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San Antonio María Claret

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San Antonio María Claret

san-antonio-maria-claretInfancia: Antonio Claret y Clará nació en Sallent (Barcelona, España) el 23 de diciembre de 1807. Era el quinto de once hijos de Juan Claret y Josefa Clará. Le bautizaron el día de Navidad. La escasa salud de su madre hizo que se le pusiera al cuidado de una nodriza en Santa María de Olot. Una noche en que Antonio se quedó en la casa paterna se hundió la casa de la nodriza muriendo todos en el accidente. Para Claret aquello supuso siempre una señal de la providencia.

La cuna de Claret fue sacudida constantemente por el traqueteo de los telares de madera que su padre tenía en los bajos de la casa. Ya desde sus primeros años Antonio dio muestras de una inteligencia y de buen corazón. A los cinco años, pensaba en la eternidad: por la noche, sentado en la cama, quedaba impresionado por aquel «siempre, siempre, siempre». El mismo recordaría estas palabras, más tarde, siendo Arzobispo:

«Esta idea de la eternidad quedó en mí tan grabada, que, ya sea por lo tierno que empezó en mí o ya sea por las muchas veces que pensaba en ella, lo cierto es que es lo que más tengo presente. Esta misma idea es la que más me ha hecho y me hace trabajar aún, y me hará trabajar mientras viva, en la conversión de los pecadores» (Aut. nº 9)

La guerra popular contra Napoleón embargaba vivamente el ambiente de la época. Sus soldados pasaban frecuentemente por la villa entre los años 1808 y 1814. Hasta los sacerdotes del pueblo se habían sumado a la lucha. En 1812 se promulgaba la nueva Constitución.

Mientras, Antonio jugaba, estudiaba, crecía… Dos amores destacaban ya en el pequeño Claret: la Eucaristía y la Virgen. Asistía con atención a la misa; dejaba momentáneamente el juego para visitar a Jesús en la iglesia siempre que no ocasionara molestias a sus compañeros; iba con frecuencia, acompañado de su hermana Rosa, a la ermita de Fusimaña y rezaba diariamente el rosario.

Una debilidad de Antonio eran los libros. Se los devoraba. Pocas cosas contribuyeron tanto a la santidad de Antonio como sus lecturas, las primeras lecturas de su infancia. Porque sus lecturas eran escogidas. Pero ya entonces Antonio tenía una ilusión: llegar a ser sacerdote y apóstol. Sin embargo, su vocación debería recorrer todavía otro itinerario.

Entre los Telares: Toda su adolescencia la pasó Antonio en el taller de su padre. Pronto consiguió llegar a ser maestro en el arte textil. Para perfeccionarse en la fabricación pidió a su padre que le permitiera ir a Barcelona, donde la industria estaba atrayendo a numerosos jóvenes. Allí se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja. Trabajaba de día, y de noche estudiaba. Aunque seguía siendo un buen cristiano, su corazón estaba centrado en su trabajo. Gracias a su tesón e ingenio llegó pronto a superar en calidad y belleza las muestras que llegaban del extranjero. Un grupo de empresarios, admirados de su competencia, le propusieron un plan halagüeño: fundar una compañía textil corriendo a cuenta de ellos la financiación y el montaje de la fábrica. Pero Antonio, inexplicablemente, se negó. Dios andaba por medio.

Unos cuantos hechos le hicieron más sensible el oído a la voz de Dios. a) Un amigo a quien estimaba mucho tenía el grave vicio del juego. Llegó a robarle sus ahorros para jugarlos y cuando los perdió, desesperado robó una joyas valiosas, las cuales también perdió en el juego. La policía siguiendo el rastro de las joyas dio con él y lo encarceló; todos comenzaron a calumniar a Antonio, diciendo que era cómplice de su amigo. Esta experiencia empezó a crear en su corazón un disgusto por el mundo, las amistades y las riquezas.

b)El segundo hecho que le ocurrió fue estando un día con unos amigos en la playa, metió los pies para refrescarse en el agua, y de pronto una ola gigantesca lo arrastró hacia mar adentro, y Antonio que no sabía nadar se estaba ahogando. De sus labios solo salió un grito «Virgen Santa, salvadme» , y sin saber cómo, Antonio estaba en la orilla, sano y salvo y para colmo sus vestidos secos totalmente.

c)El tercer hecho fue el que le ocurrió al ir a visitar a un amigo a su casa. Cuando llegó, el amigo no se encontraba y quien estaba en casa era la esposa. Ella, dándose cuenta de la gallardía de Antonio, quedó cegada con un amor indigno y le dijo: «Antonio, ¡qué diferente eres de mi esposo, siempre agrio y despectivo! Quisiera que fuéramos buenos amigos».

Claret huye de la tentación. «Señora, vuestro esposo tarda y tengo mucho que hacer…» Ella intentó detenerle, pero en vano. Antonio se deshace de ella para no volver más.

Por fin, las palabras del Evangelio: «¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?», le impresionaron profundamente.

Los telares se pararon en seco, y Antonio se fue a consultar a los oratorianos de San Felipe Neri. Por fin tomó la decisión de hacerse cartujo y así se lo comunicó a su padre. Su decisión de ser sacerdote llegó a oídos del obispo de Vic D. Pablo de Jesús Corcuera que quiso conocerle. Antonio salía de Barcelona a principios de septiembre de 1829 camino de Sallent y Vic. Tenía 21 años y estaba decidido a ser sacerdote.

En el Seminario En el seminario de Vic, forja de apóstoles, Claret se formó como seminarista externo viviendo como fámulo de Don Fortià Bres, mayordomo del palacio episcopal. Pronto iba a destacar por su piedad y por su aplicación. Eligió como su confesor y director al oratoriano P. Pere Bac. Después de un año llegó el momento de llevar a cabo su decisión de entrar en la cartuja de Montealegre, y hacia allí salió, pero una tormenta de verano que lo sorprendió en el camino dio al traste con sus planes. Tal vez Dios no le quería de cartujo. Dio media vuelta y retornó a Vic.

Este hecho nos muestra la apertura tan grande de San Antonio a las inspiraciones del Espíritu Santo y a las obras y señales de Dios.

Al siguiente año, Antonio pasó la prueba de fuego de la castidad en una tentación que le sobrevino un día en que yacía enfermo en la cama. Vio que la Virgen se le aparecía y, mostrándole una corona, le decía: «Antonio, esta corona será tuya si vences». De repente, todas las imágenes obsesivas desaparecieron. Siempre la Virgen Santísima sale a la defensa y auxilio de sus hijos.

Bajo la acertada guía del obispo Corcuera el ambiente del Seminario era óptimo. En él trabó amistad con Jaime Balmes, que se ordenaría de Diácono en la misma ceremonia en que Claret se ordenó de Subdiácono. Fue en esta época cuando Claret entró en un profundo contacto con la Biblia, que le impulsaría a un insaciable espíritu apostólico y misionero.

Sacerdote: A los 27 años, el 13 de junio de 1835, el obispo de Solsona, Fray Juan José de Tejada, ex-general de los Mercedarios, le confería, por fin, el sagrado orden del Presbiterado, junto con otros compañeros seminaristas. Su primera misa la celebró en la parroquia de Sallent el día 21 de junio, con gran satisfacción y alegría de su familia. Su primer destino fue precisamente Sallent, su ciudad natal.

