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Nuestra Señora de los Ángeles

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Nuestra Señora de los Ángeles

Nuestra Señora de los ÁngelesLa Virgen María es la Madre de Jesucristo. Por esta razón, ha sido venerada siempre como la criatura más excelsa, por encima de todos los Santos y de los Ángeles. Por ser Madre de Dios es justamente Reina y Señora de los Ángeles.

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HOMILÍA DEL DOMINGO XVIII DEL T. O.

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Lecturas bíblicas:  Éx 16,2-4.12-15; Sal 77,3-4.232-25.54 R/. «El Señor les dio pan del cielo»); Ef 4,17.20-24; Aleluya: Mt 4,4b «No sólo de pan vive el hombre…»); Jn 6,24-35.

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de hoy es un fragmento del evangelio de san Juan, que sigue a la multiplicación de los panes y los peces que realizó el Señor para no tener que despedir a la gente que le seguía en despoblado y sin comida.  El impacto del milagro debió de ser grande, acrecentando el movimiento en torno a Jesús. La multitud busca a Jesús en la orilla oriental del lago, pero Jesús ha regresado con sus discípulos a Cafarnaún, en la orilla occidental, y la gente se vuelve para ir hasta él. El evangelista recompone este discurso fuerte y claro de Jesús, en el que profiere la denuncia profética de una religiosidad interesada, la motivación errada de quienes le buscan. Es verdad que el evangelista elabora el discurso de Jesús, pero el discurso es resultado de la preocupación del evangelista por narrar un acontecimiento de la historia de la salvación como la disputa de los hebreos con Moisés en el desierto y el don del maná, pasaje que recoge la lectura del libro del Éxodo, y el contexto el debate de Jesús con los judíos sobre la fe en la revelación de su persona, cuestión que motiva la multiplicación de los panes y lo peces. La cuestión más honda sobre cómo aceptar la revelación de Jesús estriba en que la fe es don de Dios y sólo Dios puede concederla, por eso Jesús les dice: «Nadie puede venir a mí, si no se lo concede el Padre» (Jn 6,65→6,45)[1].

Hemos visto que se da un paralelismo entre la actitud de los israelitas incapaces de afrontar el sacrificio que representa la marcha hacia la tierra prometida, que es tanto como decir hacia la patria en libertad, y protestan por la falta de comida en el desierto.  Protestan a Moisés por la situación que padecen y manifiestan sin ambages que hubieran preferido permanecer en la esclavitud de Egipto sentados «alrededor de la olla de carne, comiendo hasta hartarse», a tener que peregrinar hacia la libertad por un desierto sin comida, «para matar de hambre a toda la comunidad» (Éx 16,3).            Moisés los tranquiliza con la promesa del maná, que el Señor hará bajar del cielo cada mañana, don con el que Dios quiere poner a prueba al pueblo elegido, al que quiere guiar de etapa en etapa por el desierto para hacerle comprender que no son ellos los que encontraron el camino hacia la libertad, sino Dios que los llama al desierto y los guía hacia la patria prometida. Por eso, el autor presenta la murmuración contra Moisés como expresión del interés del pueblo por su permanencia en Egipto, donde podrían haber comido, y no en el desierto, las ollas de carne que dicen añorar. La falta de comida es para los israelitas un atentado tan grande contra el pueblo que los murmuradores llegan a decirle a Moisés que la falta de alimento y agua puede poner en peligro la nación[2]. A la pregunta de Moisés de por qué tientan a Dios, los murmuradores responden con otra pregunta a Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?» (16,3).

