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“Seamos hijos de la Resurrección y no del sepulcro”: Mons. Orozco, obispo de Guadix, en la Misa del Domingo de Resurrección

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“Seamos hijos de la Resurrección y no del sepulcro”: Mons. Orozco, obispo de Guadix, en la Misa del Domingo de Resurrección

Con una Misa Pontifical con bendición apostólica e indulgencia plenaria terminó la Semana Santa en la Catedral de Guadix. Y lo hizo con alegría y con una procesión claustral con la custodia y la imagen del Facundillo, que representa la Resurrección del Señor. La imagen del hombre nuevo resucitado se expresa, como en tantos lugares de la diócesis, con la imagen de un Niño Jesús, signo de la nueva vida de Cristo tras su resurrección.

En esta celebración, el obispo de Guadix invitó a vivir la alegría de la Resurrección del Señor. Monseñor Francisco Jesús Orozco, en la homilía, recordó que la Resurrección de Cristo es el anuncio central de la Pascua y destacó que la Resurrección no es una esperanza futura, sino un hecho ya cumplido, que cambia la vida de los creyentes. A partir de las lecturas, invitó a vivir la fe como un encuentro real con el Resucitado, especialmente en la Eucaristía, y a dar testimonio de ello con la palabra y con la vida.

También afirmó que la Resurrección de Jesús no es un mito, sino un acontecimiento histórico respaldado por los testimonios evangélicos, con María Magdalena como primera testigo. Recordó además que las apariciones del Resucitado transformaron a los discípulos, que pasaron del miedo a anunciar públicamente el Evangelio y a entregar su vida por Cristo.

Y animó a vivir desde la Resurrección del Señor: “Vivamos la vida resucitada desde ya; seamos hijos de la Resurrección y no del sepulcro. Vivamos en la gracia de Dios, gocemos de ser cristianos, de ser hijos de la Iglesia, de celebrar la Eucaristía, de vivir la vida de Cristo… Vivamos como resucitados, llevemos esperanza donde hay tanta muerte y tanta desesperanza: a las tumbas de nuestro tiempo, la guerra, los atentados contra la dignidad de la vida en el aborto, en la eutanasia, tantas familias rotas, tantos jóvenes en la droga, esclavos de la pornografía. Seamos luz en medio de la oscuridad”.

En la homilía, hizo alusión a la tradición del Facundillo, recuperada por la Hermandad de los Favores. Con esa imagen del Niño Jesús, procesionada el Domingo de Resurrección, se anuncia que Cristo ha resucitado, ha nacido a la vida nueva de la resurrección. Es así como se expresa la Resurrección del Señor en la mayor parte de los pueblos de la diócesis de Guadix, donde también se sacan imágenes del Niño Jesús en las procesiones del Encuentro. Se trata de una tradición que se recupera ahora en la ciudad accitana con la procesión del Facundillo al final de esta Misa.

La celebración terminó con la bendición apostólica con indulgencia plenaria y con la procesión del Facundillo y del Señor expuesto en la custodia, que recorrieron las naves laterales de la Catedral. Una bendición que invita a “ser signo de la mañana de Pascua en un mundo que a veces parece vivir en la noche”, como recordó el obispo.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de Medios de Comunicación Social. Guadix

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LUNES PASCUA: EL AMOR NO AMADO, por Lola Ruiz

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Se ha cumplido lo anunciado, Jesús resucitó de entre los muertos y venció al mundo. Él es el creador del cielo y de la tierra, y de todo lo que hay en ella. Creador de todo y no creado por nadie. Él se sacrificó para ofrecernos otro camino, para salvarnos del pecado y que podamos seguirlo a Él. Con su sacrificio, nos ofreció el camino de la Verdad y la Vida Eterna, y sembró con su misericordia un tesoro en nuestros corazones: el Amor verdadero. Podemos elegir ese amor, o no, podemos hacer que ese fuego siempre esté vivo en nuestros corazones, o no, podemos hacer que ese fuego nunca se apague e ilumine nuestra alma. El alma, es de Dios y necesita a Dios, necesita que el amor siempre lo mantengamos vivo; pues como nos enseñó San Agustín: “Nunca se es más libre que cuando se depende de Dios”; no podemos ser libres sin Él.