A la muerte de Fernando VII la situación política española se había agravado. Los constitucionales, imitadores de la Revolución francesa, se habían adueñado del poder. En las Cortes de 1835 se aprobaba la supresión de todos los Institutos religiosos. Se incautaron y subastaron los bienes de la Iglesia y se azuzó al pueblo para la quema de conventos y matanza de frailes. Contra este desorden pronto se levantaron las provincias de Navarra, Cataluña y el País Vasco, estallando la guerra civil entre carlistas e isabelinos.

Pero Claret no era político. Era un apóstol. Y se entregó en cuerpo y alma a los quehaceres sacerdotales a pesar de las enormes dificultades que le suponía el ambiente hostil de su ciudad natal. Su caridad no tenía límites. Por eso, los horizontes de una parroquia no satisfacían el ansia apostólica de Claret. Consultó y decidió ir a Roma a inscribirse en «Propaganda Fide», con objeto de ir a predicar el Evangelio a tierras de infieles… Corría el mes de septiembre de 1839. Tenía 31 años.

En Roma busca su identidad misionera: Con un hatillo y sin dinero, a pie, un joven cura atravesó los Pirineos camino de la ciudad eterna. Llegado a Marsella tomó un vapor a Roma. Ya en la ciudad eterna, Claret hizo los ejercicios espirituales con un padre de la Compañía de Jesús. Y se sintió llamado a ingresar como novicio jesuita; había ido a Roma para ofrecerse como misionero del mundo, pero Dios parecía no quererle ni misionero «ad gentes» ni tampoco jesuita. Una enfermedad -un fuerte dolor en la pierna derecha- le hizo comprender que su misión estaba en España. Después de tres meses abandonó el noviciado por consejo del P. Roothaan.

Regresado a España, fue destinado provisionalmente a Viladrau, pueblecito entonces de leñadores, en la provincia de Gerona. En calidad de Regente (el párroco era un anciano impedido) emprendió su ministerio con gran celo. Tuvo que hacer también de médico, porque no lo había ni en el pueblo ni en sus contornos, utilizando yerbas y ungüentos medicinales para aliviar las penas de los que venían a verle.

Misionero Apostólico en Cataluña: Como Claret no había nacido para permanecer en una sola parroquia, su espíritu le empujó hacia horizontes más vastos. En julio de 1841, cuando contaba con 33 años recibió de Roma el título de Misionero Apostólico. Por fin era alguien destinado al servicio de la Palabra, al estilo de los apóstoles. Esta clase de misioneros había desaparecido desde San Juan de Avila. A partir de entonces su trabajo fue misionar. Vic iba a ser su residencia. Claret, siempre a pie, con un mapa de hule, su hatillo y su breviario, caminaba por la nieve o en medio de las tormentas, hundido entre barrancos y lodazales. Se juntaba con arrieros y comerciantes y les hablaba del Reino de Dios. Y los convertía. Sus huellas quedaron grabadas en todos los caminos. Las catedrales de Solsona, Gerona, Tarragona, Lérida, Barcelona y las iglesias de otras ciudades se abarrotaban de gente cuando hablaba el P. Claret.

Caminando hacia Golmes le invitaron a detenerse porque sudaba; él respondía con humor: «Yo soy como los perros, que sacan la lengua pero nunca se cansan».

«Padre, confiese a mi borrico» -le dijo un arriero con tono burlón. «Quien se ha de confesar eres tú -respondió Claret- que llevas 7 años sin hacerlo y te hace buena falta». Y aquel hombre se confesó.

En otra ocasión sacó de apuros a un pobre hombre, contrabandista, convirtiendo en alubias un fardo de tabaco ante unos carabineros que les echaron el alto. La mayor sorpresa se la llevó el buen hombre cuando, al llegar a su casa, observó que el fardo de alubias se había convertido de nuevo en tabaco. Son algunas de las «florecillas claretianas» de aquella época.

Otros hechos prodigiosos se cuentan, pero sobre todo se destacaba su virtud de penetrar las conciencias. Tenía enemigos que le calumniaban y que procuraban impedir su labor misionera teniendo que salir en su defensa el arzobispo de Tarragona. Pero su temple era de acero. Todo lo resistía y salía airoso de todas las emboscadas que le tendían.

Además de la predicación, el P. Claret se dedicaba a dar Ejercicios Espirituales al clero y a las religiosas, especialmente en verano. En 1844 , por ejemplo, los daba a las Carmelitas de la Caridad de Vic, asistiendo a ellos Santa Joaquina Vedruna.

Durante este tiempo también publicó numerosos folletos y libros. De entre ellos cabe destacar el «Camino Recto», publicado en 1843 por primera vez y que sería el libro de piedad más leído del siglo XIX. Tenía 35 años. En 1847 fundaba junto con su amigo José Caixal, futuro obispo de Seu D’Urgel y Antonio Palau la «Librería Religiosa». Ese mismo año fundaba la Archicofradía del Corazón de María y escribía los estatutos de La Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amantes de la Humanidad, compuesta por sacerdotes y seglares, hombres y mujeres.

Apóstol de las Islas Canarias: ( marzo 1848 – mayo 1849) El 6 de marzo de 1848 salía de Cádiz para las islas Canarias con el recién nombrado obispo D. Buenaventura Codina. Tenía 40 años. Y es que tras la nueva rebelión armada de 1847 ya no era posible dar misiones en Cataluña. Desde el Puerto de la Luz de Gran Canaria hasta los ásperos arenales de Lanzarote resonó la convincente voz de Claret. Misionó Telde, Agüimes, Arucas, Gáldar, Guía, Firgas, Teror… El milagro de Cataluña se repitió de nuevo. Claret tuvo que predicar en las plazas, sobre los tablados, al campo libre, entre multitudes que lo acosaban. A pesar de una pulmonía no cesó en su intenso trabajo. En Lanzarote da misiones en Teguise y Arrecife.

Gastó 15 meses de su vida en las Canarias, y dejó atrás conversiones, prodigios, profecías y leyendas. Los canarios vieron partir con lágrimas en los ojos un día a su «padrito» y lo despidieron con añoranza. Era en los últimos días de mayo de 1849. Aún perdura su recuerdo.

«Estos canarios me tienen robado el corazón… será para mí muy sensible el día en que los tendré que dejar para ir a misionar a otros lugares, según mi ministerio» (Carta al obispo de Vic, 27 de sept.).

  1. Antonio M. Claret es Copatrono de la Diócesis de Canarias junto con la Virgen del Pino.

Fundador y director espiritual

Poco después, el 16 de julio de 1849, a las tres de la tarde en una celda del seminario de Vic fundaba San Antonio María Claret la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Tenía 41 años. Eran los Cofundadores los PP. Esteban Sala, José Xifré, Manuel Vilaró, Domingo Fábregas y Jaime Clotet.

«Hoy comienza una gran obra» -dijo el P. Claret.

¿Cómo serán los Hijos del Inmaculado Corazón de María?

«Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas»

El Padre Claret sabía que era impulsado por Dios; y Dios le reveló tres cosas:

1) Que la Congregación se extendería por todo el mundo. 2) Que duraría hasta el fin de los tiempos. 3) Que todos los que murieran en la Congregación se salvarían.

En la espléndida floración de nuevos institutos religiosos que se operó en el siglo XIX, fue el confesor real el más decidido colaborador que se encontraron casi todos los fundadores y fundadoras de su tiempo. Con la Madre París ya había fundado en Cuba el año 1855 el Instituto de Religiosas de María Inmaculada, llamadas misioneras claretianas, para la educación de las niñas.

Bajo su dirección espiritual se incluyen Santa Micaela del Santísimo Sacramento, fundadora de las Adoratrices, y Santa Joaquina de Vedruna, fundadora de las Carmelitas de la Caridad.

