
El Obispo ha participado en los actos celebrados por la Guardia Civil con motivo de la festividad del Pilar
La entrada “Necesitamos la seguridad y confianza que nos da la Guardia Civil” apareció primero en Diócesis de Córdoba.

El Obispo ha participado en los actos celebrados por la Guardia Civil con motivo de la festividad del Pilar
La entrada “Necesitamos la seguridad y confianza que nos da la Guardia Civil” apareció primero en Diócesis de Córdoba.
Con motivo de la festividad de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, y del Día de la Fiesta Nacional de España, el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, ha presidido hoy la celebración en la Santa Iglesia Catedral de Huelva, en la que ha invitado a reflexionar sobre el valor del servicio, la convivencia y el compromiso con el bien común.
En su homilía, el prelado ha agradecido la labor de los hombres y mujeres de la Guardia Civil, destacando su presencia discreta y fiel junto a quienes necesitan ayuda, así como el sacrificio de sus familias. También ha tenido un recuerdo para quienes han perdido la vida en acto de servicio y para todas las personas que necesitan protección, consuelo y esperanza.






Coincidiendo con la Fiesta Nacional, Mons. Santiago Gómez Sierra ha subrayado la necesidad de construir una sociedad capaz de integrar las diferencias desde el respeto y la responsabilidad. «Ninguna diferencia política puede borrar nuestra condición de hermanos», ha afirmado, apelando al diálogo frente a la crispación y a la búsqueda del bien común por encima de los intereses particulares. Asimismo, ha recordado que «la autoridad encuentra su mayor dignidad cuando se pone al servicio del bien común».
La homilía ha destacado también los vínculos históricos, culturales y espirituales entre España y los pueblos de Hispanoamérica, y ha presentado a la Virgen del Pilar como ejemplo de fe, esperanza y entrega generosa a los demás. La celebración ha concluido con una oración por la Guardia Civil, sus familias y España, y con una llamada a construir juntos un futuro de justicia, libertad y fraternidad.




Santa Iglesia Catedral de Huelva
Hermanos sacerdotes, autoridades civiles y militares, miembros de la Guardia Civil, familiares y amigos:
Hermanos y hermanas, amados por el Señor:
Celebramos hoy la fiesta de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil. La tradición cristiana ha visto en Ella una presencia maternal que acompaña a la Iglesia en España desde sus primeros pasos. Y, más allá de las circunstancias históricas que rodean el origen de esta advocación, lo que hoy celebramos es una certeza que pertenece al corazón de nuestra fe: María permanece junto a los discípulos de su Hijo y nos conduce siempre hacia Él.
La Palabra de Dios que acabamos de escuchar nos ofrece dos imágenes muy hermosas: María reunida en oración con los primeros discípulos y Jesús proclamando dichosos a quienes escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Ambas nos ayudan a comprender el sentido profundo de esta celebración.
En la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a María en medio de la primera comunidad cristiana. Los discípulos no saben bien cómo será el futuro; han experimentado el desconcierto de la cruz y la alegría de la Resurrección, pero necesitan fortaleza para continuar la misión recibida.
Y allí está María. No ocupa el centro de la escena, sencillamente, permanece con ellos, ora con ellos y sostiene su esperanza.
De este modo, la Virgen María nos enseña que, muchas veces, la mayor fortaleza consiste en permanecer fieles cuando las circunstancias son difíciles. Estar presentes, acompañar, sostener al que vacila y no abandonar al que nos necesita: también ahí se manifiesta la grandeza del corazón humano.
¡Qué imagen tan sugerente para una celebración como esta! Porque la misión de la Guardia Civil está hecha, en buena medida, de esa presencia fiel y discreta. De estar cuando alguien necesita ayuda; acudir cuando otros sienten miedo; proteger a quien se encuentra en peligro; cumplir el deber incluso cuando resulta costoso y nadie está mirando.
Detrás de cada uniforme hay una persona, una familia, una historia de entrega y, tantas veces, sacrificios que no aparecen en los titulares. Por eso, hoy queremos dar gracias a Dios por todos los hombres y mujeres de la Guardia Civil, por su servicio a Huelva y a toda la sociedad, y también por sus familias, que comparten tantas veces las preocupaciones y las renuncias de esta vocación de servicio.
Pero la Palabra de Dios nos invita a ir todavía más lejos.
En el Evangelio, una mujer exclama, admirada ante Jesús: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Jesús recoge aquella alabanza y la lleva a su verdadera profundidad: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.