Los comentaristas observan la trascendencia de la protesta contra Moisés como protesta contra Dios, porque si Dios se ha dado a conocer en la liberación de los israelitas de la esclavitud de Egipto y ellos prefieren haber permanecido en Egipto, la relación entre Dios y su pueblo ha fracasado. A pesar del paso del Mar Rojo, en el sucumbieron el faraón y su ejército, a los israelitas les falta fe en Dios y la perspectiva de la alianza se nubla, porque no confían en que Dios les protegerá frente a las adversidades que pueden sobrevenirle. A pesar de la rebeldía de los liberados, Dios salva a Israel de la situación creada por el hambre y la sed del desierto dándoles el maná, el “pan del cielo”, después de satisfacerles el ansia de comer carne. El pan del maná les llega como don de Dios, y así lo contempla el salmista al afirmar que es el Dios de Israel quien les «hizo llover maná para comer y les dio hizo llegar un trigo celeste» (Sal 78,24); igual que el recorrido del desierto no lo han trazado los fugitivos israelitas, lo ha trazado el mismo Dios, que «no los llevó por el camino del país de los filisteos, aunque era el más corto» (Éx 13,17), bordeando la costa mediterránea, para evitar que, al verse atacados, decidieran volverse, sino que los encaminó hacia el desierto del mar de Suf o “de las Cañas”, donde tendrá lugar tanto el paso del Mar Rojo como los episodios de la rebelión contra Moisés. El camino del desierto es parte del designio de Dios, que quiere así enseñar a su pueblo poniéndolo a prueba: «para probarte y para conocer lo que había en tu corazón: si ibas a guardar sus mandamientos o no» (Dt 8,2). De esta manera Dios enseña a Israel que «no sólo de pan vive el hombre» (Dt 8,3).

No vive sólo del pan cuotidiano, que el mismo Jesús nos ha enseñado a pedirle a Dios Padre, porque vivimos no sólo del don de cada día, sino del donante, de aquel que cada día nos da el pan: de la vida de aquel que nos va la vida. Este es el contenido del discurso de Jesús sobre el pan de vida. Jesús mismo es el pan que da la vida. Los judíos buscaban a Jesús porque, en la multiplicación de los panes y los peces, les había les había dado el pan cotidiano. No habían visto en aquella comida milagrosa el signo visible del verdadero pan, y por eso les recrimina el bajo interés que les mueve y les exhorta: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura y da vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre» (Jn 6,27). Los israelitas no comprendieron bien lo que estaba en juego en el don del maná, porque no fueron ellos los que tentaron a Dios, sino Dios el que tentó a Israel. No podían aceptar que era Dios el que les ofrecía la vida divina en Jesús y no tuvieron fe en él, mientras la obra que Dios quería de ellos era justamente la fe en el Hijo del hombre: «que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6,29).

La multiplicación de la comida es el signo que revela al Hijo como presencia de Dios en el mundo y alimento de vida eterna. Se produce así un diálogo en el que los interlocutores de Jesús hablan en un plano meramente humano mientras Jesús les habla del misterio de su persona como portador y donante de vida eterna. Del mismo modo que el maná venía del cielo y era don de Dios, así ahora les dice que él viene de Dios y que han de creer en él. De este modo Jesús se coloca en lugar del maná igual que se coloca en el lugar del agua, ambas realidades que sostienen la alimentación terrena remiten a al que da la vida divina y el Espíritu que está simbolizado en el agua que apaga la sed para siempre, y quien la bebe —dijo Jesús a la samaritana— «nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14).

No obstante, el discurso deja ver que no se quedan en el plano literal del debate, es decir, en la mera comprensión del don del maná y del don de la multiplicación de los panes. Los adversarios de Jesús saben que el discurso sobre el maná es alegoría de la ley de Dios, por eso el diálogo deja ver cómo los judíos conocen la equiparación del maná y con el alimento que vivifica y que es la ley divina, los mandamientos que han de guardar. Los adversarios de Jesús saben que el cumplimiento de la ley vivifica, pero les falta fe para aceptar que Jesús transfiera el maná de la ley divina a su palabra, más aún a que Jesús mismo, su persona sea el lugar donde Dios se hace presente y les habla. No aceptan la exhortación de Jesús a buscar el alimento imperecedero, más allá de la ley, en su persona, por eso quieren saber qué “obra” realiza parta que crean en él, es decir, le piden el signo que le acredite como sucedió con Moisés (cf. Jn 6,30-31). Conocen sus orígenes, como ya hemos visto en domingos anteriores, y no tienen fe en que la presencia de Dios en la ley es sustituida por la presencia de Dios en quien es enviado como palabra encarnada, como aquel que se identifica a sí mismo con el Hijo del hombre, porque es el enviado del Padre que ha bajado del cielo y ha de volver a subir a él (Jn 3,13; 6,62; 17,11.13)[3]. Como palabra encarnada, igual que la ley divina es alimento del creyente, así Jesús es el verdadero maná y pan del cielo que ha bajado del cielo y da vida al mundo, por eso el donante de este maná de vida eterna no es ya Moisés, sino el Hijo del hombre, con el cual se identifica Jesús.