Intervino directa o indirectamente en otras fundaciones. Se relacionó con Joaquím Masmitjà, fundador de las Hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, con D. Marcos y Dña. Gertrudis Castanyer fundadores de las Religiosas Filipenses, con María del Sagrado Corazón fundadora de las Siervas de Jesús, con Ana Mogas fundadora de las Franciscanas de la Divina Pastora. Le encontramos con Fracesc Coll fundador de las Dominicas de la Anunciata. También tuvo parte en la fundación de las Esclavas del Corazón de María, de la M. Esperanza González. Y habría que añadir su influjo en la Compañía de Santa Teresa, Religiosas de Cristo Rey, etc.

Todas estas instituciones nacieron o germinaron gracias al P.Claret.

Arzobispo de Santiago de Cuba: (1851-1857) Un hecho de capital importancia puso pronto en peligro su recién fundado Instituto. El P. Claret era nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba. Aceptó el cargo después de todos los intentos de renuncia el 4 de octubre de 1849 y el día 6 de octubre de 1850 era consagrado obispo en la catedral de Vic. Tenía 42 años. Antes de embarcarse para Cuba y después de ir a Madrid a recibir el palio y la gran cruz de Isabel la Católica efectuó tres visitas: a la Virgen del Pilar, en Zaragoza, a la Virgen de Montserrat y a la Virgen de Fusimaña, en Sallent, su Patria chica. Y aún le dio tiempo, antes de partir, para fundar las «Religiosas en sus Casas o las Hijas del Inmaculado Corazón de María, actual Filiación Cordimariana.» En el puerto de Barcelona un inmenso gentío despidió al Arzobispo Claret con una apoteósica manifestación.

En el viaje hacia La Habana aprovechó para dar una misión a bordo para todos los pasajeros, oficialidad y tripulación. Y al fin… Cuba. Seis años gastaría Claret en la diócesis de Santiago de Cuba, trabajando incansablemente, misionando, sembrando el amor y la justicia en aquella isla en la que la discriminación racial y la injusticia social reinaban por doquier.

Fue un Arzobispo evangelizador por excelencia. Renovó todos los aspectos de la vida de la iglesia: sacerdotes, seminario, educación de niños, abolición de la esclavitud… En cinco años realizó cuatro veces la visita pastoral de la diócesis. El pueblo de Baracoa, por ejemplo, tenía 62 años que no veía obispo alguno.

Se enfrentó a los capataces, les arrancó el látigo de las manos… Un día reprendió a un rico propietario que maltrataba a los pobres negros que trabajaban en su hacienda. Viendo que aquel hombre no estaba dispuesto a cambiar de conducta, el Arzobispo intentó darle una lección. Tomó dos trozos de papel, uno blanco y otro negro. Les prendió fuego y pulverizó las cenizas en la palma de su mano. «Señor, -le dijo- ¿podría decir qué diferencia hay entre las cenizas de estos dos papeles? Pues así de iguales somos los hombres ante Dios».

El P. Claret tenía una capacidad inventiva que denotaba un ingenio poco común. En Holguín se organizaron fiestas populares. El número fuerte del programa era el lanzamiento de un globo tripulado por un hombre. El artefacto aerostático era de los primeros que se ensayaban en aquellos tiempos. No tuvo éxito; comenzó a elevarse, pero el piloto perdió el control y cayó en un pequeño barranco. El Arzobispo estudió el problema y un día sorprendió a todos: «Hoy he dado con el sistema de la dirección de los globos». Y les mostró un diseño, que todavía hoy se conserva.

Era un hombre práctico. Fundó en todas las parroquias instituciones religiosas y sociales para niños y para mayores; creó escuelas técnicas y agrícolas, estableció y propagó por toda Cuba las Cajas de Ahorros, fundó asilos, visitó cuatro veces todas las ciudades, pueblos y rancherías de su inmensa diócesis. Siempre a pie o a caballo.

Pero ni siquiera en Cuba le dejaron en paz sus enemigos. La tormenta de atentados llegó al cúlmen en Holguín, donde fue herido gravemente por un sicario a sueldo de sus enemigos, al que había sacado poco antes de la cárcel, cuando salía de la iglesia. El P. Claret, casi agonizando, pidió que perdonaran al criminal. A pesar de todo, sus enemigos siguieron sin perderle de vista.

Estas son las palabras del propio Santo: «Yo bajé del púlpito fervorosísimo, cuando he aquí que al concluir la función, había mucha gente y todos me saludaban. Se acercó un hombre, como si me quisiera besar el anillo; pero al instante alargó el brazo, armado con una navaja de afeitar, y descargó el golpe con todas su fuerza. Pero yo llevaba la cabeza inclinada y con el pañuelo que tenía en la mano derecha me tapaba la boca, en lugar de cortarme el cuello, como intentaba, me rajó la cara, o mejilla izquierda, desde la frente a la oreja hasta la punta de la barba, y de escape me cogió el brazo derecho.

Hecha la primera cura, me llevaron a la casa. No puedo yo explicar el placer, el gozo y alegría que sentía mi alma al ver que había logrado lo que tanto deseaba, que era derramar la sangre por el amor de Jesús y de María y poder sellar con la sangre de mis venas las verdades Evangélicas.

En la curación de las heridas ocurrieron tres cosas prodigiosas: la primera fue la curación momentánea de una fístula que los facultativos habían dicho que duraría. Con el corte de la herida se rompieron completamente las glándulas salivales. Tenían que operarme al día siguiente. Yo me encomendé a la Santísima Virgen María, me ofrecí y resigné a la voluntad de Dios, y al instante quedé curado.

El segundo prodigio fue que la cicatriz del brazo quedó como una imagen de la Virgen Dolorosa, de medio cuerpo, y además de relieve tenía colores blanco y morado. Se fue desvaneciendo con los años.

El tercer prodigio fue el pensamiento de la Academia de San Miguel, pensamiento que tuve en los primeros días de hallarme en cama y que fue aprobada por el Papa Pío IX.»

Los católicos de Cuba lo recuerdan con profundo cariño y veneración.

Confesor de la Reina Isabel II y Misionero en la Corte y en España: (1857-1868). Al cabo de seis años en Cuba un día le entregaron un despacho urgente del capitán general de La Habana en el que se le comunicaba que su Majestad la Reina Isabel II le llamaba a Madrid. Era el 18 de marzo de 1857.

Llegado a Madrid, supo el P. Claret que su cargo era definitivamente el de confesor de la Reina. Contrariado aceptó, pero poniendo tres condiciones: no vivir en palacio, no implicarle en política y no guardar antesalas teniendo libertad de acción apostólica.

Tenía 49 años cuando regresó de Cuba. Pero Claret no había nacido para cortesano. En los 11 años que permaneció en Madrid, su actividad apostólica en la Corte fue intensa y continuada. Pocas fueron las iglesias y conventos donde su voz no resonara con fuerza y convicción. Desde la iglesia de Italianos, situada en la actual ampliación de las Cortes y desde la iglesia de Montserrat, donde está situado actualmente el Teatro Monumental, desarrolló una imparable actividad. Principalmente se hizo notar en sus misiones al pueblo y en sus ejercicios al clero.

Restauró El Escorial y organizó en él un centro de estudio.

«Pero en la corte me sentía como un pájaro enjaulado… como perro atado… Tengo unos deseos tan grandes de salir de Madrid para ir a predicar por todo el mundo que no lo puedo explicar… Sólo Dios sabe lo que sufro… Cada día tengo que hacer actos de resignación conformándome a la voluntad de Dios…»

«No tengo reposo, ni mi alma halla consuelo sino corriendo y predicando»

Los viajes con la Reina. Mientras la acompañaba en sus giras por España aprovechaba también para desarrollar un intenso apostolado. A primeros de junio de 1858 la real caravana rodaba por las llanuras de la Mancha, Alicante, Albacete, Valencia… y en julio por Castilla, León, Asturias y Galicia.