Jesús no rebaja la grandeza de su Madre. Al contrario, nos revela dónde se encuentra su dignidad más profunda. La Santísima Virgen es bienaventurada no solamente porque llevó a Jesús en su seno, sino porque creyó en la Palabra de Dios y permitió que esa Palabra transformara toda su existencia. Su respuesta, ante el anuncio del Ángel de que en ella iba a obrar el Espíritu Santo la encarnación del Hijo eterno de Dios fue: Hágase en mí según tu palabra.
Por eso María es grande, porque confió; porque se puso en manos de Dios; porque hizo de su vida una respuesta generosa a su llamada.
Y aquí encontramos otra enseñanza decisiva para todos nosotros: no basta con admirar los valores; hay que encarnarlos en la propia vida. No basta con honrar a la Virgen; hay que aprender de ella. Así, no podemos contentarnos con hablar de justicia: hay que actuar justamente. Tampoco basta con defender la paz: hay que trabajar por ella. Ni basta con proclamar la dignidad humana: hay que reconocerla en cada persona, también en aquella que piensa de manera diferente, que se encuentra en una situación difícil o que reclama nuestra paciencia.
Esto vale para todos, pero adquiere una especial relevancia cuando se ejerce una responsabilidad pública. La autoridad encuentra su mayor dignidad cuando se pone al servicio del bien común.
Jesús nos ofrece el criterio definitivo cuando dice que no ha venido a ser servido, sino a servir. Esa es la lógica del Evangelio: la verdadera grandeza no consiste en situarse por encima de los demás, sino en ponerse al servicio de los demás.
Queridos guardias civiles: que vuestra misión esté siempre iluminada por estos valores. Y que encontréis siempre en la justicia, la honestidad y el respeto los fundamentos de vuestra actuación.
También, esta fiesta de la Virgen del Pilar tiene una resonancia particular, porque celebramos también el Día de la Fiesta Nacional de España y los profundos vínculos históricos, culturales y espirituales que unen a los pueblos de Hispanoamérica.
Es una ocasión para dar gracias por todo lo que hemos recibido, por una larga historia compartida. Esa unidad no elimina las diferencias, sino que nos exige vivirlas sin destruir los vínculos que nos unen. Una sociedad madura admite la discrepancia, el debate y la legítima pluralidad; pero necesita también respeto, sentido de la responsabilidad y voluntad sincera de buscar el bien común. No se trata de pensar todos lo mismo, ni de renunciar a las propias convicciones, sino de recordar que ninguna diferencia política puede borrar nuestra condición de hermanos, ni ningún desacuerdo debería hacernos olvidar la dignidad de quien piensa de otra manera.
Hoy ponemos bajo el amparo de la Virgen del Pilar a la Guardia Civil de Huelva, a sus mandos y agentes, a sus familias y a todos cuantos colaboran en la construcción de una sociedad más segura y más justa. Recordamos también a quienes han perdido la vida en acto de servicio, a quienes han sufrido las consecuencias de la violencia y a todas las personas que necesitan protección, consuelo y esperanza.
También pedimos especialmente por España: para que no se impongan la crispación sobre el diálogo, el resentimiento sobre el perdón o el interés particular sobre la búsqueda del bien común. Que sepamos defender nuestras convicciones sin convertir al discrepante en enemigo y que aprendamos a construir juntos, desde nuestras diferencias, un futuro de justicia, libertad y fraternidad.
Virgen Santa del Pilar, fortalece nuestra fe, afirma nuestra esperanza y haznos constantes en el amor.
Amén.
La entrada El obispo de Huelva llama al diálogo, la unidad y el servicio al bien común en la festividad de la Virgen del Pilar se publicó primero en Diócesis de Huelva.
Hay vidas que dejan huella. Historias sencillas, nombres, rostros y recuerdos que han sostenido nuestras familias y que, muchas veces, también nos han enseñado a rezar. Con ese espíritu nace la Jornada en Almería de los Abuelos y Mayores 2026, que se celebrará el próximo sábado 24 de octubre bajo el lema «Yo nunca me olvidaré de ti» (Is 49,15).
La propuesta, organizada por la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar y Defensa de la Vida, quiere ser mucho más que un encuentro puntual. Será una mañana para caminar juntos, escuchar testimonios, agradecer la vida recibida y poner en valor la misión que los mayores siguen teniendo en nuestras familias y en la Iglesia.
La jornada comenzará entre las 10:30 y las 11:00 horas en la Casa de la Hermandad del Prendimiento, en la plaza Bendicho, donde tendrá lugar la acogida de los participantes y la recogida de comida para compartir.
