Monseñor Jesús Fernández ha compartido con los pacientes su evolución, las consecuencias del siniestro en cada uno y la valoración de la hospitalización: «Cercanía humana»
El Obispo de Córdoba ha permanecido casi dos horas en el Hospital San Juan de Dios de Córdoba donde continúan hospitalizadas ocho personas y otras dos permanecen en la UCI. Durante su visita, ha estado acompañado por el gerente del centro hospitalario , Horacio Pijuán y por el superior del hospital, Isidoro de Santiago , que han acompañado a monseñor Jesús Fernández, junto al director de enfermería , Antonio Luis Raya , a conocer a los pacientes ingresados desde el pasado domingo cuando se produjo el accidente de tren en Adamuz.
En su visita, algunos pacientes han narrado cómo vivieron ese momento dramático, la confusión del principio y la presencia de sus heridas, y su posterior traslado al centro hospitalario, una secuencia muy rápida de la que valoran «que estuvo muy bien organizada» . En concreto, un vecino de Huelva ha explicado al Obispo, que en el momento del accidente se disponía a ir a la cafetería del tren Alvia y no llegó a hacerlo. Por su parte, su esposa, que llegó con fractura del brazo derecho se recupera favorablemente y destaca «la atención recibida por todos, en todos los sentidos».
Los pacientes ingresados han agradecido la visita al Obispo y han departido con él sobre otros temas como la afición al senderismo de otra paciente que pretende hacer el camino de Santiago tras su total recuperación. Al final de la conversación, la mujer ha mostrado una medalla del Apóstol que el Obispo ha bendecido. Su familia ha agradecido al Obispo su visita, al igual que otra pareja, cuya mujer está a la espera del alta hospitalaria.
Enciendo el televisor para ver las últimas noticias sobre los dos trenes descarrilados en Adamuz. No puedo controlar las lágrimas. Cómo la gente se desvivió en ayudar las víctimas. Cómo un adolescente de 16 años empujó a su madre, simplemente para ayudar. No pude parar, no me di cuenta del cansancio, iba y venía sin pensar, decía a la cámara. Otro adulto negaba que fuese un héroe, fui a echar una mano, nada más, no soy un héroe.
Pero se me ha quedado agarrado al corazón una niña de 6 años deambulando por las vías, sola. Su madre, su padre, su hermano y su primo habían fallecido en el accidente. Es desolador. Cristina caminaba sola a la orilla de la catástrofe, buscando unos brazos donde cobijarse, una explicación a lo ocurrido, a su tierna edad. No se me quita esa niña de la cabeza.
Los periodistas, al pie de la noticia, siguen dando vueltas a la tragedia, infografías, datos, especulaciones, análisis, programas especiales, palabras de los expertos, preavisos de ruidos y temblores, testimonios de familiares y amigos, búsquedas sin respuestas, el paso del tiempo hace más difícil la esperanza, días de luto, funerales civiles y de la iglesia, y un vacío intenso y desgarrador en el corazón. Es como una gran noria que mueve lentamente sus engranajes, mientras se queja con sus crujidos. Los afectados se abrazan, esperan noticias con las lágrimas en los ojos o el vacío en la mirada.
Los responsables políticos visitan a los familiares y el lugar del suceso. Palabras de condolencia. No saben qué ha pasado. Todas son incertidumbres. Alguna red social arde repartiendo culpabilidades demasiado pronto, como si eso fuese lo que había que hacer. Hay personas desasosegadas que viven en un sin vivir, despotricando a la primera de cambio. Antes de nada, comienzan los conspiranoicos entrando en una vorágine de sospechas intencionadas.
Menos mal que ante tanta tragedia, ante las 45 personas fallecidas, ante el dolor de sus familias y vecinos hay personas sensatas, comunicadores sensatos, que solo quieren saber que pasó y cuántos se han salvado. Menos mal que todo un pueblo solidario se volcó en ayudar en silencio, sin buscar protagonismos, menos mal que muchos buscaron la paz en la oración, porque ante la desnudez de la muerte sólo nos queda la esperanza, que siempre nos transciende, y la búsqueda de la unidad en el dolor, que no entiende de ideologías.
