Inicio Blog

Catequesis y misión, en “El Espejo”

0
Catequesis y misión, en “El Espejo”

Programa emitido en COPE Granada, el 14 de septiembre de 2026.

Disponible el programa “El Espejo de la Iglesia de Granada”, emitido hoy 18 de septiembre de 2026, en COPE Granada. Hablamos con el director de Obras Misionales Pontificias (OMP), D. José María Calderón, con motivo de su participación en el Encuentro de catequistas, que tiene lugar mañana sábado, organizada por esta Delegación diocesana. Hablamos de misión catequética y la tarea de sus catequistas.

También conocemos un poco más el Opus Dei, de la mano del libro “El Opus Dei sin filtros”, con cuyo autor, Jack Valero, conversamos en la entrevista. El libro se ha presentado esta semana en Granada. Jack Valero es escritor y director de la Oficina de Comunicación del Opus Dei en el Reino Unido desde hace 25 años, así como fundador, junto a otros compañeros, de Catholic Voices.

ESCUCHAR PROGRAMA

Ver este artículo en la web de la diócesis

“Discípulos y misión catequética”

0
“Discípulos y misión catequética”

Número de esta semana, correspondiente al 20 de septiembre de 2026.

En este número del Semanario Fiesta Digital de Granada y Guadix, dedicamos el tema principal a la Jornada de catequistas organizada por la Delegación diocesana de Granada, como inicio de curso, para la preparación en la misión catequética, de la mano de Obras Misionales Pontificias (OMP).

También os ofrecemos otros contenidos, como las noticias del voto de la ciudad de Granada al Cristo de san Agustín, las ordenaciones diaconales de dos seminaristas combonianos y la devoción a la Virgen de las Angustias. 

Pueden leer más contenidos EN ESTE ENLACE  

LEER SEMANARIO FIESTA

INSCRIPCIONES AL SEMANARIO FIESTA  

Ver este artículo en la web de la diócesis

La Universidad de Huelva da inicio a su nuevo curso académico con una Eucaristía presidida por el Obispo

0
La Universidad de Huelva da inicio a su nuevo curso académico con una Eucaristía presidida por el Obispo

La Universidad de Huelva da inicio a su nuevo curso académico con una Eucaristía presidida por el Obispo

La Universidad de Huelva celebró hoy, 18 de septiembre, la Misa de Apertura del Curso Académico 2026-2027, presidida por el obispo de Huelva, monseñor Santiago Gómez Sierra, en la Iglesia Universitaria Santa María Sedes Sapientiae.

La celebración contó con la participación de representantes de la Universidad de Huelva y de otras instituciones, así como del delegado de Pastoral Universitaria, D. Enrique Uzcátegui Rodríguez; el rector del Seminario Diocesano, D. Juan José Feria Toscano; y el sacerdote D. Ignacio Virseda.

Durante su homilía, centrada en la parábola de los talentos (Mt 25, 14-30), el obispo invitó a estudiantes, profesores e investigadores a hacer fructificar los dones recibidos, poniéndolos al servicio de la verdad y de la sociedad.

Monseñor Santiago destacó que la Eucaristía «no es un paréntesis religioso dentro de la vida universitaria», sino una verdadera escuela de vida, donde se aprende que el conocimiento y los talentos alcanzan su plenitud cuando se ponen al servicio de los demás.

La celebración puso de manifiesto el compromiso de la Pastoral Universitaria con el acompañamiento espiritual de la comunidad académica y con la construcción de una universidad abierta al diálogo, la verdad y el bien común.

Homilía íntegra del Obispo de Huelva

Hermanos y hermanas, amados todos por el Señor:

Comenzamos un nuevo curso. Para unos será un curso de esfuerzo y de exámenes; para otros, de investigación o de decisiones importantes. Y precisamente por eso me parece muy apropiado el Evangelio que acabamos de escuchar: la parábola de los talentos.

Un hombre se marcha de viaje y, antes de irse, llama a sus servidores. A uno le entrega cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Y se marcha. Lo interesante es que el señor no les entrega a todos lo mismo: a uno le da cinco, a otro dos y a otro uno. Y después se va. No les entrega un manual de instrucciones. No les dice exactamente qué tienen que hacer. Confía en ellos.

Aquí comienza una de las grandes preguntas de la vida universitaria, pero también de toda vida humana: ¿qué hacemos con lo que hemos recibido? Porque todos hemos recibido algo. Unos tienen facilidad para investigar; otros, para enseñar. Hay quien tiene talento para las ciencias, quien lo tiene para las humanidades, para el arte, para la tecnología, para la gestión, para acompañar personas, para cuidar, para organizar, para crear. Y hay talentos que no aparecen en ningún expediente académico: la paciencia, la capacidad de escuchar, la generosidad, la aptitud para trabajar con otros, la sensibilidad ante quien sufre. Incluso las preguntas que todavía no sabemos responder pueden ser unos talentos, porque nos mantienen buscando.

Existe una pregunta que, al comenzar un nuevo curso en la universidad, me puedo hacer: ¿en qué persona me estoy convirtiendo? Porque puedo tener un magnífico expediente y no saber para qué quiero vivir. Puedo no saber qué hacer con mi propia inteligencia y mi propia libertad. La universidad tiene una misión preciosa: ayudarnos a conocer la realidad. Pero conocer la realidad debería llevarnos también a preguntarnos qué hacemos con ella.