El recorrido por el sur fue de un entusiasmo extraordinario, llegando a predicar en un solo día 14 sermones. El Reino de Dios era anunciado y el pueblo respondía con generosidad. «En estos viajes, la Reina reúne a la gente y yo les predico».

«Oh Virgen Y Madre de Dios… soy hijo y misionero vuestro formado en la fragua de vuestra misericordia y amor…

Presidente del Monasterio de El Escorial: La Reina le nombró Presidente del Real Monasterio de El Escorial para su restauración, dado su lastimoso estado a raíz de la ley de exclaustración de 1835. Desempeñó este cargo desde el año 1859 hasta el año 1868. Corto tiempo, pero suficiente para dar muestras de su talento organizador. Se repararon las torres y alas del edificio, así como la gran basílica. Se restauraron el coro y los altares, se instalaron dos órganos, se adquirió material científico para los gabinetes de Física y laboratorios de Química, se restauró la destartalada biblioteca y se construyó otra nueva; se repoblaron los jardines, se plantaron gran cantidad de árboles frutales y de jardín. Con todo, el Arzobispo ponía anualmente en manos de la Reina un buen superávit. Parecía un milagro.

Con la restauración material emprendió la espiritual. Creó una verdadera Universidad eclesiástica, con los estudios de humanidades y lenguas clásicas, lenguas modernas, ciencias naturales, arqueología, escolanía y banda de música. Estudios de Filosofía y Teología, con Patrística, Liturgia Moral y ciencias Bíblicas, lenguas caldaica, hebrea, arábiga, etc. Hizo de este monasterio uno de los mejores centros de España. Y gracias a su afán recuperó su esplendor la octava maravilla del mundo.

Apóstol de la prensa: «Antonio, escribe», -le dijeron Cristo y la Virgen-.

Como una enorme y sensible pantalla de radar, Claret escrutaba continuamente los signos de los tiempos: «Uno de los medios que la experiencia me ha enseñado ser más poderoso para el bien es la imprenta, -decía-, así como es el arma más poderosa para el mal cuando se abusa de ella».

Escribió unas 96 obras propias (15 libros y 81 opúsculos) y otras 27 editadas, anotadas y a veces traducidas por él. Sólo si se tiene en cuenta su extrema laboriosidad y las fuerzas que Dios le daba, se puede comprender el hecho de que escribiera tanto llevando una dedicación tan intensa al ministerio apostólico. Claret no era solamente escritor. Era propagandista. Divulgó con profusión los libros y hojas sueltas. En cuanto a su difusión alcanzó cifras verdaderamente importantes.

Jamás cobraba nada de la edición y venta de sus libros; al contrario, invertía en ello grandes sumas de dinero. ¿De dónde lo sacaba? De lo que obtenía por sus cargos y de los donativos.

«No todos pueden escuchar sermones… pero todos pueden leer…» «El predicador se cansa… el libro siempre está a punto… Son los libros la comida del alma…»

Entre el centenar de obras de todos tamaños que escribió, destacan: «Avisos» a toda clase de personas. «El camino recto» «El catecismo explicado» «El colegial instruido»

«Los libros son la mejor limosna».

En el año 1848 había fundado la Librería Religiosa junto al Dr.Caixal, futuro obispo de Seo de Urgel, precedida por la «Hermandad espiritual de los libros buenos», que durante los años que estuvo bajo su dirección hasta su ida a Cuba imprimió gran cantidad de libros, opúsculos y hojas volantes, con un promedio anual de más de medio millón de impresos. En el primer decenio de la fundación recibió la felicitación personal del Papa Pío IX.

Aún sacerdote fundó la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, cuya finalidad era la de mantener permanentemente la difusión de los libros y constituyó uno de los primeros ensayos de apostolado seglar activo por estar integrada por sacerdotes y seglares de ambos sexos.

Una de sus obras más geniales fue la fundación de la Academia de San Miguel (1858). En ella pretendía agrupar las fuerzas vivas de las artes plásticas, el periodismo y las organizaciones católicas; artistas, literatos y propagandistas de toda España para la causa del Señor. Gracias a su prestigio consiguió reunir en ella las figuras más representativas del campo católico español. En nueve años se difundieron gratuitamente numerosos libros, se prestaron otros muchos y se repartió un número incalculable de hojas sueltas.

Y fundó las bibliotecas populares en Cuba y en España. Más de un centenar llegaron a funcionar en España en los últimos años de su vida.

Bien merece el P.Claret el título de apóstol de la prensa.

Un hombre Santo: La suntuosidad cortesana no impidió al P. Claret vivir como el religioso más observante. Cada día dedicaba mucho tiempo a la oración. Su austeridad era proverbial y su sobriedad para las comidas y bebidas, admirable.

Este era su horario. Dormía apenas seis horas levantándose a las tres de la mañana. Antes que se levantaran los demás tenía dos horas de oración y lectura de la Biblia, luego otra hora con ellos, celebraba su Eucaristía y oía otra en acción de gracias, desde el desayuno hasta las diez confesaba y luego escribía. Lo que peor soportaba era la hora de audiencia hacia las doce. Por la tarde predicaba, visitaba hospitales, cárceles, colegios y conventos.

Su pobreza era ejemplar. Un día se llevó un susto al llevarse la mano al bolsillo. Le pareció haber encontrado una moneda, pero enseguida se repuso, no era una moneda, sino una medalla. En una ocasión no teniendo otra cosa para poder auxiliar a un pobre empeñó su cruz arzobispal.

San Antonio era un verdadero místico. Varias veces se le vio en estado de profundo ensimismamiento ante el Señor. Un día de Navidad, en la iglesia de las adoratrices de Madrid, dijo haber recibido al Niño Jesús en sus brazos.

En Intimidad con el Señor: La clave de toda la espiritualidad de San Antonio es el amor al Santísimo Sacramento, que devoró su corazón durante toda su vida. Este amor es el que le hace transformarse en Cristo, en Cristo paciente y sacrificado.

Desde niño acudía con frecuencia a la Santa Misa, reconociendo a Cristo realmente presente en la Eucaristía, fuente de toda su vida.

Dice San Antonio: «Sentía cómo el Señor me llamaba y me concedía el poder identificarme con El. Le pedía que hiciese siempre su voluntad.

La vivencia de la presencia de Jesús en la Eucaristía, en la celebración de la Misa o en la adoración de Jesús Sacramentado era tan profunda que no la sabía explicar. Sentía y siento su presencia tan viva y cercana que me resulta violento separarme del Señor para continuar mis tareas ordinarias».

Un privilegio incomparable del que fue objeto fue la conservación de las especies sacramentales de una comunión a otra durante nueve años. Así lo escribió en su Autobiografía:

«El día 26 de agosto de 1861, hallándome en oración en la iglesia del Rosario de La Granja, a las siete de la tarde, el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies sacramentales, y tener siempre día y noche el santísimo sacramento en mi pecho. Desde entonces debía estar con mucho más devoción y recogimiento interior. También tenía que orar y hacer frente a todos los males de España, como así me lo manifestaba el Señor en otras oraciones.»

Esta presencia, casi sensible, de Jesús en el P. Claret debió ser tan grande, que llegó a exclamar: «En ningún lugar me encuentro tan recogido como en medio de las muchedumbres».