La madre de Fidel, venía en el tren rezando el rosario, según el testimonio de su hermano, ingresado ya en el hospital. Fidel hablaba maravillas de su madre, mujer de fe, siempre entregada a los demás. Cuando le anunciaron que su madre había fallecido, dijo: cuántas veces podíamos decirnos lo que nos queremos y no lo hacemos. Ánimo y adelante.
El sábado 17 de enero tuvimos la presentación de El Reloj de la Vida, “taller de espiritualidad para personas mayores”, en la casa de la Iglesia (Cantero Cuadrado, 31). Se trata de la primera vez que se imparte El Reloj de la Vida en Huelva y esperamos y deseamos que, con la ayuda de Dios, haya muchos más a lo largo del tiempo.
Estos talleres los organiza el equipo de El Reloj de la Vida de Huelva, y está compuesto y por personas de espiritualidad ignaciana, Familia y Vida, Pastoral del Mayor y Vida Ascendente.
El día de la presentación, empezamos acogiendo a los participantes según iban llegando y les ofrecimos un café (descafeinado, por supuesto) y unos dulces, con el fin de conocer sus nombres, hablar un poco con cada uno y favorecer la comunicación entre todos nosotros. Acudieron once personas, que después de acabada la presentación se inscribieron para completar los seis talleres de El Reloj de la Vida. Y he de decir que el ambiente fue cálido y distendido, lo que facilita la comunicación.
Hay cinco situaciones que desencadenan sufrimiento en las personas mayores. Y son estas situaciones y su resolución el objetivo de El Reloj de la Vida. Estas situaciones son: la pérdida de capacidades, la soledad, la ausencia de perdón, lo deseado y lo real y la ausencia de sentido de la vida, que se resume en la frase “y yo, ¿Qué hago todavía aquí?”
Cada uno de los talleres aborda una de las situaciones de sufrimiento, mediante la reflexión, el diálogo, la escucha (interior y exterior), el compartir, etc.
Tendremos tiempos para agradecer y aceptar, para abrirse a los demás, para perdonarse y perdonar, para reconocer y decidir, para redescubrir el sentido de nuestra vida y, para poner en hora el reloj de la vida.
Para informaros sobre El Reloj de la Vida y/o apuntaros para una próxima convocatoria, podéis hacerlo a través del teléfono 606 58 77 99.
Ángeles Díaz López, Miembro del equipo diocesano de «El Taller de la Vida»
En el convento de San Antonio de Algezares (Murcia) el Año Jubilar concedido a la Orden de la Inmaculada Concepción para este 2026 comenzó el sábado.
El pasado sábado se abría en el convento de San Antonio de Algezares (Murcia), de la Orden de la Inmaculada Concepción, un «tiempo de gracia, de dejarnos interpelar por la vida y renovar nuestro propio camino cristiano», en palabras de sor María Torres Ros, abadesa de este convento. Se trata del Año Jubilar Concepcionista, concedido por la Santa Sede para este 2026 con motivo del 50 aniversario de la canonización de santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción.
En el convento de San Antonio el Año Jubilar comenzó con la Eucaristía que presidió fray Alberto Ramos Romero, OFM, asistente de la Federación Santa Beatriz de Silva (Castilla) de la orden, venerando también la reliquia de santa Beatriz custodiada en el convento. Una celebración en la que participaron junto a esta comunidad de concepcionistas franciscanas numerosos fieles.
«Están todos invitados a visitarnos»
Para lucrar la indulgencia plenaria de este Año Jubilar, los fieles que deseen tener este encuentro con el Señor pueden hacerlo con las condiciones establecidas: acudir al convento, venerar la reliquia de santa Beatriz allí custodiada, invocar a la Virgen María y a la santa fundadora, rezar por las intenciones del Santo Padre, confesión sacramental y comunión eucarística.