Por eso, la parábola de Jesús nos dice: no entierres lo que has recibido. Hazlo fructificar. El estudiante tiene unos talentos: que los ponga al servicio de la verdad. El profesor tiene unos talentos: que los ponga al servicio de sus alumnos. El investigador tiene unos talentos: que los ponga al servicio del conocimiento y, en último término, de la sociedad. Quien tiene responsabilidades de gobierno tiene talentos que están llamados al servicio del bien común. Y quienes colaboráis en la pastoral universitaria tenéis también un talento particular: ofrecer un espacio donde pueda escucharse la pregunta por el sentido, por Dios y por Jesucristo. Porque una universidad no necesita solamente personas que sepan mucho. Necesita también personas que sepan para quién y para qué ponen su conocimiento.

Pero hay algo más profundo en la parábola. Podríamos quedarnos aquí y convertir el Evangelio en una especie de consejo para mejorar nuestro rendimiento: «Esfuérzate más. Trabaja más. Aprovecha tus capacidades». Pero Jesús está hablando de algo mucho más profundo. Porque el problema del tercer servidor de la parábola no es simplemente que haya trabajado poco. Fijaos en sus palabras: «Señor, sé que eres un hombre duro… tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra».

Tuve miedo.

Ese es el verdadero problema: el miedo. Miedo a equivocarse, a no estar a la altura, a fracasar, a perder, a que los demás descubran nuestras limitaciones. Y entonces uno hace algo aparentemente prudente: entierra el talento. También nosotros podemos enterrar talentos por miedo. Y aquí aparece Jesús, que ha venido a decirnos: «No tengáis miedo».

Esta palabra atraviesa todo el Evangelio: no tengáis miedo. No tengáis miedo de preguntar, de amar, de entregar vuestra vida. No tengamos miedo, porque el primer talento que hemos recibido es Cristo.

Cuando escuchamos hablar de talentos, quizá pensamos inmediatamente en nuestras capacidades. Pero para un cristiano hay un don infinitamente mayor. El gran talento que hemos recibido es Jesucristo. Dios no nos ha dado solamente cosas y capacidades personales. Dios se nos ha dado a sí mismo.

Eso es lo extraordinario de nuestra fe. Dios no se ha quedado lejos, enviándonos instrucciones desde el cielo. Ha entrado en nuestra historia. Tiene un rostro, una voz, unas manos, un corazón humano. Es Jesús.

Y ahora podemos comprender de otra manera la parábola. El verdadero don, el verdadero talento, es nuestra incorporación a Cristo por la Palabra y los sacramentos. Por eso la vida cristiana consiste en dejar que Cristo entre en nuestra vida y, desde esa amistad con Él, aprender a entregarnos.

Y esto es precisamente lo que sucede en la Eucaristía.

Por eso estamos aquí. No estamos aquí solamente para poner una nota piadosa en la posterior inauguración solemne de un curso académico. Estamos aquí para celebrar la Eucaristía. Y la Eucaristía es una escuela extraordinaria de lo que significa recibir un don y hacerlo fructificar.

Mirad lo que sucede en el altar. Presentamos pan y vino. Son cosas sencillas: el fruto de la tierra y del trabajo humano; algo que recibimos de la creación y algo que nosotros elaboramos con nuestro trabajo. Y Cristo toma esos dones, los transforma y nos los devuelve convertidos en el don de su propio Cuerpo y de su propia Sangre.

Aquí está el misterio. Dios toma lo que nosotros le ofrecemos y lo convierte en algo nuevo, que nos permite habitar en Él y Él en nosotros. Esto también puede suceder con nuestra vida. Le ofrecemos a Cristo nuestros talentos: nuestra inteligencia, estudio, investigación, proyectos, éxitos y fracasos. Y Cristo puede hacerlos fecundos.

Por eso la Eucaristía no es un paréntesis religioso dentro de la vida universitaria. Es una escuela de vida. Aquí aprendemos que la vida no consiste en guardar, acumular y proteger. La vida alcanza su plenitud cuando se entrega.

Hay una paradoja en el Evangelio. Normalmente pensamos que para conservar algo tenemos que guardarlo. Jesús nos enseña lo contrario: el amor crece cuando se entrega. En la universidad, el profesor entrega lo que sabe; el investigador comparte sus resultados; el estudiante recibe para poder, algún día, entregar también. Y la Iglesia anuncia a Cristo porque ha recibido un don que no puede guardar para sí.

Por eso, la pregunta al comenzar este curso no debería ser únicamente: ¿qué quiero conseguir este año? Podríamos hacernos una pregunta diferente: ¿qué don quiero hacer fructificar?

Nuestra sociedad necesita científicos, profesores y profesionales excelentes. Pero necesita algo más. Necesita personas capaces de utilizar el conocimiento para servir y no para dominar. Quizá este sea uno de los grandes servicios que puede prestar la presencia cristiana en la universidad: recordar que detrás de cada conocimiento hay una persona y que detrás de cada persona hay un misterio que no puede reducirse a ningún algoritmo, ninguna estadística ni ningún expediente.