Imagen de los dos corazones que colgaba en su cuarto

Devoción a la Virgen María, Madre y Maestra:

Desde niño, la devoción y el amor a la Santísima Virgen marcaron la vida de San Antonio. La Virgen Santísima era para él la estrella que le guiaba en su vida. Siempre la visitaba en el altar de su parroquia y se imaginaba que sus oraciones subían al cielo por unos «hilos misteriosos». Le gustaba visitar a la Santísima Virgen en su santuario de Fusimaña.

De niño, todos los días rezaba una parte del Santo Rosario y cuando mayor lo rezaba completo, los quince misterios todos los días. Era gran devoto del Santo Rosario a tal punto que la Virgen le dijo un día: «Tú serás el Domingo de estos tiempos. Promueve el Santo Rosario»

Pasaba largo tiempo frente a una imagen de la Virgen haciendo sus oraciones y rezos, y hablándole con cordialidad y confianza, porque estaba convencido de que la Santísima Virgen lo escuchaba…

En obsequio a la Virgen María se abstenía no sólo de pecados mortales, sino hasta de veniales, de faltas e imperfecciones, y aún se abstenía de cosas lícitas, solo para mortificarse y abstenerse de alguna cosa en obsequio a María Santísima.

El amaba a María, pero María le amaba más a él, pues siempre le concedía lo que pedía y aún cosas que nunca pidió, le concedió. La Virgen Santísima lo libró de enfermedades, de peligros y aun de la muerte muchas veces, por mar o por tierra; le libró de tentaciones y de ocasiones de pecar.

Decía el Santo: «Ya veis cuanto importa ser devoto de María Santísima. Ella os librará de males y desgracias de cuerpo y alma. Ella os alcanzará los bienes terrenales y eternos. …Rezadle el Santo Rosario todos los días con devoción y fervor y veréis como María Santísima será vuestra Madre, vuestra abogada, vuestra medianera, vuestra maestra, vuestro todo después de Jesús».

En otro lado dice: «Ni en mi vida personal, ni en mis andanzas misioneras podía olvidarme de la figura maternal de María. Ella es todo corazón y toda amor. Siempre la he visto como Madre del Hijo amado y esto la hace Madre mía, Madre de la Iglesia, Madre de todos. Mi relación con María siempre ha sido muy íntima y a la vez cercana y familiar, de gran confianza. Yo me siento formado y modelado en la fragua de su amor de Madre, de su Corazón lleno de ternura y amor. Por eso me siento un instrumento de su maternidad divina. Ella está siempre presente en mi vida y en mi predicación misionera. Para mí, María, su Corazón Inmaculado, ha sido siempre y es mi fuerza, mi guía, mi consuelo, mi modelo, mi Maestra, mi todo después de Jesús».

«Oh Virgen Madre de Dios… soy hijo y misionero vuestro, formado en la fragua de vuestra misericordia y amor…

Un hombre perseguido: No es de extrañar que un hombre de la influencia del P. Claret, que arrastraba a las multitudes, atrajera también las iras de los enemigos de la Iglesia. Pero las amenazas y los atentados se iban frustrando uno a uno, porque la Providencia velaba sobre él que se alegraba en las persecuciones. Fueron numerosos los atentados personales que sufrió en vida. La mayor parte frustrados por la conversión de los asesinos.

Pero fue peor la campaña difamatoria que se organizó a gran escala por toda España para desacreditarlo ante las gentes sencillas. Se le acusó de influir en la política, de pertenecer a la famosa «camarilla» de la Reina con Sor Patrocinio, Marfori y otros, de ser poco inteligente, de ser obsceno en sus escritos refiriéndose a «La Llave de Oro», de ser ambicioso y aún de ladrón. Pero Claret supo callar, contento de sufrir algo por Cristo.

Ante el reconocimiento del Reino de Italia: El 15 de julio de 1865, el gobierno en pleno se reunía en La Granja para arrancar a la Reina su firma sobre el reconocimiento del Reino de Italia, que equivalía a la aprobación del expolio de los Estados pontificios.

El P. Claret ya había advertido a la Reina que la aprobación de este atropello era, a su parecer, un grave delito, y la amenazó con retirarse si lo firmaba. La Reina, engañada, firmó. Claret no quiso ser cómplice permaneciendo en la corte. Oró ante el Cristo del Perdón, en la iglesia de La Granja, y escuchó estas palabras: «Antonio, retírate».

Transido de dolor al verse obligado a abandonar a la Reina en aquella situación, se dirigió a Roma. Allí el Papa Pío IX le consoló y le ordenó que volviera otra vez a la corte. La familia real se alegró inmensamente de su retorno. Pero una nueva tempestad de calumnias y de ataques se desencadenó contra él. Se puede decir de Claret que fue uno de los hombres públicos más perseguidos del siglo XIX.

Desterrado: El 18 de septiembre de 1868, la revolución, ya en marcha, era incontenible. Veintiún cañonazos de la fragata Zaragoza, en la bahía de Cádiz, anunciaron el destronamiento de la Reina Isabel II. Con la derrota del ejército isabelino en Alcolea caía Madrid, y la revolución, como un reguero de pólvora, se extendió por toda España.

El día 30, la familia real, con algunos adictos y su confesor, salía para el destierro en Francia. Primero hacia Pau, luego París. El P. Claret tenía 60 años.

Los desmanes y quema de iglesias se prodigaron, cumpliéndose otra de las profecías del P. Claret: la Congregación tendrá su primer mártir en esta revolución. En La Selva del Camp caía asesinado el P.Crusats.

El 30 de marzo de 1869 Claret se separaba definitivamente de la Reina y se iba a Roma.

Padre del Concilio Vaticano I: El día 8 de diciembre de 1869 comenzaron a llegar a Roma 700 obispos de todo el mundo, superiores de órdenes religiosas, arzobispos, primados, patriarcas y cardenales. Comenzaba el Concilio Ecuménico Vaticano I. Allí estaba el P. Claret.

Uno de los temas más debatidos fue la infalibilidad pontificia en cuestiones de fe y costumbres. La voz de Claret resonó en la basílica vaticana:

«Llevo en mi cuerpo las señales de la pasión de Cristo, -dijo, aludiendo a las heridas de Holguín-; ojalá pudiera yo, confesando la infalibilidad del Papa, derramar toda mi sangre de una vez».

Es el único Padre asistente a aquel Concilio que ha llegado a los altares.

El ocaso de sus días: El 23 de julio de 1870, en compañía del P. Xifré, Superior General de la Congregación, llegaba el Arzobispo Claret a Prades, en el Pirineo francés. La Comunidad de misioneros en el destierro, en su mayoría jóvenes estudiantes, recibió con gran gozo al fundador, ya enfermo. El sabía que su muerte era inminente. Pero ni siquiera en el ambiente plácido de aquel retiro le dejaron en paz sus enemigos. El día 5 de agosto se recibió un aviso. Querían apresar al señor Arzobispo. Incluso en el destierro y enfermo, el P. Claret tuvo que huir. Se refugió en el cercano monasterio cisterciense de Fontfroide. En aquel cenobio, cerca de Narbona, fue acogido con gran alegría por sus moradores.

«Me parece que ya he cumplido mi misión, en París y en Roma he predicado la ley de Dios… En París como capital del mundo, en Roma capital del catolicismo, lo he hecho de palabra y por escrito, he observado la santa pobreza…

Su salud estaba completamente minada. El P. Clotet no se separó de su lado y anotó las incidencias de la enfermedad. El día 4 de octubre tuvo un ataque de apoplejía.