Durante el año, además, se programarán distintas actividades, como espacios de oración o charlas formativas que los fieles podrán compartir con esta comunidad de vida contemplativa. Todo ello poniendo de relieve especialmente la figura de santa Beatriz de Silva y su carisma, como ejemplo de vida «generosa» que tiene mucho que aportar hoy.
Hoy concluyen en Zamora las Jornadas de Delegados de Primer Anuncio, Catequesis y Catecumenado, organizadas por la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado, que se han desarrollado bajo el lema «Y después del primer anuncio, ¿qué?».
La Diócesis de Asidonia-Jerez ha estado representada en este encuentro por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez y Presidente de la Comisión Episcopal organizadora, junto al sacerdote D. Luis Piñero, Vicario Episcopal para la Evangelización; el sacerdote D. José Arjona, Delegado Diocesano de Iniciación Cristiana; y Carmen Andrades, Subdelegada Diocesana de Iniciación Cristiana.
A lo largo de estas jornadas, los delegados participantes han compartido espacios de reflexión y trabajo en torno a los procesos de primer anuncio, catequesis y catecumenado, en el marco de la misión evangelizadora de la Iglesia en España.
La finalización de este encuentro coincide con un momento significativo para la Diócesis de Asidonia-Jerez, que el próximo domingo 25 de enero celebrará en la Santa Iglesia Catedral el Rito de entrada de catecúmenos, presidido por Monseñor José Rico Pavés, como expresión del camino de iniciación cristiana que se impulsa en la Iglesia diocesana
18 de enero de 2026. Dos tragedias ferroviarias, en Córdoba y Barcelona. Dolor, muerte y desolación. Es de noche y hace frío. Soledad, sufrimiento, heridos y cadáveres entre amasijos de hierros. ¿Dónde estás, Señor????
Nos retrotraemos ahora al año 1939 en Nerva, tras una guerra fratricida. Desierto material y espiritual. Solo queda odio, dolor, pobreza, hambruna, enfermedad y muerte. Espiritistas. Y en toda la provincia, apostasía generalizada[1]. La gente muere abandonada, desesperada, sin ningún tipo de asistencia espiritual, sin los sacramentos. ¿Dónde estás, Señor???? ¿Cómo permites tanto sufrimiento?
¿Por qué nos volvemos en contra de Dios cuando nos toca sufrir? ¿Acaso podemos decir que Cristo se ha desentendido del sufrimiento de la humanidad? ¡¡Todo lo contrario!! Él ha sufrido por nosotros el sufrimiento que a nosotros nos hubiera correspondido por el pecado de cada uno, para la salvación de nuestras almas. Pero el Señor y la Virgen eran inocentes; nosotros, sin embargo, culpables.
Tenemos una reciente testigo de que el Señor no abandona a su pueblo (Sal 94). El Señor se apiadó del inmenso dolor de su pueblo, y quiso hacerse presente en los que sufren a través de la Madre Luisa Sosa. La Madre Luisa sintió, a lo largo de su vida, esa presencia y esa íntima unión con Jesús Nazareno cargando con su cruz. Ella experimentó, a lo largo de toda su vida, que el Señor estaba cerca del que sufre, muy cerca, cerquísima…Él está deseando venir a consolarnos, Él no nos abandona, –«Estoy a la puerta y llamo»– (Ap. 3, 20), pero respeta nuestra libertad. Si le cerramos las puertas, no puede entrar.
El verdadero artífice de la Obra de Jesús Nazareno de Nerva fue el Señor, que se le manifestó un día de cuaresma de 1939 en la Iglesia de San Pedro («Has de fundar»). Ella se autodefine como un simple «pincel», débil y miserable[2].