El discurso del pan de vida tiene una significación eucarística, a la que se llega a partir de la significación de la palabra divina como pan de vida eterna. Al meditar el discurso del pan de vida no debemos dejar de tener presente, como observan los comentaristas, que en este discurso se refleja también la práctica sacramental de las comunidades judías cristianas. Sin dejar de considerar que Jesús es la Verbo encarnado en quien Dios ofrece al mundo la novedad de la ley evangélica, hay que tener presente que Jesús es la palabra de Dios hecha carne y bajada del cielo en la que se le da no sólo a Israel, sino a todo el que cree, porque el amor de Dios por el mundo se manifiesta en la entrega que Dios ha hecho de su Hijo al mundo para que el mundo no perezca (cf. Jn 3,16-17).

San Pablo en la carta a los Efesios, que seguimos leyendo, nos exhorta a la renovación que en nosotros ha de producir el Espíritu, y exhorta a dejarse renovar y transformar por el Espíritu de Dios Padre y de Jesucristo su Hijo. Hemos de revestirnos por medio del Espíritu, de su acción renovadora en nosotros, de la «nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas» (Ef 17,24). Por medio de la acción del Espíritu Dios transforma nuestra condición humana al transformar el pan y el vino terrenos en el pan celestial del cuerpo de Cristo y en la bebida vivificadora de su Sangre, pues el Espíritu Santo es el gran protagonista de toda acción sacramental. Transformados los dones eucarísticos por la acción del Espíritu Santo, producen en nosotros la transformación deseada por el Apóstol, mediante la cual adquirimos la nueva condición por asimilación a Cristo. Somos en verdad hijos en el Hijo de Dios y en él somos divinizados por la acción del Espíritu en nosotros.

Esto tiene que tener consecuencias morales, porque los cristianos han de contribuir con la entrega generosa de su vida a saciar el hambre de los hambrientos y la sed de justicia de los sedientos, empeñándose en la transformación de la sociedad, donde se supere el hambre y la injusticia, compromiso que el cristiano no puede eludir. Mas no sólo, la vida en Cristo exige aquella coherencia que sólo puede emanar de la renuncia al pecado, dejándose transformar por el Espíritu, lejos de la vaciedad de los pensamientos de los paganos, dice el Apóstol, que se dejan gobernar por la vanidad del mundo. Pudiera parecer una discriminación del mundo no cristiano infravalorado frente a la superioridad moral del cristiano, pero no se refiere san Pablo a los valores naturales de la humanidad, sino a la situación de abandono de los paganos en una vida marcada por el pecado, tal como los corintios la habían conocido antes de hacerse cristianos convirtiéndose al evangelio de Cristo. Todos conocemos la fuerza del pecado en nuestra vida, por eso la transformación que anhelamos no es posible sin la vida de la gracia que nos llega por la fe y los sacramentos, de un modo singular por la participación en la Eucaristía que vamos a celebrar.

S. A. I. Catedral de la Encarnación

1 de agosto de 2021

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Ilustración. Marko Ivan Rupnik, Jesús Resucitado parte el pan para los discípulos de Emaús. Mosaico de de Santa María la Real de la Almudena. Madrid

[1] Cf. X. Léon-Dufour, Lectura del evangelio de Juan, vol. II. Jn 5-7 (Salamanca 1992) 110-113.

[2] B. S. Childs, El libro del Éxodo. Comentario bíblico y teológico 292-293.

[3] X. Léon-Dufour, cit., 105-106.

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MONSEÑOR RICO PAVÉS PRESIDE SU PRIMERA EUCARISTÍA COMO OBISPO DE ASIDONIA-JEREZ

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La Parroquia de San Rafael y San Gabriel de Jerez de la Frontera acoge la primera Eucaristía de Monseñor Rico Pavés Obispo de Asidonia-Jerez.

