El pasado 20 de febrero, la Parroquia de San Antonio, en Cádiz, celebró una Eucaristía especial dedicada a las personas que viven en la calle, una iniciativa inédita en esta comunidad religiosa. La ceremonia, que contó con la participación de unas veinte personas sin hogar, se destacó por su profunda carga emocional y por el recuerdo de los amigos de estos fieles que han fallecido en las calles.
El Vicario Parroquial de San Antonio, el Padre Anthony Enitame, fue el encargado de presidir la Eucaristía. En su homilía, recordó la importancia de ofrecer esperanza y apoyo a aquellos que sufren, especialmente a aquellos que, por diversas circunstancias, no tienen un techo donde refugiarse. «Cristo es nuestra esperanza, y su misericordia dura para siempre», aseguró el Padre Anthony, quien también subrayó que la Iglesia tiene los brazos abiertos para acoger tanto a los vivos como a los difuntos, sin importar su situación.
El gesto de cercanía y comprensión del Padre Anthony se tornó aún más significativo cuando recordó su propia experiencia como migrante que tuvo que enfrentarse a la dureza de vivir sin un hogar. Para él, esta Eucaristía ha sido «una gracia y bendición de Dios», pues entiende profundamente el dolor que sufren aquellos que se encuentran en la calle.
Durante la ceremonia, se percibió un ambiente cargado de emoción. Muchos de los asistentes mostraron visiblemente su agradecimiento, abrazándose con el sacerdote y entre ellos. Los abrazos, llenos de calidez, reflejaban la alegría de sentirse finalmente reconocidos y amparados, como si por fin alguien los mirara con compasión y les tendiera una mano amiga.
Al término de la Eucaristía, la Parroquia ofreció un ágape a los asistentes, un gesto simbólico que reafirmó el mensaje de misericordia de Dios. «Dios Padre es siempre misericordioso, y sus brazos están abiertos para todos», dijo el Padre Anthony, cerrando la jornada con un mensaje de esperanza y solidaridad hacia los más vulnerables.