A través de la Madre Luisa, el Nazareno pudo ayudar personalmente a los más menesterosos del pueblo: «Le llevábamos todos los socorros que nos era posible —yo pedía a mis amistades, porque en aquellos tiempos había mucha necesidad en este pueblo—. Y no solo porque fue mi lema «a la fe por la caridad», sino porque me daban mucha pena los cuerpos doloridos por la enfermedad y el hambre, viendo en todos ellos la imagen bendita de mi Jesús Nazareno con el peso de la cruz. Y me sentía inundada de inmensa e intrépida compasión».
Y lo que es más importante, la asistencia espiritual de los enfermos: «A mí me obsesionaba, con una pena enorme, que la gente muriera sin recibir los sacramentos. Como me daba tanto miedo del infierno, pues me daba mucha pena que algunos pudieran caer en él».
El Carisma de la Madre Luisa va más allá de atender a los enfermos, a los más pobres y necesitados, a costa de sí misma y del riesgo para su salud y para su vida. Y va también más allá del modo de cuidar de las ancianas, del que ya hemos hablado. Todo ello se compendia en que Jesús Nazareno se muestra muy cerca del que sufre, porque quiere ayudarnos a llevar nuestra cruz:
«Estaba a la izquierda de mí una imagen de Jesús Nazareno con la cruz a cuestas muy cerca de mí, cerquísima, cerquísima. Me parecía una imagen muy hermosa y apacible… me sentía amparada y cobijada por la divina imagen, que me comunicaba una fortaleza enorme».
Biografía de la Madre Luisa
Ella, a lo largo de su vida, hizo experiencia de esta cercanía del Nazareno, precisamente a través del sufrimiento. ¿Cómo lo vivía la Madre Luisa? «…Me invade un sentimiento de intensa felicidad, lo acojo con alegría, lo ofrezco a mi Señor y me sumo en la agonía del divino Redentor /…/ El sufrimiento es mi emblema, sin él no puedo vivir»[3], como ella misma reconoce al final de su vida.
«Siempre que se me presentaba un dolor, le decía al Señor con toda mi alma: “¡Gracias, Jesús mío, bendito seas! Yo sé que por el dolor vas a salvar mi alma, que el dolor me va a redimir”. Y en verdad que él me dio fuerzas para nunca cansarme de padecer. […] También me acordaba, en mi padecer, de los demás, de la salvación de las almas, de ofrecer para gloria de Dios y para reparar las ofensas que se hacían —y yo hacía— al divino Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen».
Finalizamos con esta poesía, Dolor, escrita por la joven Madre Luisa en 1944 con veintiséis años, que recoge muy bien el punto del que estamos hablando: cómo, en medio del dolor, el Nazareno se le hace presente, consolándola y dándole fortaleza.
Dolor, mi amigo dolor, pasa de largo esta vez. Yo sé que ha dicho el Señor que eres, de amor, signo y prez. Mas yo hay veces que no puedo resistir más tu rigor, veces que me causas miedo, miedo me causas, dolor.
Miedo porque eres muy fuerte, y cuando haces presa en quien le atormentas de tal suerte que hay que decirte ¡detén!
Detén tu ira, dolor, no me asedies, que me aplano; yo no te guardo rencor, mas alza de mí tu mano.
Esto cantaba yo un día en que el dolor me agobió, mas pronto mi cobardía en sonrojo me cubrió, bastome solo un momento ¡aún lo recuerdo y me apeno!
Contemplé el duro tormento del divino Nazareno, miré la faz afligida de la Reina de los cielos.
Miré la tierra teñida de la sangre y los anhelos de tanto mártir de Cristo… y quedó mi alma anegada en un mar de confusión. La sangre quedome helada, yerto estaba el corazón.
¡Mi Dios, sufrir y morir! ¡sufrir mi Madre querida! y aún pretender yo vivir una regalada vida? ¡oh, Señor del alma mía! ¡oh, Madre de pecadores!