Esta mañana a las 10hrs la Parroquia de San Rafael y San Gabriel de Jerez de la Frontera acogido la primera Eucaristía de Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Tras la toma de posesión vivida ayer en la Santa Iglesia Catedral, el prelado ha elegido este primer templo diocesano, situado en la zona sur de la ciudad sede de la Diócesis, para albergar su primera Misa.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias todos los fieles de esta parroquia en la que está presente la Hermandad de la Salud de San Rafael han vivido el día del Señor junto a Monseñor Rico Pavés quien ha mencionado en el día de hoy tres enseñanzas. La primera de ellas es el acercarnos a Dios y orar ante las situaciones no favorables de nuestra vida, convertir las quejas que surgen en esos momentos malos en oración y no enfrentamiento entre los hermanos. La segunda, Monseñor Rico Pavés ha querido destacar que nunca olvidemos que como cristianos ante situaciones buenas o malas de la vida debemos siempre reflexionar si hemos actuado fieles a Cristo o hemos sido arrastrados por el mundo. Y, por último, el prelado nos pide que nos preguntemos, ¿por qué seguimos a Jesús?, ya que creer es ver con los ojos de Él y llenarnos de su amor.

Por otro lado, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez junto al equipo de sacerdotes de la Parroquia de San Rafael y San Gabriel, el Seminario junto a formadores y Rector de los Seminarios Diocesanos han anunciado para el 18 de septiembre en el primer templo de la Diócesis a las11hrs se ordenarán presbíteros Jorge Luis Pérez Toledo y Daniel Cárdenas Prieto. Asimismo, con motivo de la situación de pandemia que vivimos y siendo titular de la Hermandad de Salud de San Rafael Nuestro Padre de la Salud, Monseñor Rico Pavés ha rezado por todas las familias en las que esta presente la enfermedad.

Por último, para finalizar la visita a esta parroquia D. José Rico ha conocido el Economato Padre Antonio Valdivielso, muy presente en la vida de la comunidad de este templo, y el cual durante el mes de septiembre de este año cumplirá su primer de su creación.

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Jubileo Circular de las Cuarenta Horas en agosto

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Jubileo Circular de las Cuarenta Horas en agosto

Las Cuarenta Horas de Jubileo Circular o rotatorio por numerosas iglesias de Sevilla permite llevar el culto eucarístico a distintos ambientes y lugares dado su carácter itinerante buscando el encuentro con Jesús Sacramentado.

Calendario para agosto de 2021
  • 1, 2 y 3 de agosto. Hermandad de los Negritos. Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles (C/Recaredo, 15)
  • 4, 5, 6, 7, 8 y 9. Adoración Eucarística Perpetua. Capilla de San Onofre (Plaza Nueva, s/n).
  • 10, 11 y 12 de agosto. Parroquia de San Lorenzo (Plaza de San Lorenzo, s/n).
  • 13, 14 y 15 de agosto. Comunidad de Reverendas Madres Capuchinas. Iglesia conventual de Santa Rosalía (C/ Cardenal Spínola, 8).
  • 16, 17, 18, 19, 20 y 21 de agosto. Adoración Eucarística Perpetua. Capilla de San Onofre (Plaza Nueva, s/n)
  • 22, 23 y 24 de agosto. Parroquia de San Bartolomé (C/ Virgen de la Alegría, 1)
  • 25, 26 y 27 de agosto. Adoración Eucarística Perpetua. Capilla de San Onofre (Plaza Nueva, s/n)
  • 28, 29 y 30 de agosto. Comunidad de Reverendas Madres Agustinas. Iglesia conventual de San Leandro. (Plaza de San Leandro, s/n)
  • 31 de agosto, 1 y 2 de septiembre. Parroquia del Señor San Gil Abad (Plaza de San Gil, s/n)

Diariamente, se expone el Santísimo Sacramento en los siguientes templos:

  • Capilla de San Onofre (Plaza Nueva), las 24 horas del día.
  • Convento Santa María de Jesús (calle Águilas).
  • Parroquia Concepción Inmaculada (calle Cristo de la Sed).
  • Parroquia de San Bartolomé (calle Virgen de la Alegría)
  • Parroquia de Santas Justa y Rufina (calle Ronda de Triana)
  • Parroquia de la Anunciación y San Juan XXIII (Plaza de San Juan XXIII)

 

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“El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed”

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“El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed”

Evangelio de hoy, domingo 1 de agosto. XVIII domingo del Tiempo Ordinario.

