Monseñor Demetrio Fernández ha celebrado la Navidad con los sacerdotes, residentes y trabajadores de la Casa Sacerdotal
El Obispo ha presidido la mañana del martes 26 de diciembre una misa en la capilla del Seminario Mayor con los sacerdotes mayores, residentes de la Casa Sacerdotal y los trabajadores. Este día “de calma” nos reunimos en casa familiarmente para darle gracias a Dios por darnos a su hijo Jesucristo. Al día siguiente de la Navidad la Iglesia celebra al diácono San Esteban, primer mártir, para decirnos que el seguimiento de Cristo tiene su mejor expresión en el martirio.
Dios nos ha amado “con un corazón humano”, ha comenzado monseñor Demetrio Fernández afirmando en su homilía, y así quiere que le amemos nosotros también. Cuando uno está limitado según van pasando los años, es importante amar al Señor con lo que tenemos en nuestra propia carne, problemas de movilidad, de corazón o la cabeza que se va, pero así tenemos que amar al Señor, como Él quiere. Con nuestras limitaciones tenemos que amar a Jesucristo, cada sacerdote ha celebrado la Navidad durante su ministerio de muchas maneras, pero los que están en la Casa Sacerdotal la celebran ahora limitados por sus dolencias o dificultades pero así quiere ser amado Jesucristo a pesar de estar “la carne un poco deteriorada”, ha expresado el Obispo.
Ha continuado su alocución monseñor Demetrio Fernández apuntado que cuando uno llega a mayor “le sale fácil gruñir y quejarse de todo”, ofrecerle a Jesús que las cosas no están a nuestro gusto también puede ser “un regalo”. Dios nos cuida muy bien en la Casa Sacerdotal, en la comida, en la limpieza, en la atención personal y podemos ofrecer al Señor gratitud porque esa atención. Hay que tener “ojos para ver de manera optimista”, hay gente de edad avanzada que no tiene nada y por eso hay que dar gracias al Señor por esta Casa que me acoge y me cuida.
Tenemos que desearnos feliz Navidad porque tenemos a Jesucristo, porque podemos ofrecerle lo que tenemos y agradecerle que no nos falta lo necesario para vivir cómodamente los años de vida que Dios nos dé. Que nuestra Navidad, ha pedido el Obispo, sea gratitud, esperanza y alegría de tener al Señor. Hagamos entre todos un hogar donde Jesucristo esté a gusto porque estando a gusto Él lo estaremos también nosotros, ha terminado el pastor de la Diócesis.
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