El día 8 recibió los últimos sacramentos e hizo la profesión religiosa como Hijo del Corazón de María, a manos del P. Xifré.

Llegó el día 24 de octubre por la mañana. Todos los religiosos se habían arrodillado alrededor de su lecho de muerte. Junto a él, los Padres Clotet y Puig. Entre oraciones Claret entregó su espíritu en manos del Creador. Eran las 8:45 de la mañana y tenía 62 años.

Su cuerpo fue depositado en el cementerio monacal con una inscripción de Gregorio VII que rezaba: «Amé la justicia y odié la iniquidad, por eso muero en el destierro».

Glorificado:

Los restos del P. Claret fueron trasladados más tarde a Vic, en 1897, donde se veneran. El 25 de febrero de 1934 la Iglesia le inscribió en el número de los beatos. El humilde misionero apareció a la veneración del mundo en la gloria de Bernini. Las campanas de la Basílica Vaticana pregonaron su gloria.

Y el 7 de mayo de 1950 el Papa Pío XII lo proclamó SANTO. Estas fueron sus palabras aquel memorable día:

«San Antonio María Claret fue un alma grande, nacida como para ensamblar contrastes: pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo. Pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante. De apariencia modesta, pero capacísimo de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra. Fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia. Siempre en la presencia de Dios, aún en medio de su prodigiosa actividad exterior. Calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y, entre tantas maravillas, como una luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios».

(fuente: corazones.org)

Fuente: http://www.archimadrid.es/princi/princip/otros/santoral/santora

 

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Cúllar celebró la carrera “Corre por el Domund” con 10 kms de solidaridad

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Cúllar celebró la carrera “Corre por el Domund” con 10 kms de solidaridad

 

La parroquia de Cúllar ha organizado este año la II carrera solidaria “Corre por el Domund” para concienciar sobre el Domund y recaudar fondos para ayudar a los misioneros. La carrera ha tenido lugar el sábado 23 de octubre, víspera del Día del Domund. Ha sido una treintena de personas las que se han inscrito en la carrera, que ha tenido un recorrido de 10 kms por el entorno de la localidad.

La carrera ha estado organizada por la parroquia, cuyo párroco es Sebastián Robles, que además es el delegado diocesano de Misiones. Para el diseño de la ruta se ha contado con la asociación senderista de Cúllar “Anda ya” y han colaborado otros comercios con obsequios para los participantes. Los que han participado, han hechos u aportación al hacer la inscripción. Pero también ha habido personas que no querían correr o no podían y sacado su dorsal con su correspondiente donativo.
Esta II carrera solidaria “Corre por el Domund” es una iniciativa de Obras Misionales Pontificias, que se viene realizando en muchas parroquias de toda España. En la diócesis de Guadix, esta de Cúllar es la primera que se hace y, a decir por el resultado, cabe pensar que habrá más ediciones.

El Domund se celebra este domingo 24 de octubre en toda la Iglesia con el lema “Cuenta lo que has visto y oído”. En todas las parroquias habrá colectas para ayudar a los misioneros en su tarea de anunciar el Evangelio y hacer un mundo mejor.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Diócesis de Guadix

 

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Ángeles Cabido imparte un curso de educación afectivo-sexual en la Diócesis

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Las delegaciones de Enseñanza, Catequesis y Familia y Vida se han aunado para poner en marcha este curso que se impartirá además el sábado, 6 de noviembre

 

“Claves de educación afectivo-sexual para educadores” ha sido el nuevo curso que han organizado las delegaciones diocesanas de Enseñanza, Catequesis y de Familia y Vida este sábado, 23 de octubre, en el Palacio Episcopal. Una edición dirigida a educadores cristianos que acompañan a adolescentes, a familias, catequistas, profesores y monitores e impartida por Ángeles Cabido, profesora de Religión Católica, experta en educación afectivo-sexual y creadora del programa “Amarme bien, amarte bien”.

¿En la educación afectivo-sexual, qué no puede faltar en el educador, sea padre o formador?

Una mirada llena de estima que afirme al niño en su valor. Para educar y acompañar necesitamos introducirnos en la realidad que está viviendo (conocer su entorno, qué ve, qué oye, qué escucha…), formarnos muy bien y conocer cuáles son los anhelos más profundos de su corazón. Quien educa, siempre ha de estar abierto al asombro porque la persona es más que lo que aparenta. En cada niño y en cada adolescente existen deseos de felicidad y plenitud que tenemos que aprender a acompañar para que sean lo que están llamados a ser.

A veces, la escasa comunicación con los jóvenes dificulta esta tarea. ¿Hay alguna estrategia de diálogo para vencer la distancia?

El encuentro es posible porque lo que nos une siempre es mucho más grande que lo que nos separa. Reconocerlo es la clave fundamental para vencer esa distancia. Sobre estos y otros temas hablaremos en el curso. El encuentro acontece cuando descubrimos que tenemos algo en común y eso se puede generar en un instante pero es más sencillo en la confianza del día a día. Y una vez que se da ese encuentro es necesario tener respuestas a las preguntas que nos planteen pero igual de importante es aprender a preguntar y a responder con ternura para que la conversación sea verdadera. En estos aspectos profundizaremos en este curso.

¿Cómo se expresa el valor del ejemplo de la vida en pareja cuando la incidencia del divorcio en la sociedad actual es muy alta?

El matrimonio no ha fracasado, está fracasando la preparación. Si volvemos la mirada al corazón descubrimos que éste sigue anhelando un amor incondicional y duradero así que… está de nuestro lado, del lado de luchar por el verdadero amor.

Es verdad que el entorno condiciona nuestra vida, pero no la determina. Es importante volver la mirada a los deseos más profundos del corazón y enseñarles a dirigirlos hacia las metas que les gustaría alcanzar y, si el matrimonio es una de ellas, hay que empezar a construir su base desde muy pequeños con valores fundamentales para la vida matrimonial.

¿Qué ha cambiado en las familias para que sea necesaria esta formación?

Como decías anteriormente, el entorno ha cambiado mucho en los últimos años y los modelos y referentes de vida ya no son los que eran. Las familias necesitan ser apoyadas y arropadas en esta labor de educar. La Iglesia, como madre que es, quiere ayudar a las familias en su labor porque reconoce en ellas la célula básica de la sociedad (y de la Iglesia). La apuesta por este tipo de formación es una buena prueba de cómo la Iglesia se preocupa y ocupa de las familias del siglo XXI.

 ¿Está la educación reglada en colegios e institutos un poco lejos de acompañar a los jóvenes en la educación afectivo-sexual? Cuando lo hace, ¿en qué modelo se asientan?

Ya decía Aristóteles que “educar la cabeza sin educar el corazón no es educar en absoluto”. La educación reglada no ha contemplado, a lo largo de muchos años, la educación afectivo sexual de manera curricular. En la actualidad, el reto que existe es que esa educación ya presente en muchos centros no esté sesgada e ideologizada. La educación afectivo sexual es real si contempla y educa a la persona entera, en todas sus dimensiones, para la verdad, la belleza, el bien y el amor. Es verdad que existen muchos modelos de educación y que en los colegios se eligen aquellos que son afines a sus idearios. Pero, como dice Monseñor Munilla, “La familia es el lugar privilegiado de la educación del corazón” y, por tanto, han de velar que lo que en el colegio se les enseña es el bien que quieren para sus hijos y, si no lo es, pronunciarse.

¿Qué propone este curso de educación afectivo-sexual organizado por la Diócesis? ¿Cuáles son sus claves?

Este curso nace con el objetivo de que los educadores (familias, profesores, catequistas…) vivan una experiencia personal que les ayude a entender y a acompañar mejor a los niños y adolescentes que les han sido encomendados.

