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La Archidiócesis de Sevilla celebra la Pascua del Enfermo en las parroquias

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La Archidiócesis de Sevilla celebra la Pascua del Enfermo en las parroquias

Hoy, 10 de mayo, la Iglesia celebra la Pascua del Enfermo, una jornada que recuerda que cuidar a los enfermos y sus cuidadores, lejos de suponer un problema, es una oportunidad evangelizadora de primer orden. Además, es un día en el que las comunidades parroquiales oran con y por los enfermos y se administra el sacramento de la unción de los enfermos.

Este año el tema escogido para esta celebración -que se une a la Jornada Mundial del Enfermo que tiene lugar cada 11 de febrero- es ‘La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro’. Así, el papa León XIV nos propone volver nuestra mirada y reflexionar sobre el Buen Samaritano. Este manifiesta su amor al cuidar al hombre herido que ha caído en manos de los ladrones. Precisamente, el lema de este año subraya el amor al prójimo. Al respecto, desde la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción humana explican que “el amor necesita gestos concretos de cercanía, con los que se asume el sufrimiento ajeno, sobre todo el de aquellas personas que viven en situación de enfermedad, a menudo en un contexto de fragilidad debido a la pobreza, al aislamiento y a la soledad”.

La Pascua del Enfermo, por tanto, busca ser un momento privilegiado de oración, de cercanía y de reflexión para toda la comunidad eclesial y para la sociedad civil, llamada a reconocer el rostro de Cristo en los hermanos marcados por la enfermedad y la fragilidad.

Esperanza en la enfermedad

Con motivo de esta jornada, Alberto Talavera, delegado diocesano de Pastoral de la Salud en la Archidiócesis de Sevilla, anima a todas las parroquias “a rezar por los enfermos, estar cercanos a ellos y vivir con esperanza el acompañamiento en la enfermedad”. Igualmente, invita a celebrar esta jornada en las comunidades parroquiales y para ello recomienda usar los materiales elaborados por la Conferencia Episcopal Española, disponibles aquí.

Actualmente la Pastoral de la Salud diocesana cuenta con 25 capellanes que atienden los distintos hospitales -públicos y privados- de la Archidiócesis de Sevilla, y con 60 equipos parroquiales de esta pastoral, compuestos cada uno por entre seis y veinte personas.

Precisamente 180 voluntarios de Pastoral de la Salud de las parroquias de Vicarías 1 y 2 participaron el pasado 6 de mayo en un encuentro diocesano en la Parroquia de Los Remedios. Además, estuvieron presentes el vicario episcopal de Pastoral Social, Salvador Diánez; el vicario episcopal de Sevilla II, Rafael Muñoz, CO; numerosos arciprestes y párrocos.

El encuentro se dividió en tres momentos: primero una oración y meditación sobre la parábola del Buen Samaritano; una segunda parte dirigida por Ismael Checa, formador especializado en la Humanización de los Cuidados a enfermos, que expuso la experiencia de la orden de los Camilos e iluminó la urgente necesidad de acompañar en la soledad no deseada. Checa animó a los voluntarios a recibir formación específica y a sensibilizar a las comunidades parroquiales en esta tarea. Finalmente, la hermana Alegría Arias, de la congregación de Carmelitas de Santa Joaquina Vedruna y responsable del SAER del Hospital San Juan de Dios del Aljarafe, recordó las raíces de la Pastoral de la Salud, poniendo el origen en el mismo Jesús de Nazaret, «que pasó sanando y liberando». El encuentro finalizó con un saludo a la Virgen y un rato de convivencia.

Mensaje del Santo Padre

En su mensaje para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo de 2026, que comparte con la Pascua del Enfermo, León XIV toma la parábola del buen samaritano como eje central para reflexionar sobre el cuidado de quienes sufren. El Papa denuncia una cultura marcada por la prisa, la indiferencia y el descarte, y propone recuperar la “compasión activa”: no limitarse a sentir pena, sino detenerse, acercarse y acompañar al enfermo con presencia concreta y humana. Según el texto, amar al prójimo significa “hacerse cercano”, como hizo el samaritano del Evangelio, siguiendo el ejemplo de Cristo.

En su mensaje el Santo Padre insiste en que el cuidado de los enfermos no es solo una tarea individual, sino una misión compartida que involucra a familias, sanitarios, voluntarios, agentes pastorales y a toda la sociedad. En esta línea, León XIV subraya, por tanto, que la verdadera compasión crea comunidad y fortalece la unidad entre las personas. Desde su experiencia pastoral en Perú, destaca el valor de quienes acompañan diariamente a los enfermos y recuerda que el dolor ajeno no debe verse como algo distante, sino como una herida del mismo cuerpo humano al que todos pertenecemos.

Finalmente, el Obispo de Roma relaciona el cuidado del enfermo con el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. En este sentido, afirma que el auténtico amor cristiano no busca recompensa ni prestigio, sino que nace de la relación con Dios y se expresa en el servicio concreto a quienes sufren, especialmente enfermos, ancianos y afligidos.

Puede leer el Mensaje completo aquí.

