

El prólogo del Evangelio de San Juan era un himno cristiano que ya existía y que el evangelista incluye y coloca al inicio de su evangelio a modo de introducción para resaltar la figura de Jesús.
Para los judíos la Palabra (el Verbo) es Dios que se revela y da a conocer a lo largo de la historia en la Sagrada Escritura. La Palabra da vida e ilumina las vidas de los hombres y mujeres de cada tiempo y época.
La palabra de los profetas, especialmente la de Juan el Bautista, lo que hace es anunciar la llegada de la Palabra de Dios que se encarnará tomando forma humana en la persona de Jesús. De ahí que Jesús sea más grande e importante que el mayor de los profetas.
El evangelista Juan resalta que Dios quiso tener vida humana y estar entre nosotros, teniendo nuestro cuerpo en debilidad y siendo semejante a nosotros menos en el pecado. Dios sigue siendo misterio, pero se ha hecho visible en Jesús, la Palabra, el Verbo, que llora, pasa hambre y sed… y hasta muere como tú y yo.
La Palabra encarnada te habla de un Dios que te ama por el simple hecho de que eres un ser humano creado por él, que Dios ama nuestro mundo y se solidariza con cada uno. La Palabra es nuestra salvación, nuestra esperanza, nuestra luz, la que nos trae la gracia, la que nos permite sentir el amor de Dios.
Emilio J., sacerdote