Se trata de una formación integral y personalista que dota al educador de recursos teóricos y prácticos en el terreno de la afectividad, la sexualidad y el amor.

Quienes hacen este curso afirman que les ha ayudado a conocerse y a comprenderse mejor a través de una formación vivencial y, tras la experiencia de conectar razón y corazón, se sienten más capacitados para educar y acompañar a los más jóvenes.






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La Sinodalidad centra el Consejo Diocesano de Laicos

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Este órgano de colaboración con el Obispo se ha reunido en el Centro de Magisterio “Sagrado Corazón” durante la mañana del sábado, 23 de octubre

El Consejo Diocesano de Laicos ha mantenido este sábado, 23 de octubre, la primera reunión del nuevo curso pastoral con el Obispo, en el Centro de Magisterio “Sagrado Corazón”, con el fin de abordar diversos asuntos de interés general en la diócesis de Córdoba.

Este órgano de representación de los fieles laicos de la Diócesis de Córdoba, que tiene como fin principal  promover la presencia y participación de los laicos seglares en la vida de la Iglesia diocesana y en la sociedad, ha profundizado en la Carta Pastoral del Obispo de comienzo de curso “Una nueva etapa llena de esperanza” y se ha centrado en un asunto de máxima actualidad, que marcará la vida de la Iglesia durante los próximos meses como es el Sínodo de los Obispos.

De manos del Vicario General, los presentes han podido saber qué es y qué no es la Sinodalidad, para seguidamente, trabajar por grupos un apartado de la “Guía de Trabajo del Documento preparatorio del Sínodo” que se ha elaborado en la diócesis de Córdoba.

La reunión ha concluido con la preparación de la Asamblea Sinodal prevista para 26 de marzo de 2022.














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«El Papa os pide coraje como miembros de la Iglesia»

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El Santuario de la Fuensanta acogía esta mañana el encuentro del nuncio del Papa con los laicos de la Diócesis de Cartagena.

«Pedimos a Dios que su visita sea un nuevo impulso para nuestra Diócesis y que pueda conocer con detalle la pasión misionera y la riqueza espiritual con la que se nos ha bendecido en esta tierra». Con estas palabras, Juan José González, coordinador del Equipo Sinodal Diocesano, daba la bienvenida al nuncio del Papa, en nombre de los laicos de la Diócesis de Cartagena, en un encuentro que ha tenido lugar esta mañana en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, en la pedanía murciana de Algezares. Un encuentro en el que laicos representantes de los diferentes arciprestazgos de las ocho zonas pastorales han manifestado al nuncio su ilusión y ganas de participar en la renovación de la Iglesia a la que el Papa Francisco les invita con este nuevo Sínodo.

El encuentro ha contado con el testimonio de varios laicos. Noelia Sánchez de Acción Católica General y trabajadora de Cáritas ha narrado su experiencia de fe, asegurando que Dios ha puesto en su vida a personas que le han ayudado a «hacer un camino donde poder vivir, celebrar y agradecer una Iglesia tradicional, parroquial, adulta, joven, de comunión, una Iglesia de servicio, doméstica y pobre». Manuel Medina ha explicado cómo fue su participación en la preparación y celebración del Congreso Nacional de Laicos y cómo esa experiencia le aproximó a la rica vida laical de la Diócesis. Una experiencia que también ha compartido Juan Orts, de la Vicaría de Cartagena: «Discernimiento, sinodalidad, corresponsabilidad, misión… son conceptos que entraron de lleno en mi vida y daban sentido a todo el proceso de conversión comunitaria que estábamos viviendo».

La religiosa Ana Galeote, salesiana del Sagrado Corazón, y el laico Carmelo Gómiz, ambos miembros del Equipo Sinodal Diocesano, han hablado de la Iglesia que sueñan para el futuro fruto del proceso de sinodalidad que vive la Diócesis de Cartagena.

Tras una primera parte, en la que se han compartido experiencias, han celebrado juntos la Eucaristía. Al inicio de la misma, el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca, le ha explicado al nuncio el trabajo que los laicos están desarrollando en este tiempo de sinodalidad: «Estos hermanos han trabajado con mucho amor y responsabilidad al servicio de la Iglesia diocesana… Han aprendido lo que dice el Papa Francisco, que debemos cuidar la comunión».

«Me alegra encontrarme con vosotros, que queréis vivir la fe de un modo consciente y comprometido, con la tarea que implica, ante todo, el testimonio», le ha dicho Mons. Auza a los representantes del laicado diocesano, a quienes ha trasladado un mensaje de aliento del Papa Francisco: «En nombre del Santo Padre, su aliento, su bendición y su gratitud. Su Santidad os pide coraje como miembros de la Iglesia, Pueblo de Dios en salida, que vive en una historia concreta, que nadie ha elegido, sino que le viene dada, como una página en blanco en la que escribir, no con respuestas prefabricadas, sino encarnadas y contextualizadas para hacer comprensible y asequible la verdad de Cristo».

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10.629 misioneros, el anuncio de la fe en los 5 continentes

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La Iglesia celebra el domingo 24 de octubre el Domingo Mundial de las Misiones, el DOMUND. Es el día en el que toda la Iglesia reza por la causa misionera. Es el día para recordar la implicación de todos los cristianos en la misión de la Iglesia. Es el día para ayudar con una aportación económica a su sostenimiento. Y es el día para tener especialmente presentes a los que, respondiendo a la llamada, dejaron su país de origen para salir a la misión.

A esta llamada respondió el jesuita Fernando López. Nació en la Isla de La Palma. Pero su destino, desde 1988, está en la Amazonía.

Fernando López: «¿de qué lado te quieres poner tú?«

Su vocación misionera se remonta a cuando tenía 15 años, una vocación que nació como respuesta a un interrogante: «Me pregunté cómo era el haber nacido en mi familia, con todo, y nuestros hermanos africanos o los indios de América con nada, ¿es una cuestión de suerte o mala suerte? Me dije: “Fernando, ¿de qué lado te quieres poner tú?”.

En un primer momento se puso del lado de la Física. Pero en Sevilla, donde cursaba estudios, estableció contacto con los jesuitas. En 1985, acabada esta etapa académica, llegó a Paraguay.

Sintió dolor por lo que dejaba atrás -la familia, una novia, su vocación como físico- pero experimentó que aquella era la tierra donde Dios le invitaba a sembrar.

Fernando López pertenece a la Red Itinerante de la Amazonía CLAR-REPAM donde varias instituciones, congregaciones, laicos y laicas, religiosos y religiosas se unen para llegar juntos en la Amazonía donde solos no podrían llegar. Se trata de hacerse presentes donde no llegan otras realidades para escuchar a esos pueblos, conectar con la realidad gritante de la Amazonia y para defender la vida.

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«Los pueblos indígenas transformaron mi realidad, mi vida».


En datos

Fernando López es uno de los misioneros españoles en tierra de misión. Según los datos que hace públicos Obras Misionales Pontificias, instrumento oficial de la Iglesia que se encarga del sostenimiento de los territorios de misión, España es uno de los países con más misioneros:

  • En su base de datos hay registrados 10.629 misioneros: de ellos, 7.180 están en activo, y 3.449 en Españacolaborando con la animación misionera o a la espera de nuevos destinos.
  • Los misioneros españoles están en 135 países. El país con más misioneros españoles es Perú (673).
  • Unas 387 instituciones envían misioneros a la misión.

Los voluntarios

– En la misión: cada año hay alrededor de 10.000 personas, entre las que destaca la labor de los jóvenes, que dedican tiempo de su vida a hacer una experiencia misionera.