– Éx 16, 2-4. 12-15.
– Sal 77.
– Ef 4, 17. 20-24.
– Jn 6, 24-35.

Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron: «Y ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús: «La obra de Dios es esta: que creáis en el que él ha enviado». Le replicaron: «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan».

Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.

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La parroquia de Santiago, de Guadix, celebra este lunes la fiesta de los franciscanos seglares

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La parroquia de Santiago, de Guadix, celebra este lunes la fiesta de los franciscanos seglares

La parroquia accitana de Santiago acoge este lunes 2 de agosto la celebración de la festividad de la Orden Franciscana Secular de Guadix en el día de Nuestra Señora de los Ángeles. Este año, la fiesta llega en el contexto de la celebración del VIII centenario de la fundación de esta orden franciscana seglar. Será a las 8 de l a tarde del lunes 2 de agosto y los miembros de esta comunidad en Guadix invitan a todos los accitanos a acompañarlos en este día tan señalado para ellos.

La fiesta de Nuestra Señora d ellos Ángeles para los franciscanos es también conocida como el día del Perdón de Asís o también de la Porciúncula, por la pequeña capilla que reconstruyó San Francisco, dedicándola a la Reina de los Ángeles, y para la que consiguió del Papa Honorio III indulgencia plenaria, o «El Perdón de Asís».

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Domingo XVIII del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 1 de agosto de 2021

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Domingo XVIII del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 1 de agosto de 2021

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,24-35):

En aquel tiempo, al no ver allí a Jesús ni a sus discípulos, la gente subió a las barcas y se dirigió en busca suya a Cafarnaún.
Al llegar a la otra orilla del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les dijo: «Os aseguro que vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros. No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Ésta es la comida que os dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.»

Le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para que nuestras obras sean las obras de Dios?»
Jesús les contestó: «La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado.»
«¿Y qué señal puedes darnos –le preguntaron– para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: «Dios les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les contestó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo! Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.»
Ellos le pidieron: «Señor, danos siempre ese pan.»
Y Jesús les dijo: «Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed.»

Palabra del Señor

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Mons. Francisco Jesús Orozco asistió a la toma de posesión del nuevo obispo de Asidonia-Jerez

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Mons. Francisco Jesús Orozco asistió a la toma de posesión del nuevo obispo de Asidonia-Jerez

Mons. Francisco Jesús Orozco asistió, el sábado 31 de julio, a la toma de posesión del nuevo obispo de Asidonia-Jerez, Mons. José Rico Pavés. Fue una celebración solemne, a la que asistió una veintena de obispos, arzobispos y cardenales de toda España. La mayor parte de los obispos de Andalucía acompañaron al nuevo prelado en su llegada a la diócesis jerezana, entre ellos el obispo de Guadix.

La celebración estuvo presidida al comienzo por el nuncio de su santidad, Bernardito Auza, quien cedió el puesto de presidencia al nuevo obispo una vez leído el nombramiento como nuevo prelado de la sede jerezana. En su homilía, Mons. Rico Pavés dijo que “tomar posesión no es un acto de dominio sino de obediencia, no es una apropiación sino un despojamiento, no es un ejercicio de exaltación personal sino de servicio en comunión”. Habló de su disposición a cumplir con la llamada del papa Francisco a poner la Iglesia en estado de misión y expresó su compromiso con su nueva diócesis: “cuenten con mi colaboración leal y respetuosa en la búsqueda del bien común, y en el cuidado de aquellos que pasan por la grave prueba de la soledad, de la enfermedad o del desempleo. Nuestra contribución en la construcción de una sociedad más justa se llama evangelización. Y esto es lo que deseamos seguir impulsando, conscientes de que nada hay más humanizador que evangelizar”.
También se refirió a las hermandades y cofradías, que en la diócesis jerezana tienen una presencia significativa, a las que llamó “verdaderas escuelas de vida cristiana y ámbitos de caridad generosa”.
Mons. Rico Pavés ha sido obispo auxiliar de Getafe desde su ordenación episcopal, en 2012, donde ha compartido ministerio con Mons. Ginés García, que fue obispo de Guadix hasta 2018. Nacido en Granada, su formación la recibió en Toledo, donde fue ordenado sacerdote. Tiene 54 años.
Antonio Gómez