Al comenzar este curso, no enterréis los talentos. No entierres el don que has recibido. Y, sobre todo, no encierres tu relación con Jesucristo en un rincón de tu vida. Deja que Él entre en aquello que estudias, investigas, enseñas o te preocupa. Él es quien, al final de esta celebración, nos envía de nuevo a la universidad para convertir lo que aquí recibimos en vida entregada al servicio de los demás.

Que el Señor bendiga a la Universidad de Huelva, a quienes la dirigen, a sus profesores e investigadores, a todo su personal y, de manera muy especial, a sus estudiantes. Y que la Santísima Virgen María, nuestra Madre del cielo, que supo recibir el don de Dios y entregarlo al mundo, nos enseñe también a nosotros a no enterrar nunca los talentos que el Señor ha puesto en nuestras manos. Amén.

La entrada La Universidad de Huelva da inicio a su nuevo curso académico con una Eucaristía presidida por el Obispo se publicó primero en Diócesis de Huelva.

Ver este artículo en la web de la diócesis

‘Aquí estoy, envíame’

0

El próximo sábado, 26 de septiembre, seremos partícipes en nuestra Santa Iglesia Catedral de un acontecimiento que llena de alegría y esperanza a toda la Archidiócesis. Por la imposición de las manos y la plegaria de ordenación, Pedro Lu recibirá el orden del presbiterado, y Carlos Javier Corento Calado, Javier Garrido Iglesias, Fabio Martarelli y Elder Joao Tavares Fortes serán ordenados diáconos. Cinco jóvenes que, después de un largo camino de discernimiento, formación, oración y acompañamiento, han pronunciado su sí al Señor. Detrás de ese sí hay muchas horas de silencio y de escucha, momentos de claridad y quizá también de incertidumbre; hay familias, parroquias, sacerdotes, formadores y comunidades cristianas que han acompañado su camino. Sobre todo, está la iniciativa amorosa de Dios, porque toda vocación comienza en su llamada. Él es quien llama, consagra y envía.

En una sociedad que invita tantas veces a asegurar la propia comodidad, a reservar espacios para uno mismo y a medir cuidadosamente lo que se entrega, estos cinco jóvenes han elegido otra lógica: entregar la vida. Han comprendido que la felicidad verdadera no consiste en guardarse, sino en darse; no en vivir para uno mismo, sino en hacer de la propia existencia un don para Dios y para los hermanos. El Señor continúa llamando. También hoy llama a jóvenes concretos a dejarlo todo para seguirle en el ministerio ordenado. No hemos de pensar que la vocación sacerdotal pertenece a otra época. Cristo sigue pasando por nuestras familias, parroquias, comunidades, hermandades, movimientos y asociaciones, grupos juveniles, colegios y universidades, y sigue diciendo: «Sígueme» (Mt 9,9). La cuestión es si ayudamos a nuestros jóvenes a hacer el silencio necesario para poder escuchar su llamada.

La ordenación de Pedro nos recuerda el inmenso regalo que supone el sacerdocio para la Iglesia. Los presbíteros, por la unción del Espíritu Santo, quedan marcados con un carácter especial y configurados con Cristo Sacerdote para actuar en nombre de Cristo Cabeza (cf. Presbyterorum ordinis, 2). El sacerdote es enviado a anunciar el Evangelio, celebrar los misterios de la salvación, perdonar los pecados, acompañar al Pueblo de Dios y hacerse especialmente cercano a los pobres, los enfermos, los que sufren y cuantos necesitan encontrar un rostro que les muestre la misericordia del Padre. Junto a él cuatro hermanos recibirán el diaconado. Conviene que nuestras comunidades conozcan y valoren la riqueza de este ministerio. Los diáconos reciben la imposición de las manos «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio» y, fortalecidos por la gracia sacramental, sirven al Pueblo de Dios «en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad» (Lumen gentium, 29).

Son tres dimensiones inseparables. La Palabra anunciada debe conducir al altar, y la Eucaristía celebrada ha de prolongarse necesariamente en la caridad. El diácono proclama el Evangelio, sirve en la liturgia y se hace particularmente cercano a quienes necesitan consuelo y ayuda. Esta dimensión adquiere una importancia particular en nuestro tiempo. Hay muchas pobrezas junto a nosotros: personas que no llegan a final de mes, ancianos que viven en soledad, enfermos necesitados de compañía, migrantes que buscan acogida, familias heridas, jóvenes desorientados, hombres y mujeres que han perdido la fe. Precisamente hacia ellos debe dirigirse con especial solicitud la Iglesia. El ministerio ha de conducir hacia los pobres, los enfermos, los ancianos y quienes han perdido la esperanza.

La Iglesia necesita sacerdotes santos, alegres, profundamente enamorados de Jesucristo y entregados sin reservas a su pueblo. Necesitamos hombres de oración que celebren la Eucaristía con fe viva, anuncien con valentía el Evangelio, gasten tiempo en el confesionario, acompañen a las familias, busquen a quienes se han alejado y estén cerca de los pobres. Necesitamos ministros que hagan visible a Cristo, el Buen Pastor. Por eso pido especialmente a las familias cristianas: hablad con naturalidad de la vocación sacerdotal en vuestros hogares. No tengáis miedo si un hijo manifiesta que se siente llamado. Acompañadlo, rezad por él y ayudadle a discernir con libertad. Pido también a sacerdotes, catequistas, profesores y responsables de pastoral juvenil que sepamos proponer la vocación sin complejos. El Señor sigue llamando, pero necesita corazones y comunidades en las que su llamada pueda ser escuchada. Pidamos al Dueño de la mies que continúe enviando obreros a su mies. Que Nuestra Señora de los Reyes proteja a quienes van a ser ordenados y alcancen para nuestra Archidiócesis muchas y santas vocaciones sacerdotales.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo Metropolitano de Sevilla

“Que las flores produzcan también frutos de mejora de vida”

0

Alocución de Mons. José María Gil Tamayo, en la Ofrenda floral a la Virgen de las Angustias, en la Plaza de las Pasiegas, el 15 de septiembre de 2026.