– En la actualidad hay 1.025 voluntarios en las delegaciones diocesanas de misiones, y en parroquias o archiprestazgos que trabajan en la animación misionera, y en la realización de una “misión de retaguardia”.

Territorios de Misión

  • Hay 1.116 territorios de Misión, lo que representan un tercio de las diócesis del mundo y 43,13% de la superficie de la tierra.
  • El porcentaje de personas que vive en Territorios de Misión es un 45,07% de la población.
  • Las misiones albergan uno de cada tres bautismos en el mundo.
  • En promedio, un sacerdote atiende a más del doble de habitantes en los territorios de Misión.
  • En conjunto, la Iglesia Católica cuenta con 26.890 instituciones sociales y 119.200 instituciones educativas.

Fuente: Obras Misionales Pontificias (OMP)

20/10/2021

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Cartagena, segunda parada en la visita del nuncio

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En la ciudad portuaria Mons. Bernardito Auza rezó ante la patrona, la Virgen de la Caridad.

La visita a Cartagena comenzaba ayer, a las 17:00 horas, en la Asamblea Regional. El nuncio apostólico del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, fue recibido por el presidente de la institución, Alberto Castillo. Firmó en el libro de honor y recibió como regalo una maqueta del submarino Peral. Tras esto, la alcaldesa de la ciudad, Noelia Arroyo, le esperaba en el Palacio Consistorial, donde fue obsequiado con el libro Teatros de Pedro Cano, el catálogo de la exposición que se muestra actualmente en el Museo del Teatro Romano de la ciudad portuaria. El nuncio también dejó su rúbrica en el libro de honor del Ayuntamiento.

Antes de continuar su visita por los templos cartageneros, Mons. Auza, paseó por la ciudad; concretamente conoció, desde el parque Cornisa, el Teatro Romano y entró en la antigua iglesia de Santa María. En todo momento estuvo acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico; el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil; y el vicario de zona, José Abellán; así como por el primer consejero de Nunciatura, Mons. Daniele Liessi, que le acompaña durante todo el viaje.

Sobre las 19:30 horas, en la basílica de la Virgen de la Caridad, actualmente en obras, le esperaban sacerdotes y miembros del Santo y Real Hospital de Caridad para rezar con él ante la patrona de la ciudad, a quien le cantaron la Salve cartagenera. El nuncio mostró su interés hacia las labores de servicio a los más necesitados que realiza esta institución, cuyo hermano mayor le entregó un libro con el resumen de todas las actuaciones de restauración que se están llevando actualmente a cabo en el templo.

La tarde terminaba con el rezo de Vísperas en la parroquia de Santa María de Gracia, donde Mons. Auza habló de la importancia de la caridad cristiana, «caridad de fe», pues aseguró que «donde hay caridad Dios está ahí, pues como dice el Papa Francisco, Cáritas encarna la institución del amor de la Iglesia que se acerca a la situación concreta que necesita cada persona».

Finalizó su visita pidiendo a la patrona por la ciudad de Cartagena y por la Diócesis.

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El idioma universal de la caridad

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Oussama buscaba en España un futuro mejor para él y su familia. Después de una durísima travesía en cayuco, el futuro no se presentaba demasiado halagüeño para él y el resto de los jóvenes que acabaron hacinados en el campamento de Las Raíces, en La Laguna. Su tesón y esfuerzo, sin embargo, ha propiciado que cada vez tenga más cerca su objetivo de establecerse en Europa, el verdadero sueño de los miles de migrantes africanos que cada día se juegan la vida en el Océano Atlántico.

En ese sueño han adquirido un papel fundamental personas voluntarias de Cáritas como Jesús, Elisuán, Esther, José y Cristina, que desde hace unas semanas imparten clases de español a chicos como Oussama, todos los martes, miércoles y jueves por la tarde en el Arciprestazgo de Tacoronte. “Vengo a dar las clases porque enseñar al que no sabe es una obra de caridad”, recuerda Esther, quien deja claro que “para mí es importante aprender de lo que me dicen, porque ellos también nos enseñan y necesitan hablar, contarnos cómo era su vida, la historia de su familia; y yo he aprendido mucho con ellos”, destaca.

Empatía y solidaridad

Para la voluntaria de Cáritas Diocesana de Tenerife, “es muy gratificante ver lo agradecidos que están con las clases; verles las caras cuando cada tarde al terminar nos dan las gracias, es muy gratificante”.

En la misma línea se expresa José, otro de los profesores voluntarios. “Creo, sinceramente, que uno de los aspectos que nos hace humanos es la capacidad de empatizar y solidarizarnos con los menos favorecidos”. “Cualquiera de nosotros podría verse un día en esa situación de necesitar ayuda en algún aspecto, ya sea material o humana”, recuerda José, que también subraya la importancia del “valor cristiano”. “Si sigues a Cristo, uno tiene el deber de ayudar a su prójimo”, destaca.

“Personalmente, debo dar gracias por todo lo que me ha dado Dios y la vida. Y ello debe revertir un poco en los demás. Aunque sé que doy poco para lo mucho que he recibido”, confiesa.

Comunicarse en español

Oussama, por su parte, está eternamente agradecido a sus profesores y al voluntariado de Cáritas Diocesana de Tenerife, y deja claro que le gusta venir a clase, sobre todo porque necesita hablar español “para conseguir un trabajo”.

En un más que decente castellano, y a pesar del poco tiempo que lleva en las clases, Salif señala: “Yo todos los días que hay clase vengo para aprender español y poder hablar con otras personas”.

Una afirmación que suscribe Zouheir, quien deja claro que quiere aprender español “poco a poco”, para poder “entender a los demás”. “Aquí me tratan bien muy mucho”, asevera entre risas.

Sus testimonios confirman el éxito de la iniciativa emprendida por el voluntariado vinculado a Cáritas Diocesana de Tenerife, al que se han sumado otras personas de la zona. Una de ellas es Cristina, una maestra jubilada que asegura que para ella dar clases de español es una oportunidad “doble”.

“Mi primera motivación ha sido poder acoger como hermanos y hermanas a las personas jóvenes que vienen a nuestra Isla, con los medios de los que dispongo, que son mi experiencia y mi formación de maestra”. “Tengo dos hijos y siempre me he planteado el hecho de que si fueran a buscar una vida y un horizonte mejor a otros países, querría que los trataran como iguales”, concluye Cristina.

Cáritas Diocesana de Tenerife

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Santa Misión 2021- Programación del sábado 23 de octubre

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Santa Misión 2021- Programación del sábado 23 de octubre

Parroquia de Ntra. Sra. de La Candelaria

10:00 hs: Salida del Señor hacia la Parroquia de Ntra. Sra. de La Candelaria haciendo estación en la parroquia de San Lucas Evangelista.

El Vía Crucis se realizará en las feligresías de Blanca Paloma – Nuestra Sra. De la Candelaria

19:00 hs: Jubileo de adolescentes.

Mas información en https://www.gran-poder.es/ 

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San Juan de Capistrano

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San Juan de Capistrano

San Juan de CapistranoNació en Capistrano (Italia), en la región de los Abruzos, el año 1386. Después de estudiar derecho en Perusa, ejerció el cargo de juez hasta que ingresó en los franciscanos. Una vez ordenado sacerdote, viajó infatigablemente por toda Europa predicando, trabajando en la reforma de las costumbres y en la lucha contra las herejías de su tiempo. Murió el año 1456 en Ilok (Austria).

http://www.santopedia.com/santos/san-juan-de-capistrano

 

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