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San Alfonso María de Ligorio

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San Alfonso María de Ligorio

San Alfonso María de LigorioNació en Nápoles el año 1696; obtuvo el doctorado en ambos derechos, recibió la ordenación sacerdotal e instituyó la Congregación llamada del Santísimo Redentor. Para fomentar la vida cristiana en el pueblo, se dedicó a la predicación y a la publicación de diversas obras, sobre todo de teología moral, materia en la que es considerado un auténtico maestro. Fue elegido obispo de Sant’ Agata de’ Goti, pero algunos años después renunció a dicho cargo y murió entre los suyos, en Pagami, cerca de Nápoles, el año 1787.

BIOGRAFIA

San Alfonso nació en Nápoles el 27 de Septiembre de 1696. Sus padres Don José de Liguori y Doña Ana Cavalieri eran de familias nobles y distinguidas.

Era un «niño prodigio» con gran facilidad para los idiomas, ciencias, arte, música y demás disciplinas. Empezó a estudiar leyes a los 13 años y a los 16 años presentó el examen de doctorado en derecho civil y canónico en la Universidad de Nápoles. A los 19 años ya era un abogado famoso.

Conversión

Según se cuenta, en su profesión como abogado no perdió ningún caso en 8 años, hasta que un día después de su brillante defensa, un documento demostró que él había apoyado (aunque sin saberlo), lo que era falso. Eso cambió su vida radicalmente.

Hizo un retiro en el convento de los lazaristas y se confirmó en la cuaresma de 1722. Estos dos eventos reavivaron su fervor. Al año siguiente, en dos ocasiones oyó una voz que le decía: «abandona el mundo y entrégate a mi». Hizo voto de celibato y abandonó completamente su profesión. Muy pronto Dios le confirmó cual era su voluntad.

Se fue a la iglesia Nuestra Señora de la Misericordia a pedir ser admitido en el oratorio. Su padre trató de impedirlo, pero al verlo tan decidido le dio permiso de hacerse sacerdote pero con la condición de que se fuese a vivir a su casa. Alfonso aceptó, siguiendo el consejo de su director espiritual que era oratoriano.

Hizo los estudios sacerdotales en su casa. Fue ordenado sacerdote en 1726 a los 30 años. Los dos años siguientes se dedicó a los «vagos» de los barrios de las afueras de Nápoles.

La predica sencilla desde el corazón

En los comienzos del siglo XVIII combatió la prédica muy florida y el rigorismo jansenista en los confesionarios. El predicaba con sencillez. El santo decía a sus misioneros: «Emplead un estilo sencillo, pero trabajad a fondo vuestros sermones. Un sermón sin lógica resulta disperso y falto de gusto. Un sermón pomposo no llega a la masa. Por mi parte, puedo deciros que jamás he predicado un sermón que no pudiese entender la mujer más sencilla».

San Alfonso abandonó su casa paterna en 1729, a los 33 años de edad y se fue de capellán a un seminario donde se preparaban misioneros para la China.

En 1730 el Obispo de Castellamare, el Monseñor Falcoia, invita a Alfonso a predicar unos ejercicios en un convento religioso en Scala. Este hecho tuvo grandes consecuencias, porque ayudó a discernir a las religiosas una revelación que tuvo la hermana María Celeste. El día de la transfiguración de 1731, las religiosas vistieron el nuevo hábito y empezaron la estricta clausura y vida de penitencia. Así comienza la Congregación de las Redentoristas.

En 1732 se despide de sus padres y vuelve a Scala, y con la ayuda y colaboración de un grupo de laicos, a los 36 años funda la Congregación del Santísimo Redentor, cuya primera casa perteneció al convento de las religiosas. San Alfonso era el superior inmediato y Monseñor Falcoia era el director general.

