
El sacerdote y profesor de los centros teológicos diocesanos Francisco Jesús David Hurtado Giráldez invita a profundizar en el Evangelio de este domingo XXII del Tiempo Ordinario (Ciclo C): Lc 14, 1. 7-14
La gratuidad del amor
“Orgullo y astucia”. Así se podría definir la serie Suits, en la que abogados intentan sacar adelante sus casos con ingenio y creatividad, pero pisoteando al que se ponga en su camino. Aunque a lo largo de la trama, algún personaje va desplegando una virtud de la que nos habla el evangelio de este domingo: la humildad.
En el contexto de una comida en el que todos los comensales buscaban los primeros puestos, Jesús sentencia: “Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Pero ¿qué es la humildad? Ser humilde no es dejarse humillar o restarse valor a uno mismo ni a lo que hacemos. Es reconocer y aceptar que, por el momento, eres como eres, es simplemente reconocer tus límites. Pero también aceptar y valorar nuestras virtudes, nuestros dones, habilidades y potencialidades a desarrollar.
La humildad no consiste en cabezas bajas y cuellos torcidos, sino en corazones doblegados por amor a los más débiles, a los más pequeños, a los últimos de la tierra. Si leemos con atención, hay una Bienaventuranza escondida en este evangelio: “Dichoso tú si no pueden pagarte”. Felices nosotros si hacemos algo bueno y el otro no puede devolvernos el favor. Ahí descubriremos la gratuidad del amor de Dios y la generosidad con que el discípulo-misionero de Jesús ha de actuar: ni por orgullo, ni por interés. Solo el amor convierte en milagro el barro.