Desde allí comenzará un pequeño itinerario a pie por el centro de Almería. La primera parada será la Residencia Sacerdotal, a las 11:00 horas, con un encuentro y testimonio de un sacerdote y miembros de Vida Ascendente. A las 12:00 horas, el recorrido continuará hasta el convento de las Claras, donde los participantes compartirán un encuentro con una religiosa clarisa y escucharán también el testimonio de un viudo y de un matrimonio de abuelos.
El camino concluirá en la parroquia de Santiago Apóstol, donde a las 13:15 horas se celebrará la Eucaristía como acción de gracias por la vida y la misión de nuestros mayores.
Después de la celebración, los participantes regresarán a la Casa de la Hermandad del Prendimiento para disfrutar de un tiempo de convivencia y compartir fraterno. Puedes apuntarte en el correo familiayvida@diocesisalmeria.es


La tarde del sábado 10 de octubre quedará marcada en la historia de Vera. La plaza Mayor se llenó de fieles para acompañar a la Virgen de las Angustias en uno de los actos centrales del centenario de su coronación canónica.
La imagen de la patrona ocupó un lugar destacado en la fachada de la iglesia y desde allí presidió la solemne celebración de la Eucaristía, durante la que volvió a ser coronada cien años después de aquella primera coronación. En 1926, la Virgen de las Angustias fue la primera imagen de la provincia de Almería en recibir este reconocimiento. La corona que entonces recibió se perdió durante la Guerra Civil.
Décadas después, el pueblo de Vera volvió a regalarle una nueva corona, pero con motivo del centenario la Hermandad quiso recuperar la solemnidad de aquella primera pieza y promovió la realización de una corona especialmente elaborada para esta efeméride.
La Eucaristía estuvo presidida por el obispo diocesano y contó con la presencia de numerosas autoridades municipales, provinciales y autonómicas. Tras la celebración, la Virgen de las Angustias recorrió las calles de Vera en una procesión extraordinaria, convertida en uno de los momentos más esperados de este año jubilar.
Las celebraciones del centenario continuarán con nuevas citas. El próximo 31 de octubre tendrá lugar un besamanos extraordinario y, el 1 de noviembre, la imagen de la patrona visitará el cementerio de Vera.
Fotos: Javier Alonso, Diario de Almería

Querida Comunidad, hermanos sacerdotes D. Jesús y D. José Gregorio, párroco y vicario de Vera, Hnas. Franciscanas de la Purísima, Hermandades y cofradías… Estimadas autoridades: Sr. Alcalde y corporación municipal de Vera. Sr. Presidente de la Diputación Provincial de Almería, Sras. Diputadas. Delegado de Salud de la Junta de Andalucía. Teniente de la Guardia Civil. Subinspector Jefe de la Policía Local de Vera. Hermanas y hermanos todos.
Aquí estamos a tus pies, Virgen de las Angustias, 100 años después de tu Coronación Canónica. 100 años que los veratenses te reconocen como Reina y Señora de nuestro pueblo. Y hoy nos reafirmamos con una nueva corona, y con un reconocimiento de nuestra provincia. Pero una corona no es un adorno más, es irradiación, es autoridad (en la antigüedad lo eran por la gracia de Dios) En María tenemos esa certeza plena. Colocar una corona en el lenguaje de la fe significa que ponemos nuestra vida bajo su amparo y que reconocemos en María el camino más seguro para llegar a Cristo, por la gracia de Dios. No coronamos a la Virgen para hacerla más grande, la coronamos porque nosotros necesitamos recordar quién ocupa un lugar de honor en nuestro corazón y quien nos libra de nuestras angustias. La palabra angustia es una palabra latina que significa ‘angostura’, ‘dificultad’ o ‘estrechez’. Después pasó al plano psicológico significando ‘aflicción’ ‘congoja’ ‘ansiedad’…
Hoy, las lecturas de la Palabra de Dios nos proponen de nuevo una parábola sobre el Reino. En el fondo nos encontramos con los mismos temas fundamentales que proclamamos los anteriores domingos cuando contemplamos la viña del Señor.
La Palabra de Dios está llena de imágenes para que nos ayudan a entender la profundidad de las cosas en las que creemos. El Reino de Dios es como un banquete de Bodas. Es una fiesta. El profeta Isaías, en el que Jesús se inspira, imagina un gran convite “con manjares suculentos y vinos de solera”. Un convite que significa el final de toda peregrinación, por los desiertos de la vida, el final de todo dolor en el que será “aniquilada la muerte” … “El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros” y por eso será una fiesta y todos los celebrarán con alegría.