Grandes pruebas

Al poco tiempo comenzaron los problemas. La congregación se dividió entre los dos superiores. Al poco tiempo la hermana María Celeste se va a fundar otra congregación. A los 5 meses el santo se quedó solo con un hermano, pero mas tarde se presentaron nuevos candidatos y se estableció en una casa más grande.

En 1734 funda otra casa en Villa degli Schiavi y se dedica a misionar allí. Su confesionario estaba siempre lleno. Trataba a sus penitentes como almas que era necesario salvar.

En 1737, se divulgan rumores sobre la casa de Villa degli Schiavi y San Alfonso decide suprimir esa fundación. Al año siguiente también cierra la casa de Scala.

Organizó misiones en Nápoles por 2 años a pedido del Cardenal Spinelli, arzobispo.

En 1743, al morir Mons. Falcoia, San Alfonso vuelve a ocuparse de su congregación como superior general y se encarga de redactar las constituciones. A pesar de la oposición de las autoridades españolas, los misioneros reorganizados fundan varias casas.

En 1748 San Alfonso publica en Nápoles la primera edición de su «Teología Moral». La segunda edición apareció entre los años 1753 y 1755.

En 1749 el papa Benedicto XIV aprobó la congregación y a partir de eso, el éxito fue enorme.

En 1750, los Jansenistas comienzan a divulgar que la devoción a la Santísima Virgen era una superstición. San Alfonso defiende a Nuestra Señora, publicando «Las Glorias de María».

San Alfonso era estricto, pero a la vez tierno y compasivo.

En el proceso de beatificación el P. Cajone dijo: «A mi modo de ver, su virtud característica era la pureza de intención. Trabajaba siempre y en todo, por Dios, olvidado de si mismo. En cierta ocasión nos dijo: ‘Por la gracia de Dios, jamás he tenido que confesarme de haber obrado por pasión. Tal vez sea porque no soy capaz de ver a fondo en mi conciencia, pero, en todo caso, nunca me he descubierto ese pecado con claridad suficiente para tener que confesarlo’ «. Esto es realmente admirable, teniendo en cuenta que San Alfonso era un Napolitano de temperamento apasionado y violento, que podía haber sido presa fácil de la ira, el orgullo y de la precipitación.

Obispo

A los 60 años fue elegido obispo de Sant’ Agata de’ Goti, diócesis pequeña con 30,000 habitantes, diecisiete casas religiosas y cuatrocientos sacerdotes entre los cuales habían varios que no practicaban su ministerio sacerdotal o llevaban mala vida. Algunos celebraban la misa en 15 minutos. San Alfonso los suspendió «ipso facto», a no ser que se corrigiesen, y escribió un tratado sobre ese punto: «En el altar el sacerdote representa a Jesucristo, como dice San Cipriano. Pero muchos sacerdotes actuales, al celebrar la misa, parecen mas bien saltimbanquis que se ganan la vida en la plaza pública. Lo mas lamentable es que aun los religiosos de ordenes reformadas, celebran la misa con tal prisa y mutilando tanto los ritos, que los mismos paganos quedarían escandalizados….Ver celebrar así el Santo Sacrificio es para perder la fe».

Poco tiempo después se desata en su diócesis una terrible epidemia que San Alfonso había profetizado 2 años antes. Se morían por millares. El santo, para ayudar a las víctimas, vendió todo lo que tenía y La Santa Sede le autoriza a usar fondos de la diócesis y contrae grandes deudas.

Sus esfuerzos por reformar la moralidad pública le trajo numerosos enemigos que lo amenazaron de muerte. Solía decir: «Cada obispo está obligado a velar por su propia diócesis. Cuando los que infringen la ley se vean en desgracia, arrojados de todas partes, sin techo y sin medios de subsistencia, entraran en razón y abandonaran su vida de pecado».

Dirigió la diócesis de Santa Agata por 19 años.

Y mas pruebas…

En Junio de 1767, sufre un terrible ataque de reumatismo que casi lo lleva a la muerte.

Al terminar de celebrar la misa el 21 de septiembre de 1774, San Alfonso se desmayó y quedó inconsciente por 24 horas. Cuando regresó en sí, dijo a los presentes: «Fui a asistir al Papa, que acaba de morir». El Papa Clemente XIV muere el 22 de Septiembre de 1774.