 

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La patrona de Peñaflor, Nuestra Señora de Villadiego Coronada

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La patrona de Peñaflor, Nuestra Señora de Villadiego Coronada

La tarde de este sábado 9 de mayo, Peñaflor vivió un día histórico con la coronación canónica de Nuestra Señora de Villadiego, durante la celebración de la Eucaristía presidida por monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla.

La misa pontifical de coronación celebrada en la Plaza de España de Peñaflor congregó a casi 2.000 personas. En palabras del arzobispo “Peñaflor sabe bien que no celebra solamente una ceremonia, que celebra una historia”. La devoción a Nuestra Señora de Villadiego “hunde sus raíces en siglos de memoria cristiana, y diversas fuentes la vinculan al origen medieval de la población y a la larga permanencia de esta advocación en la vida religiosa del lugar”.

Sobre la coronación canónica, don José Ángel recordó que “es un acto profundamente eclesial”. Destacó que “es la confirmación pública de que una imagen de la Santísima Virgen ocupa un lugar singular en la fe, en la oración, en la historia y en la vida cristiana, en el corazón de un pueblo”. Subrayó que la corona que hoy se impone a Nuestra Señora de Villadiego “no añade nada a la gloria de María en el cielo, porque ella es ya la Mujer revestida de sol, la Madre del Señor, la llena de gracia. Pero sí expresa algo muy serio y muy bello: que este pueblo reconoce en María a su Madre, a su Patrona y a su Reina; y que quiere seguir viviendo bajo su amparo para llegar con fidelidad a Jesucristo y a la vida eterna”.

En esta línea dijo que la coronación “comienza en el corazón de los fieles”, porque “la principal corona de María son sus hijos cuando viven en gracia de Dios. La mayor corona de una patrona son las familias cristianas, los jóvenes limpios de corazón, los ancianos sostenidos por la esperanza, los enfermos que ofrecen su cruz, los sacerdotes fieles, las religiosas entregadas, los niños educados en la fe y un pueblo que no se avergüenza de su condición cristiana”.

Finalmente, monseñor José Ángel Saiz advirtió que coronar a la Virgen “tiene consecuencias para nuestra vida”. Desde este momento “hacemos firme propósito de avanzar con decisión en el camino de nuestra vida cristiana: hemos de crecer en la vida de fe, en la vida de oración, participar en la Eucaristía, recibir el perdón de los pecados en la confesión; hemos de crecer en fraternidad, en generosidad con los pobres y necesitados”. En este sentido “hemos de cuidar nuestra formación cristiana, y cuidar la educación de los niños y jóvenes. Hemos de ser valientes para dar testimonio público de la fe. Si esta coronación no produjera conversión, se quedaría a mitad de camino. Si no engendrara caridad, sería incompleta. Si no fortaleciera la comunión parroquial y la vida sacramental, faltaría lo principal”.

Al término de la misa, Nuestra Señora de Villadiego recorrió las calles del pueblo en procesión extraordinaria.

Galería fotográfica

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Vivir la Pascua del Enfermo en el Hospital comarcal de Baza

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Vivir la Pascua del Enfermo en el Hospital comarcal de Baza

Este domingo 10 de mayo se celebra la Pascua del Enfermo

La Pascua del Enfermo 2026, inspirada en el lema “Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10,34), podemos decir que encuentra en el hospital un lugar especialmente significativo. Allí, entre habitaciones, pasillos y salas de espera, el Evangelio del Buen Samaritano se hace vida concreta en cada gesto de cuidado, escucha y acompañamiento.

El hospital cada día se convierte en una verdadera “posada” donde muchas personas llegan heridas por la enfermedad, el miedo o la incertidumbre. En ese ambiente, médicos, enfermeras, auxiliares, capellán y familiares realizan una misión silenciosa pero profundamente humana: cuidar al que sufre, acompañar y administrar sacramentos

Vivir esta jornada en el hospital significa acercarse al enfermo con respeto y ternura, reconociendo en cada paciente una persona con dignidad, esperanza e historia. A veces una palabra amable, una visita, una oración o una mano sostenida ofrecen más alivio del que imaginamos.

Para quienes están ingresados, esta Pascua del Enfermo es también una invitación a descubrir que no están solos. Cristo Resucitado camina junto a quienes atraviesan el dolor y se hace presente en quienes acompañan, curan y sirven con amor.

Las celebraciones de la Eucaristía los domingos de Pascua, la comunión a los enfermos, la unción y los momentos de oración dentro del hospital ayudan siempre a fortalecer la fe y la esperanza, especialmente en tiempos de fragilidad.

La Pascua del Enfermo recuerda que cuidar no es solo una tarea sanitaria, sino también un acto profundamente humano y evangélico: amar llevando el dolor del otro.

En este mes de mayo, dedicado también a la Virgen , que ella nos ayude a sentirnos siempre acompañados en la enfermedad.

Rafael Tenorio

Capellán Hospital comarcal de Baza

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VI Domingo de Pascual. Ciclo A. 10 de mayo de 2026

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VI Domingo de Pascual. Ciclo A. 10 de mayo de 2026

Nuevamente Jesús habla con un leguaje trinitario al referirse a Dios y al revelarnos a cada una de las tres divinas personas. Nos muestra la novedad de Dios que se hace presente en nosotros de una nueva manera diferente a través de Cristo.