Estamos en la Ofrenda floral a la Virgen. Tenemos a la Santísima Virgen de las Angustias, Reina y Madre de Granada, en la puerta de nuestra casa madre, de la catedral. Está, sobre todo, en el corazón de cada uno y de cada una de los granadinos y de las granadinas. Está en nuestras casas, especialmente en el corazón de los que sufren, de los enfermos, de los ancianos, de los niños. Está junto a nosotros siempre y siempre nos acoge. Le damos gracias en primer lugar porque nos ha salvado de daños personales durante los terremotos. Gracias a Ella, gracias a Dios, Nuestro Señor, no hemos tenido ningún daño personal.

Pedimos, especialmente, Madre, que nos protejas y protejas a las familias que han visto deteriorada su casa, sus bienes. Te pedimos que nos aúnes a todos, para que de las dificultades hagamos una oportunidad para seguir siendo la Granada que ella quiere, la Granada mejor. Y sólo podemos hacerlo juntos.

Que Ella nos bendiga y que dé cumplimiento a lo que en el corazón de cada uno de nosotros trae esta tarde ante su Imagen bendita.

Que las flores, que simbolizan el cariño de las gentes de Granada, produzcan también frutos de mejora de vida, de prosperidad para nuestra ciudad y para todos los hombres y mujeres de nuestra tierra. Así sea.

Dios te salve, María…

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

15 de septiembre de 2026
Plaza de las Pasiegas, ante la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de las Angustias

Afinar el oído

0

Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

En el proceso sinodal en el que estamos inmersos, es decisivo aprender a escuchar mejor, para descubrir así los caminos que el Espíritu Santo abre hoy para nuestra Iglesia. Quisiera reflexionar en esta carta sobre cuatro dimensiones de la escucha.

De entrada, hemos de escucharnos a nosotros mismos, porque no siempre lo hacemos. Vivimos tan deprisa que muchas veces no llegamos a reconocer lo que hay dentro de nosotros; en otras ocasiones, damos por buenas las opiniones y prejuicios ajenos sin preguntarnos: ¿realmente pienso yo así? O bien nos dejamos llevar por el miedo, el enfado o el deseo inconsciente de tener razón. Escucharse a sí mismo requiere hacer silencio y examinar qué hay en nuestro corazón y en nuestra conciencia. Solo desde esta escucha interior podemos aportar verdad a los procesos sinodales.

También hemos de escucharnos unos a otros: en la familia, en la comunidad y en todos los ámbitos en los que transcurre nuestra vida. Con frecuencia ocurre que, mientras uno habla, los demás ya están pensando en cómo responderle. El proceso sinodal reclama la paciencia de escuchar al hermano, incluso cuando no piensa como nosotros. Escuchar no significa estar de acuerdo con lo que se oye, pero sí demuestra que nos tomamos en serio lo que el otro dice. Una comunidad que escucha es una comunidad capaz de caminar unida, aun en medio de las diferencias.

Además, tendríamos que escuchar la realidad que vivimos, para descubrir lo que Dios nos dice a través de los signos de los tiempos: las situaciones, los acontecimientos y los cambios significativos que ocurren en un momento determinado de la historia. Hoy podríamos hablar de la transformación de la política internacional, el avance de la inteligencia artificial, el auge del emotivismo, las nuevas búsquedas espirituales, las sociedades cerradas y excluyentes, la crisis climática, los compromisos líquidos, la polarización social y el difícil acceso a la vivienda, entre otros desafíos.

Y, sobre todo y en todo, hemos de escuchar a Dios, sin pretender que Él confirme nuestra posición. Escuchar a Dios nos exige estar abiertos a que su Palabra nos cuestione y nos transforme. Él se comunica con nosotros en la Escritura y en el silencio de la oración, así como a través de las personas con las que nos encontramos, especialmente las que sufren, son pobres o están marginadas. Nos habla también en las realidades temporales que vivimos y en los gemidos de la hermana-madre Tierra.

El camino sinodal pide que aprendamos a escuchar antes de tomar la palabra, a comprender antes de juzgar y a reflexionar juntos antes de decidir, unidos a María, la mujer de la escucha y de la acogida.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

Homilía en la toma de posesión de los nuevos párrocos claretianos en Campohermoso

0

Querida Comunidad parroquial de Campohermoso, querido D. Jesús Rico, sacerdotes, diácono permanente… Hermanas de la Inmaculada Concepción, Vida Consagrada… señor Alcalde y Corporación Municipal.