Este es el proyecto de Dios con todos sus hijos, que cada uno de nosotros participemos del plenamente de la alegría de la vida. Nuestro Dios es el Señor de la alegría, de la esperanza y de la vida. Se preocupa y vela por nosotros ya lo dice el salmo “me guía por el sendero justo” “Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida”.
Pero la verdad es que muchas veces los cristianos no parecemos que estemos invitados a una fiesta de bodas. Sin quererlo presentamos y vivimos un cristianismo estéril, sin aliento vital, de unas maneras tristes y poco atrayentes. Parece que más que a un banquete de bodas estamos invitados a un valle de lágrimas, una peregrinación de sufrimientos y lamentaciones. En cambio, lo repetimos muchas veces, pero no nos lo creemos, que el llamamiento de Jesús es a sentirnos amados, valorados, dignificados, invitados a la alegría de vivir y a la libertad de los hijos de Dios.
Pero como en la parábola, somos capaces de justificar lo injustificable, de una manera torpe, para no ir a la fiesta del Evangelio, para no entrar en la vida que Jesús nos propone. Nos justificamos con tareas más importantes ¿Más importantes, de verdad? Por qué no ponemos la mano en nuestro corazón y nos preguntamos ¿Qué es lo prioritario en nuestra vida? ¿Hacer dinero, asegurarnos un futuro, responder a las expectativas de los demás, … o vivir la vida como un don de Dios, con serenidad y alegría, a pesar de las contrariedades?
Fijémonos en San Pablo: “Se vivir en abundancia y en pobreza, porque estoy entrenado en todo y para todo” ¿Cómo ha llegado a este equilibrio interior? A través de las pruebas vividas: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”. Sabe en quién confía, sabe cuál es su misión. Sabe que Jesús es el compañero de camino que ha pasado por todo y ha salido victorioso, él es su Señor y Salvador.
Y si somos y nos sentimos invitados no significa que ya no tengamos más responsabilidades. Muy al contrario. Nos puede pasar como al compañero que no llevaba traje de fiesta. No todo vale. No basta con tener una apariencia externa (nombre de cristiano) sino que hemos de tener aptitudes, sensibilidad para participar de ese banquete. Se nos pide coherencia entre lo que decimos que somos y lo que vivimos. Interior y exteriormente tenemos que expresar lo que somos.
En la mesa, en el banquete, en la fiesta se destaca más lo que nos une que lo que nos separa. Si fuese una mesa de negocios aparecería más lo que nos divide. Nosotros en nuestra vida, en este tiempo, intentamos señalar casi siempre más lo que nos separa que lo que nos une, en aras del pluralismo, o mejor de hacer cada uno lo que más nos interesa en cada momento.
El banquete del Reino además es un banquete de Bodas. No podía ser de otra forma: de alianza, amor, fidelidad, entrega mutua.
La parábola del banquete nos narra la realidad del Reino o la salvación del hombre: sólo hay salvación si hay comunión de vida.
Una cosa es cierta, la ropa de boda necesaria no es la inocencia. Porque son los pecadores a los que Dios nos invita a la fiesta, en eso la parábola es muy clara. Ni la Iglesia, ni el Reino de Dios es una sociedad de perfectos, sino de personas que tienen conciencia de su pecado y aspiran al perdón. “¡Revestíos de Cristo!” Gál 3,27 nos dice san Pablo e insiste “¡Revestíos del hombre nuevo!” Col 3,10
Está claro, hermanos, participar en la fiesta requiere una actitud de conversión. También la Eucaristía es el convite, la mesa de la intimidad, como la de los discípulos de Emaús. “¡Quédate Señor con nosotros!”. La Eucaristía que celebramos es también el altar del sacrificio de la vida de Cristo y la mesa de su Palabra, la mesa del encuentro con Cristo y con la comunidad, la mesa del compromiso que nos envía en medio del mundo a ser testigos fieles del Evangelio de Jesucristo.
Esta fiesta no quedará sin invitados. Todos estamos invitados. Pero nadie somos imprescindibles. Creer, es un regalo, un don, una Gracia. Entender esto significa muchas cosas, significa comprender: la fe, la vocación e incluso a uno mismo.
Que cada uno hoy piense qué compromisos, qué prioridades, qué quehaceres le impedirán aceptar esta invitación, esta tarjeta de bodas que nos ha enviado hoy el Señor, a nuestro corazón. Siempre que venimos a la Eucaristía participamos de la vida de Jesús y somos como él, “otros Cristo”. Si no, algo marcharía mal en nuestras vidas y en nuestra fe.