Ese amor infinito de Dios se encuentra en cada una de las almas sin excepción, porque el alma no entiende de status, de razas, de países, de riquezas o de pobrezas. El alma está libre de categorías, es lo más puro que existe. Dios está ahí, en esa morada, esperando pacientemente a ser amado, a que lo elijamos. De esta forma, Dios se hace presente en el prójimo, y amar al prójimo es por lo tanto amar a Dios; amar al Amor que reside en ese corazón, en esa alma.

A través del amor, Él nos enseñó la esencia de la vida, nos mostró el camino a seguir para hacer presente el Reino de Dios en medio de su pueblo; y para que llegado el día pueda decirnos al fin de nuestra vida terrena y al fin de los tiempos: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí”. (Mateo 25:34-46)

Todos somos uno. Si lo amamos con todo nuestro corazón y no deseamos nada más sino a Dios, nos atraerá hacia Él a través de la caridad. Cuando descartamos, juzgamos y categorizamos, estamos haciendo un acto muy mundano, pues si Dios es el Padre de todas las almas y está en cada uno de nosotros, estaríamos descartando al Dios mismo.

Resucitémoslo en nuestros corazones, porque el alma necesita a Dios para ser libre y el corazón necesita el amor de Dios para estar vivo. Hoy tenemos esa oportunidad; la oportunidad de evitar que Dios sea, el Amor no Amado.

Lola Ruiz, Directora de Cominicación de Cáritas Diocesana de Almería

-Imagen: Mur des Je t’aime (El muro de los te amo) en París. Obra de Fréderic Baron y Claire Kito.

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“Resurrección: Cristo vence la muerte. ¡Feliz Pascua!”

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Número de esta semana, correspondiente al 5 de abril de 2026, Domingo de Resurrección

Disponible el Semanario Fiesta de las Diócesis de Granada y Guadix, dedicado a la Pascua y al gozo que celebramos en este domingo de Resurrección. Ofrecemos las palabras de nuestro arzobispo D. José María en la Eucaristía de Resurrección, celebrada esta mañana en la catedral. Y recorremos brevemente lo vivido en el triduo pascual, desde el templo catedralicio, que, en el lunes de Pascua, bendice su órgano de la Epístola, del siglo XVIII, recién restaurado. 

Y más contenidos en el número del Semanario Fiesta disponible EN ESTE ENLACE  

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La vigilia, que anuncia la Resurrección de Jesucristo

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Bendecido en la Plaza de las Pasiegas el cirio que anuncia la Pascua, en la celebración en la Catedral, donde siete catecúmenos recibieron los Sacramentos de iniciación cristiana.

A las puertas de la Catedral, en la Plaza de las Pasiegas, congregados en torno al fuego que después fue bendecido por el arzobispo Mons. José María Gil Tamayo, la comunidad de fieles, junto a los sacerdotes y seminaristas, se preparaban para celebrar el anuncio del día más glorioso de todos: la Resurrección de Jesucristo.

En esta vigilia pascual, todo el pueblo de Dios accedió desde la plaza al interior de la catedral, en la oscuridad alumbrada sólo por el cirio que acababa de ser bendecido y que después se prolongaría en las velas de toda la comunidad cristiana, sacerdotes y seminaristas, anunciando la Resurrección y a Cristo, luz del mundo.

La vigilia se caracterizó en su liturgia por las distintas lecturas, entre ellas el Génesis con la narración de la creación del mundo, hasta el Evangelio, anunciando el sepulcro vacío y la Resurrección gloriosa del Señor. A medida que se proclamaban las distintas lecturas, las luces de la catedral alumbraban el templo, como signo de la gran celebración gozosa en la noche de Pascua.

En esta noche de anuncio de Resurrección, siete catecúmenos adultos recibieron los Sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Comunión), profesando su renuncia al pecado y a Satanás, y la fe en Cristo Jesús.