Queridos Padres Claretianos, que hoy seréis los nuevos párrocos:

FÉLIX JESÚS MARTÍNEZ LOZANO CMF,
MIGUEL ÂNGELO CARDOSO CORREIA de LEMOS CMF,
MIGUEL LUIS GARCÍA CARREÑO CMF,
En este día tan especial para nuestra comunidad de CAMPOHERMOSO y las COMUNIDADES de PUEBLO BLANCO, SAN ISIDRO de NÍJAR, de FERNÁN PÉREZ y sus COMUNIDADES DE LAS NEGRAS, BARRANQUETE, RODALQUILAR y los ALBARICOQUES, quiero comenzar con dos palabras sencillas, pero llenas de significado: ¡bienvenidos! y ¡gracias!

Bienvenidos de nuevo, porque ya habéis estado en nuestra diócesis 29 años, en las parroquias del Alto Almanzora, donde os recuerdan con mucho cariño. Algunos sacerdotes, que estudiaron en Granada, también recuerdan a profesores claretianos que fueron una referencia para ellos.

Bienvenidos a estas parroquias, a estos pueblos y, sobre todo, a esta comunidad cristiana, que hoy os recibe con alegría, esperanza y también con mucha ilusión ante este camino que comenzáis juntos.

Gracias por la generosidad y disponibilidad que habéis tenido desde las primeras conversaciones con vuestro provincial, el P. Jorge Sánchez, y su consejo de gobierno, que hoy nos acompañan.

Querida comunidad, damos la bienvenida a tres sacerdotes claretianos, tres pastores misioneros que vienen a compartir con nosotros la vida, la fe y la misión de anunciar el Evangelio. Llegáis con vuestra propia historia, vuestras extensas experiencias y vuestra vocación, pero desde hoy volvéis a formar parte de nuestra historia diocesana, de nuestras queridas comunidades parroquiales y de nuestro clero. Con vosotros, al estilo de San Antonio María Claret, queremos caminar como comunidad, escuchar juntos la Palabra, celebrar nuestra fe y salir al encuentro de todos para anunciar, con alegría, el Evangelio.

Sabéis que ser párrocos, además de celebrar la Eucaristía o atender todas las necesidades pastorales, es también acompañar a las personas: escuchar, consolar, animar, sanar las heridas, celebrar las alegrías, estar cerca en los momentos difíciles y ayudar a descubrir que Dios camina siempre a nuestro lado. Como María, en todo momento, y hasta el pie de la Cruz. Y luego en medio de la iglesia, como Madre que alienta la vida del Resucitado.

Pero deseo deciros que no venís a caminar solos. Esta comunidad quiere caminar junto a vosotros. Os ofrece su colaboración, su cercanía y sus ganas de seguir construyendo juntos una parroquia viva, acogedora y misionera. Una parroquia donde niños, jóvenes, familias, mayores y todos aquellos que buscan a Dios, puedan sentirse que están en su casa. Vuestra casa –cuando esté terminada-, los salones parroquiales y el despacho, son espacios de encuentro, de compartir la vida desde los más hondo del corazón. Otro espacio es la calle, las plazas, donde fluye la vida y se convive. Cuánto bien puede hacer esta presencia, tan propia de la vida de Cristo.

Nuestras comunidades parroquiales, también tienen mucho que aportar. Para eso la Iglesia nos pide que creemos consejos de participación: el consejo de Pastoral, el consejo de Economía, el consejo de Cáritas… Los consejos no quitan la autoridad, sino que nos abren los ojos para ver más allá de donde llegan nuestras preferencias, y hacen la vida comunitaria más participativa. Queremos que vuestra llegada sea una oportunidad más para avivar nuestra fe, fortalecer nuestra unión y abrir nuevos caminos de evangelización y servicio.

La espiritualidad claretiana, con su espíritu misionero y su deseo de anunciar la Palabra de Dios, nos invita a salir de nosotros mismos y a llevar el Evangelio allí donde más se necesita. Ojalá podamos vivir juntos, todos, esa misión, estando atentos especialmente a quienes se sienten solos, a quienes sufren y a quienes necesitan una palabra de esperanza. El amor de Dios no nos dejará olvidar a los que sufren, esa es una terea de toda la comunidad.

Queridos párrocos: esta parroquia, desde hoy, es también vuestra casa. Aquí encontraréis una comunidad con sus luces y sus sombras, con sus tradiciones, sus inquietudes, sus ilusiones y sus dificultades como también nosotros. Pero encontraréis, sobre todo, personas que desean seguir creciendo en la fe y que esperan poder contar con vosotros.

Ellos quieren que seáis pacientes, que les escuchéis y que caminéis a su lado. Y ellos se comprometen a hacer lo mismo con vosotros.

Ponemos esta nueva andadura en las manos del Señor. Que Él bendiga vuestro ministerio en estas comunidades y haga vuestra presencia fecunda. San Antonio María Claret quiso ser, ante todo, un evangelizador. De ahí la llamada a “encender el fuego del amor de Dios” en los corazones. Y amor es lo que más necesitamos todos.

Hoy especialmente nos ponemos bajo la protección de la Virgen María de los Dolores, para que ella nos enseñe a escuchar la Palabra, a confiar en Dios, a mantenernos fieles, y a servir a los demás con humildad y alegría, al servicio de estas comunidades. Sed bienvenidos y gracias. ¡Ánimo y adelante!