Hoy, invitados a esta boda (del latín = compromiso público y solemne) de la imposición de la nueva corona, alrededor de Nuestra Señora, desaparecen muchas diferencias. Aquí estamos personas de distintas edades, de distintas familias, con distintas historias y formas de pensar, pero mirarla a ella, nos configuran y nos exige caminar juntos, porque descubrimos que tenemos una misma Madre. Y cuando un pueblo aprende a encontrarse en torno a aquello que le une, la convivencia deja de ser un deseo para convertirse en una realidad.
Ojalá que, al celebrar estos 100 años de la Coronación, no nos quedemos solo contemplando una serena imagen con una nueva y magnífica corona. Ojalá que, volvamos a casa con el deseo de parecernos un poco más a María: disponibles para Dios y su voluntad, cercanos a los demás y capaces de llevar esperanza allí donde haga falta. Porque esa será siempre la mejor manera que tengamos de honrar a la Santísima Virgen de las Angustias, Nuestra Señora. ¡Ánimo y adelante!
Vera, 10 de octubre de 2026
+ Antonio, vuestro obispo
Vida Ascendente Diocesana celebró el pasado 3 de octubre su Asamblea General Anual en la parroquia de Santa Teresa de Almería. El encuentro reunió a los miembros del movimiento durante toda la mañana y sirvió para compartir el inicio del nuevo curso 2026-2027.
La jornada estuvo marcada por el deseo de seguir caminando juntos en sintonía con el nuevo Plan Pastoral Diocesano 2026-2030, bajo el lema «Comunión que celebra su fe, acoge y evangeliza».
Durante la mañana se desarrollaron los distintos momentos de la Asamblea, que contó con una buena participación. Uno de los momentos centrales fue la celebración de la Eucaristía, presidida por el consiliario del movimiento, D. Roberto Rodríguez.
El encuentro concluyó con una comida fraterna, ocasión para fortalecer los lazos entre los participantes y renovar el compromiso de Vida Ascendente con sus tres grandes pilares: amistad, oración y apostolado.
Con esta Asamblea General, Vida Ascendente comienza un nuevo curso con el propósito de seguir ofreciendo a los laicos adultos un espacio de encuentro, formación y vivencia compartida de la fe.

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:
Recientemente ha comenzado el curso 2026-2027 en los centros teológicos de nuestra diócesis: el Centro Superior de Estudios Teológicos y el Instituto de Ciencias Religiosas, en los que se pueden obtener titulaciones de Grado y Máster; y la Escuela San Manuel González, con diversas sedes en el territorio, que ofrece una sólida iniciación a la teología.
Quisiera, ante todo, expresar mi admiración y mi gratitud a quienes dedicáis vuestro tiempo a enseñar teología o a aprenderla. Hay que reconocer que, en medio de otras responsabilidades pastorales, laborales y familiares, no es fácil reservar un tiempo de calidad a esta tarea. Digo deliberadamente «de calidad», porque el estudio de la teología reclama presencia, silencio y perseverancia.
Valoro especialmente la opción de tantos alumnos que, pudiendo elegir otras formas de estudio, eligen nuestros centros teológicos. En ellos enseñan sacerdotes y laicos, con formaciones y experiencias pastorales diversas, a un alumnado procedente de ámbitos muy diversos de la vida diocesana. El encuentro, la conversación y la reflexión compartida hacen de estos centros un lugar privilegiado para sentirnos parte de esa red diversa y unida que constituye la Iglesia que peregrina en Málaga y Melilla.
Pero ¿qué significa, en el fondo, estudiar teología? Significa responder a una pregunta que el mismo Jesús dirige a sus discípulos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mc 8,29). El estudio de la teología no consiste simplemente en adquirir conocimientos, sino en buscar honestamente la verdad. Esta búsqueda tiene un rostro y un nombre: Jesucristo. Por eso, la primera responsabilidad de profesores y alumnos es profundizar en el conocimiento de Cristo. Esta sabiduría ensancha la razón, fortalece la fe y nos capacita para servir mejor a la Iglesia y al mundo.
Precisamente por eso, vuestra dedicación al estudio constituye también un servicio a la diócesis. Vivimos un momento muy significativo en nuestra Iglesia de Málaga y Melilla, llamada a avanzar en la conversión sinodal y a elaborar un nuevo plan pastoral, teniendo en cuenta los desafíos de nuestro tiempo: la interculturalidad, la realidad de la inmigración, el diálogo interreligioso, la evangelización de la cultura, las nuevas formas de espiritualidad, no pocas veces desvinculadas de la comunidad cristiana y del sufrimiento de los pobres, y tantos otros retos que están llamando a nuestra puerta. Ante esta realidad, necesitamos sacerdotes y laicos que sepan pensar la fe, discernir los signos de los tiempos y ofrecer una palabra verdaderamente cristiana ante las preguntas y búsquedas de nuestros contemporáneos.