En 1775 San Alfonso pidió a Pío VI que le permitiera renunciar al gobierno de su sede. El Papa le concede teniendo en cuenta su enfermedad. San Alfonso se retiró ciego y sordo. Fue a pedir hospitalidad a sus hijos espirituales, en Nocera, cerca de Nápoles, pensando así acabar tranquilamente sus días.

En 1777, los Redentoristas son atacados de nuevo. El Santo sufre con paciencia muchas humillaciones a causa de la traición de Monseñor Testa que era Capellán del Rey. El Santo se vio excluido de la congregación que había fundado.

Dios le reservaba una prueba aún mas dura. Entre 1784 y 1785, el santo atraviesa por un terrible periodo de «noche obscura del alma», sufre tentaciones sobre su fe y sus virtudes. Se ve abrumado por sus escrúpulos, temores y alucinaciones diabólicas. Le duró 18 meses, con intervalos de luz y reposo. A esto le siguió un periodo de éxtasis, profecías y milagros.

Gran escritor

Sus últimos 12 años de vida se dedicó a escribir, aumentando así sus obras ascéticas y teológicas. Sus mas conocidos libros son: La Practica de amar a Jesucristo, la Preparación para la muerte, las Glorias de María.

La Teología Moralis fue una obra que influyó en la formación del clero hasta hace pocos años.

El santo murió 2 meses antes de cumplir 91 años, la noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1787.

El Papa Pío VI en 1796 decreta la introducción de la causa de beatificación de Alfonso María Ligorio. La beatificación se da en 1816. Fue canonizado en 1839.

En 1871 fue declarado Doctor de la Iglesia y propuesto como patrono de los confesores y de los teólogos de moral.

(Fuente: corazones.org)

http://www.santopedia.com/santos/san-alfonso-maria-de-ligorio

 

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MONSEÑOR RICO PAVÉS VISITA A LA PATRONA DE LA CIUDAD DE JEREZ DE LA FRONTERA

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La Basílica Menor de Nuestra Señora de la Merced ha sido el primer templo en acoger la primera visita del nuevo Obispo de Asidonia-Jerez, Monseñor José Rico Pavés.

Visita completa a la Basílica de Nuestra Señora de la Merced

Esta tarde a las 19hrs Monseñor José Rico Pavés ha realizado su primera visita como Obispo de Asidonia-Jerez. Tras la Eucaristía de Toma de Posesión vivida esta mañana en el primer templo de la Diócesis, el prelado ha elegido la advocación mariana de la Merced, patrona de Jerez de la Frontera, ciudad sede de la Iglesia Asidonense.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Merced con el comendador de la comunidad mercedaria, Fray Felipe Ortuno al frente y las hermandades de dicho templo han recibido al nuevo Obispo de la Iglesia Asidonense para orar ante las plantas de Nuestra Señora de la Merced.

“En el plan de Dios esta en que todas las cosas comienzan acudiendo siempre a la Virgen María”, con estas palabras D. José Rico Pavés ha recordado la importancia de encomendarnos a María, además de mostrar el significado de su primera visita en su ministerio episcopal en Jerez de la Frontera. Asimismo, el prelado ha dejado ante las plantas de Nuestra Señora de la Merced su solideo como símbolo para pedir a la Virgen que en su labor pastoral haga que los fieles amen cada día más a María.

Palabras de Monseñor José Rico Pavés en su primera visita como Obispo de Asidonia-Jerez

Por otro lado, Monseñor Rico Pavés ha pedido a todos los fieles que oren ante Nuestra Señora de la Merced por la ciudad de Jerez para que la llene bendiciones y por todas las familias, en especial en las que esta presente la enfermedad o el sufrimiento. Para terminar el prelado ha querido subrayar unas palabras que muestran la importancia de acercarnos a María y con las que finalizo su homilía de la toma de posesión esta mañana, “Nada sin María, todo con ella”.

Por último, Monseñor José Rico Pavés visito el camarín de Nuestra Señora de la Merced, además de las distintas zonas del templo en las que ha podido detenerse ante los titulares de la Hermandad del Transporte.

Monseñor Rico Pavés ante los titulares de la Hermandad del Transporte en la Basílica de Nuestra Señora de la Merced

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