
Monseñor Jesús Fernández ha destacado que esta noche se bendice «un hogar» en el que que vais a crecer como Iglesia
Las dependencias de la Delegación de Juventud han sido mejoradas recientemente debido al mal estado de conservación en el que se encontraban. La Casa de los Jóvenes “San Juan Pablo II” es lugar de reunión, formación, estudio y preparación para los jóvenes de la Diócesis de Córdoba. Ubicada en la parroquia El Salvador y Santo Domingo de Silos (La Compañía) cada jueves del año se celebra el Adoremus de los jóvenes. Más de veinte años lleva la Casa de los Jóvenes, conocida cariñosamente como la “casita”, siendo sede de la de la Delegación de Juventud. En la “casita” han crecido en la fe muchos jóvenes, ya hoy convertidos en padres de familia, sacerdotes o religiosas. Sus paredes albergan un sinfín de historias con un denominador común, Dios y su bendita Madre.
Monseñor Jesús Fernández ha alabado el trabajo realizado y ha recordado que esta noche “vamos a bendecir un hogar” porque la obra no es sólo del edificio, por delante tiene una “hermosísima tarea”. Aquí vais a pasar tiempo juntos, vais a estudiar, a rezar y vais a crecer personalmente y como Iglesia. No sois “jóvenes conformistas” y “contempláis a Jesús eucaristía”, por eso es tiempo de tener una “mirada esperanzadora”.
Para Enrique López, actual voluntario de la Delegación de Juventud, la “casita” es “un sitio de acogida”, recuerda que cuando salió del Seminario Menor, en el que había estado cuatro años, se sintió acogido. Sabía que en la “casita” siempre había alguien y reconoce que encontró a los que hoy son sus amigos. Enrique asegura que en la “casita” ha crecido mucho a nivel de fe, de amistad, de compañerismo y trabajo, en “un ambiente sano sostenido por Dios”. En la “casita” se vive en comunidad y ha aprendido que la fe es imposible vivirla solo. Dios le pone sentido a las cosas y merece la pena el compromiso de los voluntarios, destaca. Para él ha sido especial en el que incluso ha conocido a María, su novia, con la que espera formar una familia.
El director técnico de patrimonio de la Diócesis, Miguel García Madueño, ha explicado que la intervención general sobre la Casa de los Jóvenes “San Juan Pablo II” se ha centrado en la reparación, adecentamiento y adecuación de la edificación actual, conservando la estructura general del edificio con una renovación de los acabados y revestimientos. Asimismo, en tanto en la planta baja como en la primera se ha modificado la situación de varios tabiques sin afectar estructuralmente al edificio. Por último, se ha procedido a eliminar en la fachada el zócalo de tirolesa existente y se ha reparado todo el revestimiento de la misma con mortero de cal pintado en blanco. Se ha contemplado la pintura interior y exterior de todo el edificio.
Juanma Rico, antiguo voluntario de la Delegación de Juventud
Mis recuerdos se remontan al año 2005, cuando todavía era seminarista menor. Por aquel entonces, la Delegación de Juventud aún no tenía su sede definitiva. Recuerdo que la relación entre el Seminario Menor y los jóvenes de la Delegación era estrechísima, casi familiar, propiciada porque en aquella época el Delegado de Juventud, D. Francisco Orozco, era también nuestro formador.
Esa cercanía hizo que, hasta que se inauguró la actual Casa de los Jóvenes San Juan Pablo II en la calle Juan de Mena, viviéramos las reuniones de la Delegación dentro del propio Seminario. Pero cuando finalmente nos trasladamos a la nueva sede, aquel lugar cobró vida propia. Guardo en la memoria momentos imborrables vividos allí: la profundidad de los «Adoremus», el bullicio de las fechas previas a las grandes actividades y esos preparativos que unían tanto.
Más tarde, ya en mi etapa de estudiante, mi relación con este lugar se volvió aún más intensa. La Casa dejó de ser solo un sitio de reunión para convertirse en un verdadero hogar donde compartir la fe y donde forjé amistades que aún conservo e incluso algunas de ellas se han convertido en parte principal de mi historia y mi vida.
Y fue allí, en la “casita”, como la llamábamos cariñosamente, donde Dios me hizo el gran regalo de conocer a quien hoy es mi esposa y con la que comparto una familia maravillosa. Aunque nuestros caminos se cruzaron en la Casa, nuestra historia como novios comenzaría años más tarde, en una etapa diferente, cuando mi vida de fe ya giraba en torno a mi actual comunidad en la Parroquia de San Vicente Ferrer.
Sin embargo, el origen tiene un peso especial. Por eso, en septiembre de 2018, quisimos volver a la raíz. Elegimos casarnos en la Parroquia de la Compañía precisamente por su cercanía a ese lugar donde nos conocimos. Fue nuestra manera de cerrar el círculo y dar gracias por esa Casa que, de una forma u otra, marcó el inicio de nuestra familia.

















































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