Todas las comunidades cristianas en todo el mundo han celebrado esta vigilia pascual, anticipo del anuncio de la victoria de Cristo sobre la muerte, tras los días de pasión y muerte que hemos conmemorado en la Semana Santa con su entrega en la cruz de forma vicaria, para la salvación y perdón de los pecados de todos los hombres. La Resurrección es la buena noticia, que todos los días celebra la Iglesia universal, en el sacrificio de Cristo, en la mesa del altar.

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El primer templo de la Diócesis vive el Triduo Pascual y el Domingo de Resurrección

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El primer templo de la Diócesis vive el Triduo Pascual y el Domingo de Resurrección

Fotografía: Monseñor José Rico Pavés junto a los nuevos neófitos que han recibido los Sacramentos de Iniciación Cristiana en la Vigilia Pascual.

Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, ha presidido en la Santa Iglesia Catedral las celebraciones del Triduo Pascual, centro del año litúrgico, culminando con la Eucaristía del Domingo de Resurrección en el primer templo de la Diócesis.

JUEVES SANTO, MISA CENA DEL SEÑOR

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El Jueves Santo la Santa Iglesia Catedral acogía el inicio del Triduo Santo con la celebración de la Cena del Señor, presidida por el Obispo de Asidonia-Jerez. Tras las distintas celebraciones litúrgicas previas, como la bendición de ramos y palmas y la Misa Crismal, el Pueblo de Dios se reunía junto a su pastor para conmemorar la Última Cena del Señor.

Monseñor José Rico Pavés centró su homilía en el mandamiento del amor como seña de identidad del cristiano, recordando las palabras de Cristo: “que os améis unos a otros como yo os he amado”. En este sentido, subrayó que lo que la Iglesia celebra en estos días no es solo un don recibido, sino a Jesucristo mismo convertido en don, cumpliendo la promesa de un “corazón nuevo”, capaz de amar con el mismo amor de Dios.

El Sr. Obispo explicó que la vocación del cristiano es aprender a amar como Cristo, un camino que ensancha el corazón, abre horizontes y permite anticipar la alegría eterna. Asimismo, destacó que la liturgia no se limita a recordar hechos pasados, sino que hace a los fieles partícipes del misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor, permitiéndoles ser contemporáneos de esos acontecimientos.

En esta línea, invitó a vivir el Triduo Santo con una fe viva, reconociendo que Cristo sigue pasando por la vida de cada persona. Recordó, a partir de san Agustín, la importancia de no dejar pasar esa presencia del Señor, acogiendo las ocasiones en las que se hace cercano como camino, verdad y vida.

Asimismo, destacó la centralidad de la Eucaristía en la vida de la Iglesia, señalando que en ella se hace presente Cristo mismo como alimento para sostener el camino del cristiano. Subrayó que el amor de Cristo, tal como recoge el evangelista san Juan, es un amor “hasta el extremo”, es decir, sin límite, manifestado en toda su vida y especialmente en la pasión.

El prelado explicó que este amor se expresa en la entrega total de Cristo, que, siendo Señor, se hace siervo y se postra a los pies de sus discípulos, mostrando que no hay amor verdadero sin servicio. De este modo, señaló que el mandamiento del amor no es una carga, sino un don que encuentra su fundamento en la Eucaristía, sin la cual no es posible vivir la caridad.

En este contexto, recordó que esta jornada es también una ocasión para dar gracias por el ministerio sacerdotal, citando a san Juan María Vianney al afirmar que el sacerdote es “amor del corazón de Cristo”. Invitó a orar por los sacerdotes, para que en su vida, palabras y gestos se transparente ese amor, especialmente en el modo de acompañar el sufrimiento de los demás.

Finalmente, animó a aprovechar la celebración del Triduo Santo para dejarse amar por Cristo y aprender de Él el servicio, la humildad y la entrega a los demás. Encomendó a todos a la protección de la Virgen María, invitando a confiar la vida a su intercesión para crecer en la configuración con su Hijo.