Perdonad mi cobardía colmándome de dolores. Quiero dolor, quiero cruz que es igual cruz y dolor. Quiero bañarme en tu luz, quiero abrasarme en tu ardor. Y si por llegar a Ti hay que sufrir con rigor nunca te apiades de mí y hazme morir de dolor.
Encomendamos al Señor y a la Madre Luisa Sosa las almas de todos los difuntos ocurridos en estas desgracias. D.E.P.
Celia Hierro Fontenla, sobrina de la Madre Luisa y Postuladora de su Causa de beatificación.
[1]La apostasía de las masas y persecución religiosa durante el periodo republicano (1931-1936) en la provincia de Huelva: Los hechos y sus causas (Universidad Pontificia de Salamanca, 1958).
[2] La Madre Luisa Sosa, testigo y apóstol de Jesús Nazareno (Febrero 2022), p.211
Este jueves, el Seminario Diocesano «San Juan de Ávila» ha acogido la tercera jornada del programa de formación permanente del clero correspondiente al presente año, enmarcada en el curso pastoral 2025/2026. Esta iniciativa, puesta en marcha el pasado año 2024, continúa profundizando en el «Manual para párrocos. Derecho canónico y acción pastoral«, del profesor José San José Prisco.
En esta sesión se ha abordado el tema 9 del citado manual, y la formación ha sido impartida por el sacerdote diocesano D. Federico Mantaras, quien ha desarrollado los contenidos propuestos para esta jornada, ofreciendo claves para su aplicación en la vida pastoral ordinaria.
La jornada comenzó con un momento de oración en la iglesia del Seminario, seguido de un espacio de convivencia en torno al café. A continuación, sacerdotes diocesanos, diáconos permanentes y miembros de congregaciones presentes en la Diócesis participaron en la sesión formativa. El encuentro concluyó con una comida compartida, que sirvió como ocasión para el diálogo y el intercambio de experiencias.
El programa de formación permanente del clero, promovido por la Diócesis, continuará desarrollándose a lo largo del curso con nuevas sesiones previstas para los días 12 de febrero, 23 de abril y 11 de junio de 2026.
Con motivo de la festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, alrededor de una veintena de profesionales de distintos medios de comunicación —prensa escrita, radio y televisión— se dieron cita en la Casa Sacerdotal de Almería para compartir un desayuno con nuestro obispo, D. Antonio Gómez Cantero, que estuvo acompañado por el vicario general, D. Ignacio López Román, y por el delegado episcopal de Comunicación, D. Ramón Bogas Crespo.
El encuentro comenzó con un repaso del obispo por lo más destacado del último año y de la actualidad eclesial de la diócesis. En un clima cercano y distendido, compartió su experiencia en estos “años de aprendizaje”, manifestando su alegría por estar en Almería, a la que definió como “un pequeño continente donde hay de todo”. Hizo referencia a la situación económica de la diócesis, señalando que “la deuda es asumible”, y destacó con esperanza los frutos vocacionales: “He ordenado tres sacerdotes, hay cinco seminaristas en Murcia y probablemente dos o tres más el año que viene”.
Entre los hitos recientes, subrayó la primera reunión del Consejo Sinodal de Gobierno, que calificó como “una gracia”, por haberse desarrollado con el método de las “conversaciones en el Espíritu”, basadas en el silencio y el discernimiento.
Uno de los momentos más relevantes del encuentro fue el anuncio de la próxima beatificación del Cura Valera, que tendrá lugar el 7 de febrero. El obispo explicó que se trata del acontecimiento eclesial más importante para la diócesis en los últimos tiempos. Al acto asistirán el niño que fue curado milagrosamente en Rhode Island (EEUU) junto con el médico huercalense que le atendió —quien afirmó en su momento: “esto está perdido, como no lo cure el cura Valera”—, así como sus padres y la enfermera que lo asistió.