Martes 15 de septiembre de 2026, memoria de la Bienaventurada Virgen María de los Dolores

+ Antonio, vuestro obispo

Virgen de las Angustias, “una devoción de cristianos maduros”

0

Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía celebrada en la fiesta litúrgica de Nuestra Señora de las Angustias, Patrona de Granada y su Archidiócesis, el 15 de septiembre de 2026, en la S.A.I Catedral y ante su Sagrada Imagen.

Querido Rector de la Basílica de la Santísima Virgen de las Angustias;
queridos sacerdotes concelebrantes, diácono;
querido Hermano Mayor;
excelentísimo Teniente General del MADOC;
queridos hermanos miembros de la Junta de gobierno de la Hermandad de la Santísima Virgen de las Angustias;
queridas autoridades;
hermanos y hermanas en el Señor:

En esta solemnidad de la Santísima Virgen, que estamos celebrando de manera excepcional en nuestra iglesia catedral; en esta catedral, magnífica, simboliza la Iglesia de Granada. La Catedral es la sede del obispo, donde está la cátedra del obispo. Y la cátedra está en la Catedral, el lugar de la enseñanza del obispo.

Este templo, con sus 500 años, resume también la historia religiosa cristiana de Granada. Su grandiosidad expresa la fe grande de un pueblo. De este pueblo nuestro de Granada, que se hace presente y que, en septiembre, muestra de una manera especial su cariño a uno de sus pilares fundamentales de su fe cristiana: el amor a la Santísima Virgen de las Angustias, su fe mariana, que es una fe en Cristo. No se entiende María sin Cristo.

Acabamos de escuchar la Palabra de Dios en la que Jesús nos hace entrega, como nos ha relatado la proclamación del Evangelio de San Juan, en el momento decisivo de la salvación de los hombres -la cruz-; que nos ha dicho el evangelista, junto a la cruz del Señor estaba su madre, estaba María la de Cleofás y María Magdalena, y viendo Jesús a su madre dijo -y al discípulo, al que amaba, en el que estamos representados todos los cristianos, por eso no lo nombran con un nombre propio, somos discípulos amados de Cristo- “nadie tiene amor más grande”. “Nadie tiene amor más grande”, nos ha dicho Jesús: “el que da la vida por sus amigos; vosotros sois mis amigos”. “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor. A vosotros os llamo amigos”. Somos amigos de Dios los cristianos.

Y Jesús le dice a su madre “mujer, ahí tienes a tu hijo”. Mujer es la palabra que utiliza el evangelista Juan en boca de Jesús, también en las bodas de Caná, que tiene el recuerdo no sólo de las santas mujeres, cuyas alabanzas canta la Escritura, las mujeres fuertes del Antiguo Testamento; hoy ha sido proclamada en la primera lectura las alabanzas a Judith. Leemos en la liturgia de las horas estos días, los sacerdotes, la historia de Esther. Esas mujeres fuertes del pueblo de Israel, que interceden y salvan al pueblo. No sólo eso, sino que el evangelista está teniendo en cuenta a Eva, a la mujer por antonomasia que deja de serlo, porque ya empieza a serlo María. La mujer que con su desobediencia ató un nudo, y nos dicen los Padres de la Iglesia que ese nudo fue desatado por María, la madre de los vivientes. Ya en el libro del Génesis, se nos preanuncia no sólo al Mesías Salvador, sino a María que, con su obediencia “haga se en mí, según tu palabra”, se nos muestra como la esclava del Señor, la que es obediente. Esa obediencia que canta de Cristo la Carta a los hebreos que acabamos de escuchar y que nos ha llevado a la salvación, queridos hermanos.

María afecta, nos afecta como hijos. Después le dice al discípulo amado “hijo, ahí tienes a tu madre”. Y ha terminado la proclamación del Evangelio diciéndonos que el discípulo la recibió como algo suyo. María es inseparable del Misterio cristiano. No podemos ser cristianos, no podemos ser buenos hijos de la Iglesia sin María. Por eso, en la entraña cristiana de Granada, a la par que está su amor a la Eucaristía, al amor a Cristo, expresado en la madurez de una fe, de la fe de un pueblo, en la Eucaristía, la que adora y la que celebra el Misterio Redentor de Cristo, al mismo tiempo la fe de nuestro pueblo se muestra en esta Imagen bendita que nos preside. Esta Imagen que recoge a lo largo de los siglos la oración y la petición, porque es algo nuestro. Porque no se entiende Granada sin la Virgen de las Angustias. Por eso hacemos fiesta, por eso la manifestamos, por eso nos sentimos orgullosos de ella, por eso no la escondemos, por eso no lo hacemos en la clandestinidad o en lo privado, sino que la mostramos y salimos a la calle.

Y venimos todos sus días ahora a la Iglesia del Sagrario, a nuestra Catedral, a mostrarle nuestro cariño. Y detrás de esta bendita Imagen, en su Rostro, está la Madre del Señor, la que nos mira. Pero, fijaros, hasta qué punto es inseparable del Misterio de Cristo que nuestra Virgen lleva a Cristo delante. Está Ella ofreciendo también con su obediencia, con su sufrimiento resignado, pero al mismo tiempo esperanzado. Sus lágrimas no son las lágrimas apagadas de un destino trágico, sino son las lágrimas encendidas de resurrección, de esperanza.