La celebración estuvo marcada por los gestos propios de este día, especialmente la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, así como el mandamiento del amor fraterno. Al término de la Eucaristía, el Santísimo Sacramento fue trasladado a la Capilla de la reserva, donde permaneció para la adoración de los fieles.

VIERNES SANTO, CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

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El Viernes Santo tuvo lugar la celebración de la Pasión del Señor, también presidida por Monseñor José Rico Pavés, en la que el signo de la cruz y su adoración ocuparon un lugar central.

En esta celebración, la Iglesia contempló la entrega total de Cristo en la cruz, recordando su pasión y muerte, en un clima de recogimiento y oración. Los fieles participaron en la adoración de la cruz, signo del amor redentor de Cristo, y en la comunión eucarística.

Durante la homilía, el Monseñor Rico Pavés recordó que la liturgia no es una simple evocación de hechos del pasado, sino una participación real en el misterio de la salvación, en la pasión, muerte y resurrección de Cristo. En este sentido, subrayó que la celebración permite a los fieles hacerse contemporáneos de estos acontecimientos y vivirlos desde la fe.

El prelado explicó que el Triduo Santo se abre con el mandamiento del amor, invitando a los discípulos a amarse unos a otros como Cristo ha amado, un amor que —señaló— se manifiesta «hasta el extremo». Destacó que Jesucristo responde con amor a todas las situaciones de sufrimiento, desprecio y humillación, y que ese mismo amor es el que ofrece a los fieles para que puedan vivirlo en su propia vida.

Asimismo, indicó que este amor se hace presente en la Eucaristía, donde el Señor se entrega para que quien comulga viva por Él, recordando que el verdadero amor se expresa en el servicio, en ponerse a los pies de los demás y en anteponer el bien de los otros al propio.

A continuación, el Sr. Obispo explicó el sentido de la celebración de la Pasión del Señor, señalando sus partes principales: la escucha de la Palabra de Dios, la oración universal, la adoración de la cruz y la comunión. Subrayó que sin la escucha de la Palabra no se alimenta la fe y que estos días invitan a acoger interiormente lo que el Señor comunica.

En relación con la adoración de la cruz, destacó que la Iglesia invita a reconocer en ella el misterio de la redención, mediante el gesto de veneración que expresa la fe en Cristo. Invitó a abrazarse a la cruz para comprender el sentido de la vida como don y descubrir en ella la esperanza, incluso en medio de las dificultades.

El prelado animó también a vivir este tiempo como una oportunidad para amar como Cristo, llevando paz donde hay conflicto, comunión donde hay división y esperanza donde otros no la encuentran.

Finalmente, señaló que la celebración culmina en la comunión con Cristo, invitando a dejarse amar por Él para poder amar a los demás, y puso como ejemplo a la Virgen María, que permanece fiel al pie de la cruz.

SÁBADO SANTO, VIGILIA PASCUAL

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La noche del Sábado Santo, la Santa Iglesia Catedral acogió la solemne Vigilia Pascual, la celebración más importante del año litúrgico, presidida por el Sr. Obispo.

La celebración comenzó en el exterior del templo con la bendición del fuego nuevo y el encendido del Cirio Pascual, símbolo de Cristo resucitado. Posteriormente, los fieles entraron en la Catedral para continuar con la liturgia de la Palabra, la liturgia bautismal y la liturgia eucarística.

El prelado inició su homilía recordando que las primeras palabras de Cristo resucitado en el Evangelio son una invitación a la alegría: “Alegraos”. Subrayó que la Resurrección es el fundamento de una alegría que va más allá de cualquier dificultad personal, ya que Cristo vive para siempre.

El Sr. Obispo explicó que, a lo largo del Triduo Santo, la Iglesia ha permitido contemplar el amor de Cristo, un amor que se manifiesta en la entrega total, sin reservarse nada, cargando con el pecado, ofreciendo el perdón y poniéndose al servicio de los demás. En esta Vigilia Pascual, indicó, la liturgia introduce a los fieles en ese misterio a través de signos que ayudan a comprender cómo ama el Señor.

