

Comenzamos un nuevo Año Litúrgico en el que predominará el Evangelio de Mateo, con cuyos relatos iremos contemplando la vida y los misterios de Jesús.
Este pasaje es uno de los discursos de Jesús que contiene un lenguaje escatológico, porque habla de los acontecimientos últimos y definitivos.
La pretensión de este discurso no es describirnos el final de los tiempos, sino alentarnos y motivarnos a los creyentes a vivir este tiempo presente con actitud vigilante mientras llega el futuro. Lo importante no es saber cómo sucederá lo que está por venir, sino el cómo vivir aquí y ahora.
El tema central no son los sucesos que ocurrirán, es más bien la venida definitiva del Señor que aparecerá como el Hijo del Hombre, es decir, el juez universal y definitivo.
Podemos estar distraídos y descuidados por solo estar atentos a nuestros intereses, hasta tal punto de no apreciar las injusticias y sufrimientos de nuestro mundo, conformándonos con lo que tenemos. Jesús nos recuerda a los cristianos, frustrados por este mundo actual, que hemos de tener esperanza y luchar por un mundo mejor que solo tendrá sentido si Cristo viene y nos trae la liberación y la salvación.
Emilio J., sacerdote
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