Por eso, cuando la miramos, cuando acudimos a rezarle, cuando llevamos nuestras angustias, en plural, porque lo es de nuestras angustias; cuando llevamos nuestro dolor y nuestro sufrimiento, Ella nos entiende, Ella nos escucha en el silencio de una oración confiada, Ella se alegra ante el vítore, en la que expresamos nuestra alegría y la proclamamos Madre y la sentimos muy propia. A Ella la llevamos en nuestras medallas. A Ella la ponemos en nuestras casas. A Ella la llevamos siempre con nosotros, porque realmente es algo nuestro. No nos entendemos sin Ella.

Y queridos amigos, no es una devoción ñoña. Es una devoción de cristianos maduros, de cristianos confiados, de cristianos que van con el mazo dando y a Dios rogando, de cristianos que saben unirse y superar las dificultades. Las hemos tenido hace poco. No podemos ahora cada uno a lo suyo, sino todos estamos llamados a hacer lo que nos dice Jesús. Como Ella indicó a los discípulos y a aquellos criados en las bodas de Caná, ante la carencia de vino en la que se ven comprometidos los novios: “Haced lo que Él os diga”.

Y Ella intercede ante Jesús. Y Ella, la mujer, la nueva Eva, la de la obediencia, la que nos ha afectado como hijos y la que estuvo libre del parto en el nacimiento del Redentor, Virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Ella se asocia al Misterio de la Pasión de Cristo, como nos dice San Pablo, completando en su carne. Ella nos hace nacer a su maternidad, a ser viejos, afiliarnos a Ella como madre propia nuestra, entregada por Cristo, como herencia última desde el dolor.

Hemos sido nacidos a la Gracia por el dolor de Cristo, por su costado abierto. María nos pide lo que recordaba el Concilio Vaticano II en la Lumen Gentium: hablar. Nos habla de que el amor a la Virgen no puede ser una devoción estéril, no puede ser una piedad que no dé fruto cristiano, una piedad que se queda en el sentimiento pasajero de septiembre a septiembre, sino que nuestro amor a la Virgen tiene que ser un amor filial, un amor de hijos e hijas.

Y así se lo transmitimos a los que vienen detrás, con confianza. La sentimos como nuestra. “Bajo su amparo -como dice la vieja oración cristiana, la más antigua probablemente oración cristiana- nos acogemos Santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Antes bien, líbranos de todo peligro, oh, Virgen gloriosa y bendita”.

Pues, que ese sea nuestra oración. Manifestemos nuestro cariño. Mostremos no sólo las flores, sino el fruto; el fruto cuajado que viene después de la flor en nuestra vida. Y llevemos la semilla de una devoción mariana en nuestro pueblo, para extenderla a manos llenas, con nuestro cariño y con nuestra coherencia cristiana, viviendo como Dios manda, haciendo lo que Jesús nos dice.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

15 de septiembre de 2026
S.A.I Catedral

Homilía en la Fiesta de la Virgen de la Fuensanta

0

OBISPO DE CARTAGENA

Fiesta de la Virgen de la Fuensanta

XXIV Domingo Ordinario. A. 2026

13 de septiembre del 2026

Queridos hermanos,

En este día de fiesta debemos dar gracias a Dios por nuestra Madre de la Fuensanta, más cuando la hemos visto recorrer las pedanías y la ciudad de Murcia. Esta bendita imagen ha recorrido caminos y veredas hasta llegar a todos los rincones de la huerta. La experiencia ha sido inenarrable, porque hemos visto a un pueblo volcado con la Morenica, una bendición, un regalo de Dios, que nos llena de felicidad. Gracias a todos los que habéis colaborado en esta santa aventura, gracias a los que habéis llevado sobre vuestros hombros a nuestra Fuensantica; gracias a las autoridades y a los cuerpos de seguridad que habéis velado en este tránsito, a Protección Civil, sanitarios, a todas las parroquias visitadas y a sus feligreses, porque hemos disfrutado del cariño, la cercanía y el gozo de muchísima gente. Y dentro de pocos días comenzará otro ciclo de visitas a los municipios que han pedido que vaya la Virgen de la Fuensanta; también irá a hospitales, residencias de ancianos, a la prisión, a los seminarios… Permitidme de nuevo dar gracias a Dios por este extraordinario festival de sonrisas, ilusiones y por tantas oraciones que se han podido elevar al cielo.

¡Cuánta suerte tenemos de participar en la fiesta de María! ¡Cuántas cosas nos tiene que decir a todos, especialmente, en este tiempo tan difícil! Ella nos ha enseñado el camino de la confianza en Dios, la fidelidad y el perdón; se puso a su disposición con una convicción ejemplar: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí, según tu palabra». Esto es algo más que una frase bonita, porque detrás de la palabra iba su vida entregada y la vida de todos los que han confiado en Dios a lo largo de todos los tiempos. Ha sido la primera lección que nos ha dado, decir sí, que se cumpla tu voluntad, Señor. Por todo esto nos ponemos delante de ella y le pedimos con confianza que nos ayude a imitarla, para que sintamos la propia vocación como tarea; que sepamos escuchar a Jesús, entender cuán grande es su misericordia y que siempre está dispuesto a perdonar y nos enseña a perdonar hasta setenta veces siete, porque es infinita su misericordia para con sus hijos.