En este sentido, destacó el paso de la oscuridad a la luz como uno de los signos centrales de la celebración, afirmando que Cristo es la luz que guía la vida del cristiano. Invitó a abandonar la tiniebla del pecado y a dejarse conducir por la luz de Cristo, que permite orientarse, conocerse a uno mismo y reconocer a los demás.

Asimismo, señaló que la escucha de la Palabra de Dios en esta noche permite pasar de la ignorancia al conocimiento, ayudando a responder a las preguntas fundamentales sobre el origen y el sentido de la vida. Recordó que la vida es un don y que sólo desde Cristo se puede comprender plenamente su significado.

Dirigiéndose especialmente a los catecúmenos, destacó que, a través de los sacramentos de la iniciación cristiana, iban a pasar de la muerte a la vida, recibiendo una vida nueva como hijos de Dios. Añadió que este momento no sólo afecta a quienes reciben los sacramentos, sino que también invita a los ya bautizados a renovar su propia vida cristiana.

Monseñor Rico Pavés subrayó también la importancia de la Eucaristía como alimento para la vida cristiana, especialmente en medio de las dificultades del mundo actual. Invitó a vivir cada día lo que la Iglesia propone en la Vigilia Pascual: pasar con Cristo de la oscuridad a la luz, de la ignorancia al conocimiento, de la muerte a la vida y de la soledad a la comunión.

En su mensaje a los nuevos miembros de la Iglesia, les animó a preguntarse por su lugar en ella y a responder a la llamada del Señor, ya sea a través del servicio, la catequesis o la participación activa en la vida parroquial y en las hermandades. Recordó que en el plan de Dios nadie se salva solo y que el testimonio de cada cristiano es fundamental para que otros puedan conocer a Cristo.

Finalmente, encomendó a todos a la protección de la Virgen María, pidiendo que la gracia recibida crezca y prepare para el encuentro definitivo con el Señor.

Por último, cabe destacar que esta Vigilia Pascual ha estado marcada por la alegría de la Resurrección y por celebración de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana de varios catecúmenos, que han sido incorporados plenamente a la vida de la Iglesia.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Tras la celebración de la Vigilia Pascual, la Santa Iglesia Catedral acogió en la mañana del Domingo de Resurrección la solemne Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés.

La Iglesia celebraba así el triunfo de Cristo sobre la muerte, entrando de lleno en la alegría pascual. Esta celebración, que ha contado como preludio con la salida de la Hermandad del Resucitado, ha permitido a los fieles profundizar en el misterio central de la fe cristiana: la Resurrección del Señor.

De este modo, la Iglesia Asidonense ha vivido intensamente el Triduo Pascual, corazón del año litúrgico, renovando su fe en Cristo muerto y resucitado, fuente de vida y esperanza para el mundo.

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La alegría de la Resurrección ilumina la Noche Santa 

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La alegría de la Resurrección ilumina la Noche Santa 

La Santa Iglesia Catedral de Huelva acogió en la noche del pasado sábado, 4 de abril, la celebración de la Vigilia Pascual, culmen del Triduo Santo y centro de la vida cristiana. Numerosos fieles participaron en esta liturgia, que se desarrolló en un clima de recogimiento, gozo y profunda esperanza.

La celebración comenzó en el exterior del templo con la bendición del fuego nuevo y la preparación del cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado que vence las tinieblas. Desde este signo luminoso se fue transmitiendo la luz a toda la asamblea, que, con sus velas encendidas, entró en el templo proclamando la fe en la victoria de la vida sobre la muerte.

A lo largo de la Liturgia de la Palabra, se recorrieron los principales momentos de la historia de la salvación, recordando la fidelidad de Dios con su pueblo. Posteriormente, tuvo lugar la Liturgia Bautismal, en la que se renovaron las promesas del Bautismo, reafirmando el compromiso de vivir como hijos de la luz.