Reitero, por ello, mi gratitud al profesorado y al alumnado de nuestros centros teológicos, así como a sus equipos directivos. Y animo a todos los diocesanos y diocesanas, especialmente a quienes tenéis responsabilidades eclesiales o vivís vuestro apostolado en lugares exigentes, a preguntaros si ha llegado el momento de estudiar teología.
Un saludo muy cordial en el Señor.
El Santo Padre anunció al término del Ángelus que se operará en los próximos días para extirpar un nódulo pulmonar detectado en fase temprana
El arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, ha pedido a los sacerdotes, a la vida consagrada y a los laicos de la archidiócesis que oren por la salud del Papa León XIV. Lo ha hecho a través de su cuenta en la red social X, pocas horas después de que el Santo Padre anunciara en la plaza de San Pedro que va a someterse a una intervención quirúrgica.
«Ante el anuncio hecho por el Papa León XIV hoy en el Ángelus que se operará en los próximos días para extirpar un nódulo circunscrito en el pulmón, detectado en fase muy inicial, pido a todos los fieles (sacerdotes, vida consagrada y laicos) de la Archidiócesis de Granada rueguen a Dios por la salud del Papa», ha escrito el arzobispo en su cuenta de X (https://x.com/jmgilt/status/2109310873193877522)
El Papa comunicó la noticia al final del rezo mariano de este domingo, 11 de octubre, con estas palabras: «Queridos amigos: recientemente, durante una revisión, los médicos me han detectado un nódulo localizado en el pulmón. Se ha detectado todavía en una fase muy temprana y está bien localizado. Los médicos consideran oportuno intervenir. Por eso, siguiendo sus consejos, he decidido operarme para removerlo. La operación ya está programada para los próximos días. Les agradezco su cercanía espiritual y me encomiendo a sus oraciones».
La intervención tendrá lugar en el Policlínico Gemelli de Roma. A preguntas de los periodistas, el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, precisó que la operación está prevista para los primeros días de la semana próxima y que la hospitalización posterior durará aproximadamente una semana.
Antes del anuncio, León XIV comentó el Evangelio del domingo, la parábola del banquete de bodas que un rey prepara para su hijo (Mt 22,1-14). El Papa subrayó que el rey, ante el rechazo de los invitados, no suspende la boda, sino que extiende la invitación a muchos más, y pidió a la Virgen María ayuda para anunciar la alegría del Evangelio en todas partes, también donde no es comprendida.
Tras el Ángelus, el Santo Padre recordó la beatificación en Mantua de sor María Ignacia Isacchi, fundadora de las Hermanas Ursulinas del Sagrado Corazón de Jesús, y pidió a las partes en conflicto en Ucrania que permitan el transporte seguro de cereales por el mar Negro. Entre los grupos saludados figuraban la Asociación de Fieles Hakuna y las Antiguas Alumnas de Jesús-María de España.

Jerez de la Frontera ha celebrado durante los días 9 y 10 de octubre la festividad de San Dionisio Areopagita, Patrón de la ciudad, con diferentes actos religiosos que han tenido como centro la Real Iglesia de San Dionisio y que han contado con la presencia de Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.
Las celebraciones comenzaron el viernes 9 de octubre con el tradicional Te Deum, uno de los actos más significativos de esta festividad, que cada año reúne al Cabildo Municipal y al Cabildo Catedral en torno al Patrón de Jerez.
Siguiendo la tradición, el Cabildo Municipal trasladó el pendón de la ciudad hasta la Real Iglesia de San Dionisio Areopagita, donde fue recibido por el Cabildo Catedral y Monseñor José Rico Pavés.
Una vez situados ambos cabildos en el interior del templo, el párroco de la Real Iglesia de San Dionisio y canónigo de la Santa Iglesia Catedral pronunció una disertación sobre la figura del santo, profundizando en su historia y en el significado de su patronazgo para la ciudad.
[ENLACE AL DOCUMENTO CON LA DISERTACIÓN COMPLETA SOBRE SAN DIONISIO AREOPAGITA]
Tras esta intervención tuvo lugar el canto del Te Deum, himno de alabanza y acción de gracias a Dios. El acto concluyó con el regreso del pendón de la ciudad al Cabildo Municipal.