Lo primero que vemos en nuestra Madre es su fe, su confianza, esto salta tanto a la vista cuando su prima Isabel se felicitaba cuando la vio llegar y la saludó así: «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1, 45). Se fió de Dios al creer en el mensaje del ángel creyendo lo que parecía imposible. Pero, además, se lo recordó el ángel, y nos viene bien escucharlo nosotros: «Para Dios nada hay imposible» (Lc. 1, 37). María nos enseña a vivir la fe como un camino que compromete e implica, y que en todas las edades y situaciones de la vida requiere escuchar y perseverar. Su ejemplo nos anima a ponernos cada día a la escucha de la Palabra del Señor, para comprender el designio de amor de Dios en las diversas situaciones diarias y para colaborar en su realización.

La esperanza que nos provoca estar cerca de nuestra Madre nos enriquece con motivaciones siempre nuevas, porque nos da paso a Jesús en nuestro corazón y así seremos mejores, porque nos fiaremos más del Señor. Esta lección tenemos que aprenderla nosotros hoy, ya que flojeamos en la fe y le pedimos su ayuda como madre de la esperanza, para fiarnos de las promesas del Señor.

El Papa insistía estos días a los obispos recién consagrados la importancia de la vida de oración, del encuentro personal con el Señor activando la contemplación, el silencio, un silencio contemplativo, que se traduzca en una existencia humilde y escondida. María lo vivió así, no deseó nunca los honores y las ventajas de una posición privileged, sino que trató siempre de cumplir la voluntad divina, llevando una vida en silencio, oculta, en segundo plano, pero viva, guiada por el amor a Cristo y a los hermanos, pendiente de las necesidades.

La personalidad de María, cerca del corazón de Dios, le lleva a experimentar una viva compasión por los sufrimientos de la humanidad, le lleva a compadecerse y ayudar eficazmente ante las miserias materiales y morales de la humanidad. Por eso tiene sentido acudir a ella, aprender de su confianza. Por todo esto le pido que interceda ante el Señor y nos conceda la seguridad de la fe, que no nos puedan los cansancios ni las soledades. Oremos confiados ante ella, porque se compadece y atiende nuestras súplicas. Abramos el corazón para ayudar a los más necesitados, también para pedir perdón y para perdonar. Seamos sinceros, nos falta mucho para lograr una convivencia fraterna, para dejar a un lado las rencillas, las discordias y enemistades, somos demasiado flojos, pero aprovechemos la ocasión para mover los corazones para tener sentimientos de reconciliación, que nuestra Madre María nos ayudará, ya que quiere la unión de todos sus hijos. Su presencia es una garantía de unidad de corazón, de buscar la comunión y la paz entre todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Debemos superar las tendencias a la división, las tentaciones de venganzas y el odio o la fascinación perversa de la violencia, especialmente las tragedias que se dan y nos muestran los medios de comunicación con demasiada frecuencia.

Hoy te invocamos, Madre, como causa de nuestra alegría, ayúdanos a creernos eso, a hacerlo posible en medio de las pruebas de la vida. Ayúdanos a guiar a quien va desorientado, mostrándole la luz de tu estrella, la más bella de la mañana.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

La Diócesis de Guadix inicia el curso pastoral 2026-2027 centrada en la nueva carta pastoral del obispo: “Alzad la mirada”

0

La Diócesis de Guadix ha celebrado su tradicional reunión de inicio de curso pastoral, presidida por el obispo y con la participación del clero diocesano. El encuentro ha servido para marcar las líneas de trabajo de este nuevo periodo, subrayando la importancia de la oración, la fraternidad sacerdotal, la formación y el impulso de la evangelización en las parroquias.

Durante la sesión se trataron diversos asuntos de interés diocesano, así como el estado de salud de algunos sacerdotes. Sin embargo, el eje central de la jornada ha sido la presentación de la nueva carta pastoral del obispo para este curso, titulada “Alzad la mirada. Con san Torcuato, una iglesia que llama, acompaña y sirve”, a la que se une el lema evangélico “Id vosotros a mi viña”. Este documento diocesano busca superar el desánimo ante el descenso de la práctica religiosa, invitando a la comunidad a no caer en el pesimismo y a confiar en la promesa de Cristo. Y, sobre todo, marca el itinerario a seguir en la acción pastoral para el curso que acaba de comenzar.

La carta pastoral estructura su acción en torno a tres verbos clave —llamar, acompañar y servir— y se desarrolla en seis ámbitos: La infancia, la familia, la cultura vocacional, el apostolado seglar, la sinodalidad, y el servicio y la caridad. Esta carta pastoral aún no se ha publicado, pero se hará en breve.

Asimismo, durante la reunión se abordaron otros asuntos prácticos y pastorales, como las líneas pastorales de la CEE hasta 2030 (con el documento “Poneos en camino”), la implantación de nuevos métodos de primer anuncio y retiros juveniles, la formación de catequistas vinculada a la CEE, la memoria de los recientes acontecimientos eclesiales vividos en la diócesis y documentos esenciales que hay que estudiar y conocer. El encuentro concluyó con una comida fraterna.

Antonio Travé

Subdelegado diocesano de MCS. Guadix

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.