La celebración culminó con la Liturgia Eucarística, en la que la comunidad diocesana participó del banquete pascual, signo de comunión con Cristo vivo. El Obispo de Huelva presidió la celebración y, durante su intervención, comentó el sentido profundo de esta noche santa como paso de la oscuridad a la luz, invitando a los presentes a ser testigos de la esperanza en medio del mundo.

La Vigilia Pascual volvió a poner de manifiesto la riqueza de los signos litúrgicos y la centralidad de la Resurrección en la vida cristiana, convocando a la Iglesia diocesana a renovar su fe y su compromiso evangelizador.

La Diócesis de Huelva invita a todos los fieles a vivir con intensidad el tiempo pascual, prolongando en la vida cotidiana la alegría del encuentro con Cristo resucitado.

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“Estar cerca de las hermandades y cofradías me ha permitido sentir la alegría de ese pueblo de Dios”

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El Obispo ha hecho balance de su recorrido esta Semana Santa por las corporación y de cómo ha vivido su primera Semana Santa en Córdoba

El canal de YouTube del Cabildo Catedral de Córdoba ha puesto el broche de oro a más de cincuenta horas en directo esta Semana Santa contando el paso de las hermandades por el templo principal de la Diócesis con una entrevista hoy, Domingo de Resurrección, al obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, quien ha hecho balance de esta intensa semana en la que la Iglesia ha puesto a disposición de los fieles todos los medios para poder vivir de cerca la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

El prelado, quien ha vivido su primera Semana Santa en la ciudad, ha hecho balance de estos días resaltando la gran impresión que le ha causado la cantidad de personas que acuden a las celebraciones litúrgicas y la profundidad con que se han vivido. “Además de ser devotos de la piedad popular, los fieles saben conjugar muy bien y valorar la importancia de la liturgia”, ha manifestado el pastor de la Diócesis subrayando también la brillantez con la que se han desarrollado las distintas estaciones de penitencia.

Si tuviera que destacar una imagen, el Obispo ha descrito que la primera y principal es la de muchas madres con niños en sus brazos. “Para mí era una expresión plástica muy concreta de la transmisión de la fe, que empieza desde muy pequeños. Esto me pareció precioso y significativo”, ha indicado monseñor Jesús Fernández.

De su visita a las hermandades y cofradías durante estos días, el Obispo ha explicado que su intención ha sido tratar de estar cerca de las hermandades y cofradías, y eso “me ha permitido sentir también la alegría de ese pueblo de Dios”. “He querido estar muy cerca de esta Iglesia, valorar su trabajo, rezar con ellas y también vivir una experiencia cristiana, así como sentir el gozo de ser un pueblo de Dios, y eso creo que se ha logrado y realmente me ha emocionado”, ha afirmado.

Al hilo de esto, monseñor Jesús Fernández también ha puesto de manifiesto la precisión del trabajo de las hermandades, asegurando que “no había un detalle que se escapara” y destacando el sentido catequético de todos los pasos. “Todo estaba perfecto colocado para que no fuera solo un culto externo o vacío, sino que significara también una vida espiritual”, ha descrito el Obispo, quien ha querido también expresar que las hermandades no sólo es lo que vemos, sino que todas ellas tienen una gran obra social. En este sentido, ha querido destacar que en la Semana Santa cordobesa y andaluza, en general, “no basta con el culto ni con la formación, que es muy importante para reencontrar el sentido a todo lo que hacemos, sino que es necesario mostrar que la fe es auténtica y eso se hace a través de la acción social y la penitencia”.

El Obispo ha presidido cada día el palco de autoridades, tras recorrer todas y cada una de las hermandades y cofradías que conforman la Semana Santa cordobesa. Asimismo, ha presidido las celebraciones y el Triduo Pascual en la Santa Iglesia Catedral, culminando con la celebración del Domingo de Resurrección (disponible en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=7YGaI1jgoTc).

