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El día 22 de febrero, se inició en la prisión de Málaga I, en Alhaurín de la Torre, el Jubileo de la Esperanza con una celebración presidida por el Obispo, D. Jesús Catalá, y en la que participaron un centenar de internos e internas, así como de voluntarios y otros participantes miembros de las Hermandades de El Rico, el Rescate y el Cautivo y el acompañamiento musical del Grupo Taizé. En palabras del delegado de Pastoral Penitenciaria, Pedro Fernández Alejo. trinitario, «tuvimos el gozo de sentir que la esperanza irrumpía en el corazón y en las entrañas de toda la prisión».
Pedro Fernández Alejo cuenta que «en los talleres del Centro Penitenciario, los internos prepararon un arco metálico que luego fue conveniente adornado con flores y ramas por los voluntarios con el rótulo de “esperanza”. Esta escenografía motivó la primera parte de la celebración donde el Sr. Obispo bendijo la “puerta de la esperanza”, orando todos con el salmo penitencial (50) y rezando la oración del Jubileo. A continuación, se inició la procesión con el Obispo, capellanes, sacerdotes, voluntarios e internos al son del canto de entrada».
Fue el arranque de una jornada cargada de esperanza para las personas privadas de libertad y quienes tratan de acompañar esa situación. «La Eucaristía, como «lugar» central del Jubileo, fue una expresión sentida del significado profundo de lo que supone para todos, especialmente para los privados de libertad, la reafirmación de que “la esperanza no defrauda” -cuenta el trinitario-. Especialmente cuando esa esperanza está fundamentada en la fe y en el amor que dimana de Dios Trinidad, de ese Padre que es compasivo y misericordioso con todos, especialmente, con los pobres, marginados y cautivos».
El delegado de Pastoral Penitenciaria cuenta que «toda la Eucaristía fue vivida como un canto a la esperanza, que renace con fuerza de modo especial en esos lugares donde se sufre la exclusión y por ser centro de las periferias existenciales donde la esperanza es más que imprescindible. Hubo dos “signos” bonitos en la celebración que se presentaron en las ofrendas de la Misa: uno fue la ofrenda de un pan inmenso elaborado en la panadería de la prisión, y que al terminar la Misa fue compartido en trocitos para todos; y el otro, la ofrenda de una llave grande hecha en los talleres, como símbolo de esa llave que “abre las puertas del corazón” y que dé entrada a la misericordia y el perdón de Dios, así como la “llave de la esperanza” que se abre a la lucha por futuro en libertad».
Como explican desde esta pastoral, «a la luz del sentimiento del papa Francisco, deseamos que este Jubileo suponga para toda la Diócesis que sea el “Jubileo de las periferias”. Por ello, a lo largo del año iremos teniendo distintas celebraciones a las que deseamos invitar a participar a cristianos que están comprometidos en las distintas pastorales de marginación, como de Cáritas, Pastoral de la Salud, Migrantes, Gitanos, Ancianos, etc.» El deseo de Pedro Fernández Alejo es «que el Espíritu nos siga asistiendo para sembrar en el corazón de los pobres y excluidos la luz de la esperanza y la fuerza de la fe que les ayude a caminar hacia futuros de alegría y libertad».