estas actitudes, sino más bien por ponerlas en motivos superficiales y de moda; porque cuando eso se acaba, también se acaba la relación. Lo que permanece es la entrega al otro, es decir, el amor.

4.- Jesús advierte a sus discípulos, en el evangelio, de los peligros que se encontrarán en su misión, diciéndoles que van a ir «como corderos en medio de lobos» (Lc 10, 3); y que tienen que ser cautos y prudentes. Hay muchos lobos que nos merodean; pero tenemos la gran ventaja de tener al Buen Pastor (cf. Jn 10, 1-16, que nos da la vida, nos acompaña, nos guía; y hemos de fiarnos de él. Por tanto, no tengamos miedo a los lobos. 

Jesús sabe que sus discípulos serán incomprendidos e, incluso, perseguidos. Desde entonces ha habido muchos cristianos que han dado su vida por Cristo en el martirio.

El relato escuchado refleja los peligros y las garantías de la misión en tiempo de Jesús y en tiempo de la Iglesia, que continúa la obra salvadora. Ambos relatos siguen teniendo vigencia hoy; lo que ocurría entonces sigue ocurriendo ahora.

El apóstol debe vivir desprendido y expuesto a la persecución, pero lleno de confianza en Dios, que nunca abandona a sus hijos; fiándonos del Buen Pastor que nos guía, nos alimenta, nos cura, nos busca.

5.- El relato evangélico de Lucas es un programa simbólico de lo que les espera a los seguidores de Jesús: ir por pueblos, aldeas y ciudades para anunciar el evangelio; ésta es la misión de la Iglesia. Donde estemos, debemos proclamar la Buena Nueva.

Jesús realiza su “viaje”. ¿A qué ciudad de Palestina viajó Jesús, como clave de su obra? A Jerusalén. El evangelio de san Lucas tiene como punto de referencia Jerusalén; toda la vida y actividad de Jesús se centra y se dirige a Jerusalén, donde culmina su obra salvífica y su magisterio. Jesús está siempre en camino, como modelo y ejemplo adecuado para iniciar a sus seguidores en la tarea que les encomienda. El número de enviados (70 ó 72) es un número simbólico que expresa plenitud; porque todos los cristianos están llamados a evangelizar; a realizar nuestro viaje a Jerusalén con Jesús.

Una característica de la itinerancia evangélica es viajar con poco equipaje, sin alforjas (cf. Lc 10, 4); hay que ir solo con lo imprescindible, porque lo importante es el mensaje que se anuncia y no los instrumentos utilizados. Hemos de revisar nuestra misión evangelizadora, porque parece que ponemos más interés en las formas y en los instrumentos que en la virtualidad y en la potencia del mismo anuncio.

Siguiendo el ejemplo del catequista, del que hablamos antes, no hay que esperar a que los niños sepan leer y escribir para hablarles de Dios. El término “catequista” viene del griego “kata-echeo”, que significa hacer resonar o hacer “eco”; es decir, hacer eco de la propia fe, contando y narrando su experiencia. El catequizando “escucha” la experiencia y acepta la fe.

El Evangelio trae buenos frutos: sanación y presencia del reino de Dios (cf. Lc 10,9). Jesús nos invita a buscar el reino de Dios y su justicia; y lo demás se nos dará por añadidura (cf. Mt 6, 33). A veces buscamos “la añadidura”, dejando lo más importante que es “la venida del Reino”.

6.- El papa Juan Pablo II nos invitó a reconocer que «es necesario mantener viva la solicitud por el anuncio» a los que están alejados de Cristo, «porque ésta es la tarea primordial de la Iglesia» (Redemptoris missio [1990], 34). La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe ser la primera».

Queridos miembros de los Equipos de Nuestra Señora, os invito a asumir esta hermosa tarea en vuestra vida de esposos y padres. La misión evangelizadora es el paradigma de toda obra de la Iglesia. Esta tarea sigue siendo la fuente de las mayores alegrías para la Iglesia (cf. Francisco, Evangelii gaudium, 15). Anunciar el evangelio es la gran alegría que tiene el cristiano.

Pedimos a la Virgen María, la primer creyente y evangelizadora, que nos acompañe esta misión que el Señor nos encomienda a todos y cada uno. Amén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Contenido relacionado

Los migrantes, misioneros de esperanza en el encuentro Frontera Sur

«Migrantes, misioneros de esperanza» ha sido el título de este encuentro,...

Manos Unidas arranca su campaña con la conferencia de una misionera de Mozambique

El salón de actos del Centro Superior de Estudios Teológicos San...

«Aunque el dolor nos encoja el alma, podemos mirar el futuro con esperanza»

Más de un millar de de malagueños se han unido este...

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.