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Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas, Santa María de la Merced y San Antonio de Padua. Córdoba

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El paso fue ejecutado por Antonio Martín entre 1997 y 2000, concluyéndose su dorado unos años después. Su programa iconográfico se articula en torno a tres ejes: el carácter sacramental de la cofradía, la Realeza de Cristo y la vinculación con la Orden de la Merced

La Hermandad Sacramental de la Merced, cuyo título completo es Venerable, Ilustre y Mercedaria Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas, Nuestra Madre y Señora Santa María de la Merced y San Antonio de Padua, fue fundada en 1955 en Córdoba, en la parroquia del Buen Pastor y San Antonio de Padua, donde mantiene su sede. Nació por iniciativa de D. Manuel Márquez, entonces párroco de San Antonio de Padua, bajo el impulso pastoral del obispo Fray Albino. La cercanía de la antigua Prisión Provincial y la presencia de fundadores catalanes vinculados a la fábrica Cepansa influyeron en la advocación mercedaria de la titular mariana.

La cofradía realiza Estación de Penitencia desde 1958, habitualmente el Lunes Santo, aunque entre 1992 y 1997 lo hizo en la Madrugada del Viernes Santo. Sus actuales imágenes titulares son obra del imaginero carmonense Francisco Buiza: Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas (1978) y Nuestra Madre y Señora Santa María de la Merced (1976).

El paso de misterio representa la Coronación de Espinas de Nuestro Señor Jesucristo. Las figuras secundarias —dos romanos y un sayón— fueron realizadas por el imaginero jerezano Francisco Pinto entre 1984 y 1985. El paso fue ejecutado por Antonio Martín entre 1997 y 2000, concluyéndose su dorado unos años después. Su programa iconográfico se articula en torno a tres ejes: el carácter sacramental de la cofradía, la Realeza de Cristo y la vinculación con la Orden de la Merced, con la que la corporación mantiene Carta de Hermandad desde 2021.

Nuestra Madre y Señora Santa María de la Merced, dolorosa de gran devoción popular, preside durante todo el año el altar mayor parroquial. Procesiona bajo palio diseñado por fray Ricardo de Córdoba, figura clave en la llegada de las actuales imágenes titulares y guía espiritual y artístico de la corporación hasta su fallecimiento en 2019. Fue bordado por Piedad Muñoz y Antonio Villar entre 1985 y 2007. El conjunto, de gran belleza, está experimentando una profunda renovación, iniciada hace pocos años con los nuevos respiraderos, diseño de Javier Sánchez de los Reyes y ejecución de Ramón León, en los cuales puede leerse el Himno de la Virgen de la Libertad, dedicado a Santa María de la Merced y compuesto por internos del Centro Penitenciario de Córdoba. En los últimos meses se ha llevado a cabo el traslado de los bordados de las bambalinas y del techo a un nuevo soporte blanco, recuperando así el color original del primitivo paso de palio, por lo que esta intervención será uno de los grandes estrenos de esta Semana Santa.

El hábito nazareno consiste en túnica ceñida con cinturón de cuero, escapulario, capa y antifaz color marfil, diseñado por Miguel Ángel de Abajo e inspirado en el hábito de la Orden de la Merced.

La Hermandad desarrolla una intensa labor social y pastoral, especialmente en el Centro Penitenciario de Córdoba, en colaboración con la Pastoral Penitenciaria, organizando actividades y celebraciones a lo largo del año. Con motivo del cincuentenario de Santa María de la Merced, está prevista su visita al centro penitenciario en el mes de junio.

En la actualidad supera el millar de hermanos, siendo una de las cofradías más pujantes de la Semana Santa cordobesa.

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Comentario bíblico al Evangelio del Domingo de Resurrección

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Comentario bíblico al Evangelio del Domingo de Pascua de Resurrección, el 5 de abril de 2026, realizado por el Secretariado diocesano de Pastoral Bíblica.

La luz de la mañana de Pascua se abre ante nosotros. La búsqueda del Resucitado nos hace ponernos en camino, como María Magdalena, o hacen Pedro y el discípulo amado. La Resurrección de Jesús no nos deja quietos. Toda nuestra vida ya será
una búsqueda de su presencia viva. La muerte ya no tiene poder sobre él.