Todo el proceso ha sido impulsado y financiado por la Comisión Pro Beatificación del Cura Valera. “Se trata del primer milagro aprobado por el papa León XIV”, destacó. Adelantó algunas los momentos más especiales de la beatificación: “El cuerpo del futuro beato será llevado por los cuatro sacerdotes nacidos en Huércal-Overa, y la reliquia la portará el obispo de Getafe, D. Ginés García Beltrán, natural de la localidad y gran devoto de este nuevo beato”. D. Antonio lo definió como “el cura de Ars español”, un sacerdote y párroco al estilo del santo francés.
Tras esta intervención inicial, se abrió un turno de preguntas y diálogo con los periodistas. Se abordaron diversos temas, entre ellos los detalles de la beatificación, la Semana Santa —que, según el obispo, debe ser “primer anuncio del Evangelio”, de modo que las imágenes y procesiones sean verdaderos momentos de evangelización—, y la apertura del seminario a migrantes y su formación. En este sentido, explicó que se está trabajando en la homologación de los títulos que se impartirán.
El desayuno concluyó con una foto de grupo de todos los presentes, como recuerdo de una mañana de convivencia, diálogo y cercanía entre la Iglesia diocesana y los profesionales de la comunicación.
El próximo miércoles 28 de enero, a las 18:00 horas, tendrá lugar la lección inaugural del curso de Historia, Arte y Patrimonio, que se celebrará en el Auditorio San Juan Pablo II del Obispado de Jerez.
La lección llevará por título «La Iglesia y la religiosidad de España durante la Edad Moderna» y estará a cargo de D. Manuel Bustos Rodríguez, catedrático jubilado de Historia Moderna de la Universidad de Cádiz y Caballero de la Orden Ecuestre de San Gregorio Magno.
Este acto académico, marca el inicio del nuevo curso formativo que tocará el ámbito de la historia, el arte y el patrimonio en su serie de Jerez. Puesto en marcha por la Delegación Diocesana de Evangelización del Turismo de Asidonia-Jerez se viene a nutrir la oferta cultural y académica impulsada por la Diócesis junto a su Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Dionisio Areopagita, el cual depende de la Facultad de Teología de la Archidiócesis de Sevilla.
La lección inaugural se presenta como una oportunidad para profundizar en el papel de la Iglesia y las expresiones de la religiosidad en España durante la Edad Moderna, desde una perspectiva histórica y académica.
Fotografía de archivo del interior de la Basílica de Nuestra Señora de la Merced
La Basílica de Nuestra Señora de la Merced de Jerez acogerá el próximo 28 de enero, a las 18:30 horas, la presentación del II Grupo de Ayuda Mutua al Duelo “Resurrección”, una iniciativa orientada al acompañamiento de personas que atraviesan el proceso de duelo por la pérdida de un ser querido.
El proyecto parte de la comprensión del duelo como una experiencia que genera heridas profundas que afectan no solo al ámbito emocional, sino también al cuerpo, al pensamiento, a las relaciones personales, a los valores vitales y a la dimensión espiritual de la persona. Estas heridas, según se recoge en la nota de prensa que nos hizo llegar la realidad eclesial, requieren un proceso de sanación integral que permita recuperar la paz interior, la alegría de vivir y un proyecto significativo de vida.
El Grupo Resurrección se desarrolla siguiendo un temario y una metodología diseñados por el P. Mateo Bautista García, de la Orden Hospitalaria de San Camilo, cuyo carisma está centrado en la atención y ayuda a quienes sufren, tanto en el cuerpo como en el alma. Esta metodología cuenta con una experiencia contrastada de más de 31 años, habiendo acompañado a miles de personas en duelo en distintos países de habla hispana, entre ellos España.
El itinerario del grupo consta de 12 sesiones, en las que se acompaña a los participantes en la elaboración del duelo desde la fe, poniendo el acento en el amor de Dios como camino para sanar las heridas causadas por la ausencia física del ser querido y abrir un proceso de evangelización centrado en la esperanza cristiana.