La jornada continuó con la celebración de la Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, en la que los fieles se reunieron para celebrar la festividad de San Dionisio Areopagita.
Durante la celebración, el Obispo de Asidonia-Jerez también llevó a cabo la bendición de Nuestra Señora de la Luz, nueva imagen titular mariana de la Hermandad de la Resurrección, un acontecimiento especialmente significativo para esta corporación.
PINCHA AQUÍ PARA VER LA BENDICIÓN
En su homilía, Monseñor José Rico Pavés comenzó su reflexión con una pregunta de Jesucristo que presentó como decisiva para la vida de todo cristiano: «¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su alma». A partir de estas palabras, el Obispo de Asidonia-Jerez invitó a los fieles a reconocer que la existencia humana está llamada a una plenitud que supera los límites de este mundo, recordando que el ser humano ha sido creado para Dios y que en Él encuentran su verdadero sentido la búsqueda de la verdad, la bondad, la belleza y la comunión.
En este sentido, el prelado señaló que los esfuerzos por acumular bienes, alcanzar bienestar o conseguir el reconocimiento de los demás pierden su verdadero sentido si no se orientan hacia el Señor, que constituye la meta definitiva de la existencia humana.
Desde esta reflexión, Monseñor Rico Pavés se detuvo en la figura de San Dionisio Areopagita, patrón de Jerez de la Frontera, recordando cómo, al escuchar la predicación del apóstol san Pablo en el Areópago de Atenas, encontró la respuesta a las inquietudes que llevaba en su interior. Mientras otros reaccionaron con burlas ante el anuncio de la resurrección, Dionisio y una mujer llamada Dámaris acogieron la predicación del apóstol y decidieron seguirlo. «La tiniebla que le envolvía quedó disipada con la luz del anuncio de la resurrección», expresó el Obispo.
Asimismo, recordó que, según los historiadores de la antigüedad cristiana, Dionisio llegó a convertirse en el primer obispo de Atenas, mientras que la tradición posterior vinculó su figura con san Dionisio, mártir en París. También hizo referencia a los escritos aparecidos en el siglo V bajo el nombre de Dionisio Areopagita, cuya influencia en la historia de la Iglesia destacó especialmente.
El prelado explicó que estas tres figuras estaban vinculadas bajo un mismo nombre cuando, el 9 de octubre de 1264, Jerez fue reconquistada e incorporada al Reino de Castilla, quedando bajo el patrocinio del santo cuya festividad se celebraba aquel día.
A partir de este acontecimiento, Monseñor Rico Pavés profundizó en el significado que tiene para la ciudad la celebración anual de su patrón. Recordó que, según una antigua crónica mozárabe, décadas antes de la reconquista, el endurecimiento de las medidas contra los cristianos durante el dominio almohade había provocado la huida de los miembros de la comunidad cristiana, encabezados por el obispo asidonense, que fueron acogidos por el arzobispo de Toledo.
Por ello, destacó que la festividad de San Dionisio constituye una ocasión para dar gracias a Dios por la recuperación de la libertad de la comunidad cristiana para vivir y expresar su fe, así como por la posibilidad de volver a crecer en unidad y comunión. «La transformación de nuestra ciudad fue posible bajo el patrocinio de un santo al que seguimos acudiendo», afirmó.
El Obispo relacionó también el testimonio de San Dionisio, que acogió el anuncio de Cristo resucitado, con otro de los acontecimientos significativos de la jornada: la bendición de la nueva imagen de Nuestra Señora de la Luz, titular mariana de la Hermandad del Resucitado.
En este punto, Monseñor Rico Pavés recordó que la Resurrección constituye el fundamento de la fe cristiana. «Si Cristo no ha resucitado, vana e inútil es nuestra fe. No somos seguidores de un difunto, sino de quien vive para siempre», subrayó.
De manera especial, dirigió unas palabras a la Hermandad del Resucitado, destacando la responsabilidad que tiene dentro de la realidad cofrade de anunciar la esperanza de la vida eterna y comunicar el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte. En este sentido, señaló que su misión consiste en recordar que el sufrimiento y el dolor no tienen la última palabra, porque Cristo resucitado hace partícipes de su victoria a quienes creen en Él.
«No me canso de repetir que entre todas las hermandades y cofradías hay una que tiene la responsabilidad fundamental, que es la de llevar a todos la esperanza de la vida eterna», afirmó, refiriéndose a la Hermandad del Resucitado.
Asimismo, felicitó al hermano mayor y a los miembros de la junta de gobierno por la bendición de la nueva imagen mariana, calificando este acontecimiento como un paso importante en la joven historia de la corporación y «un bien no solo para ellos, sino también para la realidad cofrade de nuestra ciudad».