PASÓ HACIENDO EL BIEN (Hch 10, 34 a, 37-43)
El texto nos relata cómo la actividad misionera de Pedro, hasta ahora centrada en el mundo judío, se abre al mundo de los gentiles, a través del encuentro con Cornelio, centurión romano. En casa del centurión, Pedro toma la palabra y hace
un discurso con tres secciones:

En la primera, se presenta la vida y la misión de Jesús de Nazaret. (37-39ª). Nada define tan bien y a la vez de manera tan sencilla la misión de Jesús como “pasar haciendo el bien”.

En la segunda, se narra su muerte en cruz y cómo Dios lo resucitó y le dio la gracia de manifestarse a los testigos designados por Él (39b-41).

En la tercera, se relata el envío a la misión, el encargo a los que han sido testigos de lo anterior para que lo transmitan a todo el pueblo (42-43).

En realidad, Pedro realiza aquí en casa de Cornelio, la proclamación del Kerigma, el primer anuncio de la Buena Noticia de Jesús. Para ello comienza con el relato del bautismo, en el que Jesús es Ungido, continua con la misión del profeta de Nazaret y culmina con su muerte y resurrección. Pedro se sabe portador de una misión, de una tarea. A él se le ha manifestado Jesús resucitado y le ha encargado dar testimonio de los acontecimientos que ha visto y oído. Él no ha sido mero espectador, sino que es testigo, junto a otros, de lo que ha experimentado.

VIO Y CREYÓ (Jn 20,1-9)
Estos días de Pascua nos iremos encontrando dos tipos de relatos en torno a la Resurrección: unos en relación al sepulcro vacío, otros en torno a las apariciones del Resucitado. El de este domingo, como vemos, está entre los del primer grupo.
Son tres los personajes que encontramos en este relato de Juan: una mujer, María Magdalena, y dos de los discípulos de Jesús: Pedro y el discípulo amado.

La primera que se acerca al sepulcro es la mujer. Aún no ha amanecido y está oscuro. Lo que ve, es que la piedra está quitada. Ese signo la pone en movimiento y va corriendo a donde están Pedro y el discípulo amado. Lo que ella visto no le lleva a pensar que Jesús ha resucitado, sino que alguien se ha llevado al Señor. Su desconcierto la conduce a acudir a la comunidad. Ante la noticia de la mujer, Pedro y el discípulo amado también se ponen en movimiento, pero esta vez en dirección al sepulcro. Llega primero el más joven y ve las vendas, pero no entra. Da prioridad a la autoridad. Pedro llega y sí entra. Ve las vendas en el suelo y el sudario que cubre la cabeza.

Ahora sí entra el discípulo amado. Dice el relato que “vio y creyó”. Ante el signo del sepulcro vacío, al único que se atribuye la fe es al discípulo amado. Aquel que había estado a los pies de la cruz (Jn 19,26-27) es el único que cree. El evangelista aclara
que “hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos”. La Resurrección de Jesús, lleva a los discípulos a entender la Palabra de Dios. Tenemos ahora 50 días para ir escudriñando esa
Palabra que el Señor de la vida va a dirigirnos.

LA PALABRA HOY
María Magdalena es símbolo de los buscadores de Jesús, por ello se pone en camino hacia el sepulcro. Sin embargo, allí en el sepulcro vacío no descubre nada ni a nadie. El símbolo de que todavía estaba oscuro así lo refleja. Ante la noticia de
la mujer, Pedro y el discípulo amado también se ponen en movimiento. Ante el signo del sepulcro vacío, al único que se atribuye la fe es al discípulo amado. El amor genera la fe. El cree porque ama.

Para abrirnos a la fe en la resurrección hemos de hacer nuestros propios recorridos, no podemos refugiarnos en los caminos que transitan otros. Pero hemos de hacerlos desde el amor. Solo el que ama es capaz de confiar, es capaz de fiarse.

Mariela Martínez Higueras, OP

COMENTARIO BÍBLICO AL DOMINGO DE RESURRECCIÓN

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