Roma ha recibido a un grupo de peregrinos de la Diócesis guiados por el obispo Mons. Rafael Zornoza, iniciando así el camino con un mensaje claro: «Venimos a Roma como peregrinos de esperanza y aprovechemos esta ocasión para revivir la fe y la confianza en Cristo».
La jornada comenzó con la oración oficial del Jubileo. Tras alojarse en el hotel, los peregrinos emprendieron la visita a las catacumbas más grandes del mundo, un lugar sagrado donde reposan los mártires de los primeros tiempos de la Iglesia. La visita ha sido una ocasión para recordar la valentía de aquellos que, a pesar de la persecución, mantuvieron viva la llama del cristianismo.
Posteriormente, el grupo celebró la Santa Misa en la Basílica Papal de San Pablo Extramuros. Durante la homilía, el obispo diocesano evocó la figura de San Pablo, destacando que su conversión no fue fruto de una idea, sino de un encuentro real con Cristo resucitado. «San Pablo viajó por el mundo formando comunidades con una gran solidez doctrinal», recordó, subrayando la importancia de vivir la fe con coherencia y compromiso.
El recorrido por las grandes basílicas de Roma ha impresionado a los peregrinos por su majestuosidad, pero también han quedado impactados al visitar las catacumbas, un testimonio de los tiempos en que los cristianos se escondían para celebrar su fe y enfrentaban el martirio.
La peregrinación ha llevado también a los fieles a visitar los sepulcros de San Pedro y San Pablo, dos pilares fundamentales de la Iglesia. «Cuando nos acercamos al Señor, lo demás es secundario» -reflexionaba Mons. Zornoza, invitando a los peregrinos a centrar sus vidas en Cristo- San Pablo se encontró con Jesucristo resucitado y descubrió en él el sentido y la finalidad de su vida. Estamos llamados a vivir en comunión con la Iglesia, porque Cristo y la Iglesia están unidos».