En la parte final de su homilía, Monseñor Rico Pavés exhortó a los fieles a seguir proclamando el mensaje de la Resurrección con la misma valentía que san Pablo y a responder como lo hicieron Dionisio Areopagita y Dámaris, sin dejarse vencer por las burlas o el temor ante quienes rechazan la fe.
Finalmente, coincidiendo con la bendición de Nuestra Señora de la Luz, el Obispo pidió que la protección de la Virgen acompañe siempre a los fieles para que, poniendo a Jesucristo en el centro de sus vidas, puedan dar testimonio de Él y «llevar con la ayuda de nuestra Madre la luz del Resucitado a todos nuestros contemporáneos».
Como es habitual, concluyó su homilía confiando todo a la intercesión de María Santísima: «Por eso, en esta tarde y siempre, nada sin María, todo con ella».
La procesión de San Dionisio pone fin a las celebraciones
Los actos en honor al Patrón de Jerez continuaron durante la jornada del sábado 10 de octubre, cuando la imagen de San Dionisio Areopagita recorrió en procesión las calles de la ciudad, prolongando así las celebraciones de su festividad.
La salida procesional permitió que la devoción al santo saliera nuevamente del templo y se hiciera presente en las calles del centro histórico de Jerez, en una jornada dedicada a honrar a quien es Patrón de la ciudad.
Con esta procesión concluyeron las dos jornadas de celebraciones en torno a San Dionisio Areopagita, que han unido la tradición histórica del Te Deum, la celebración eucarística y la manifestación pública de la fe.
La entrada Jerez celebra a su Patrón, San Dionisio Areopagita, con el tradicional Te Deum, la Eucaristía y la procesión por las calles de la ciudad se publicó primero en Diócesis Asidonia – Jerez.
Con motivo de su visita a nuestra Archidiócesis, donde asistió al concierto del Coro de la catedral del Buen Pastor.
La Eucaristía de hoy domingo 11 de octubre en la S.A.I Catedral de Granada ha estado presidida por el obispo de San Sebastián, Mons. Fernando Prado Ayuso, quien ha estado en nuestra diócesis asistiendo al concierto que en la víspera ofrecía el coro de su templo catedralicio del Buen Pastor en el templo metropolitano granadino. Un concierto que calificó de “maravilloso” y agradecido a las voces del Coro donostiarra que “nos eleva a todos en espíritu”.

Nuestro arzobispo Mons. José María Gil Tamayo cedía la cátedra a su hermano en el episcopado para la celebración de la Eucaristía dominical. “Nos sentimos muy alegres de poder compartir la Palabra, el Cuerpo del Señor, la fraternidad y amistad con la Iglesia hermana de San Sebastián”, señaló D. José María al inicio de la Santa Misa.
La Santa Misa ha estado acompañado en la liturgia con las voces del “Coro Mariaren Bihotza Abesbatza”, que en vasco significa “Coro del Corazón de María”, perteneciente a la Catedral del Buen Pastor de la Diócesis de San Sebastián. Este mismo Coro participaba el sábado día 10, en la víspera a la Santa Misa, en el concierto que ofrecían en la Catedral de Granada, junto a la organista titular Concepción Fernández Vivas, dentro de los actos conmemorativos del V centenario de construcción del templo metropolitano.
EN GRANADA
En sus palabras durante la homilía, el obispo de San Sebastián, que expresaba sentirse “muy a gusto y muy bien con vosotros”, daba la bienvenida y saludaba a los granadinos. Mons. Prado expresaba también su agradecimiento por participar y compartir juntos la Palabra de Dios en nuestra diócesis. Asimismo, subrayaba “lo que nos conecta” estemos donde estemos, “ya sea en San Sebastián, Granada o en Singapur”, indicando que esta conexión es la Palabra de Dios y reunirnos en torno a la Mesa en el Altar.

“Siempre que celebramos juntos la fe se produce un pequeño milagro: que la fe de cada uno sale fortalecida”, señaló Mons. Prado Ayuso. Esto sucede “sobre todo, cuando celebramos la Eucaristía, juntos, en torno al Altar del Señor”, indicó. “Al celebrar juntos, la fe de cada uno se ve fortalecida”.
El obispo de San Sebastián, que expresó su agradecimiento por la Eucaristía que celebraba y la cátedra cedida por nuestro arzobispo para su celebración, dirigió una invitación a los fieles para rezar “por nuestras iglesias particulares y nuestro país”.