Ya no es el Dios inaccesible y distante, sino que es el Dios que ha venido a quedarse y morar en cada uno de nosotros y en la comunidad cristiana.

Cristo se va, pero no nos deja huérfanos, nos promete el Espíritu Santo que nos aporta una nueva vida y forma de estar en el mundo.

El amor es la clave, que, como nueva normativa, le dará sentido a nuestra identidad de discípulos y discípulas del Señor, que será la nueva manera de relacionarnos con Dios y con los demás, en una creación nueva en la que todo ha quedado sacralizado por el Resucitado; y en donde Dios se hace presente en todas partes y en todo lo creado.

DESARROLLO

Este relato del evangelio de Juan continua con el discurso de despedida de Jesús, el cual anuncia, promete y revela una nueva presencia: la presencia de Dios en la comunidad cristiana y en cada miembro, cambiando así el antiguo concepto de Dios y de su relación con el hombre.

En el Antiguo Testamento se concebía a Dios como una realidad externa al hombre y distante de él, por lo que la relación con Dios se establecía a través de mediaciones, destacando el templo y la ley, de cuya observancia y cumplimiento dependía la obtención del favor divino. El hombre era considerado un siervo de Dios, quedando el mundo en la esfera de lo profano y Dios en la esfera de lo sagrado, pareciendo que había dos mundos (el profano y el sagrado) diferentes y distantes entre sí. El hombre tenía que renunciar así mismo para creer en Dios y estar en su presencia.

Jesús desmonta esta concepción de Dios y el modo de relación con Él, y lo expresa de tres modos totalmente nuevos: su vuelta y nuevo vivir en nosotros; la donación del Espíritu Santo; y la venida del Padre y del Hijo a cada uno de nosotros. Ahora la comunidad cristiana y cada uno de sus miembros se convierten en morada de la divinidad, es decir, la misma realidad humana se hace templo de Dios. Dios santifica al hombre y, a través de éste, a toda la creación.

El Padre ya no es un Dios lejano e inaccesible para el hombre, y buscar a Dios a partir de ahora supone el dejarse encontrar por Él.

Ya no somos siervos ni rivales de Dios, sino sus hijos y sus amigos, en una relación de amor que conlleva la aceptación de su voluntad, que es la que determina el que podamos sentir en nuestro interior su presencia viva, lo que hace que nuestra vida comience a dar frutos.

Ser cristiano y pertenecer a la Iglesia no es levantar muros ni echar cerrojos para defendernos de los ataques de los paganos, de los herejes y de los ateos. Ni es quedarnos en la seguridad que nos da el cumplimiento de normas, tradiciones y lo ya caminado, sino que supone abrirnos al Espíritu Santo, a lo novedoso de un Dios que nunca controlaremos, a vivir a corazón abierto el Evangelio y amar con toda la fuerza y todas las ganas.

El peligro de siempre es el no creer en el Espíritu Santo o arrinconarlo. No se le ve, pero se le siente cuando somos capaces de dejarnos sorprender por su actuar en nosotros, cuanto más vamos experimentando que sin Él no somos ni tenemos nada. Ya no hay que buscar el éxito, el placer ni el cumplimiento de leyes de manera mecánica…, sino que ser cristiano es amar y dejarse amar por el Espíritu, sentir que nuestra vida no está hecha y dejarnos hacer por Él.

Emilio José Fernández, sacerdote

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El obispo presidió la peregrinación accitana a Face Retama en honor a San Torcuato

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El obispo presidió la peregrinación accitana a Face Retama en honor a San Torcuato

 

En la celebración fueron presentados los ermitaños que va a vivir en Face Retama y que atenderán espiritualmente el santuario

El obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, presidió en la noche del sábado 9 de mayo la celebración de la Eucaristía en Face Retama, lugar que hace memoria del martirio de San Torcuato, con motivo de la tradicional peregrinación de fieles accitanos hasta este enclave en torno a la fiesta del varón Aostólico. San Torcuato se celebra el 15 de mayo y esta Misa y procesión de las antorchas son ya una tradición en la celebración del Patrón de la ciudad de Guadix y de toda la diócesis accitana.

La celebración contó con una nutrida participación de peregrinos, a quienes el prelado exhortó a no olvidar las raíces cristianas de la Iglesia accitana, que se remontan a San Torcuato, Varón Apostólico enviado por el apóstol Santiago para evangelizar estas tierras.

En la Eucaristía, el obispo presentó además a la nueva comunidad de ermitaños que será erigida este domingo 10 de mayo, en la catedral. Esta comunidad tendrá como misión vivir como eremitas y atender el santuario diocesano, reforzando así la vida espiritual en este lugar de peregrinación. La comunidad de ermitaños, que son una fundación diocesana, están vinculados a la Congregación Marta y María, que ya cuenta con dos casas en la diócesis y cuya fundadora, la Madre Ángela, asistió también a esta celebración en Face Retama.

Asimismo, Madre Ángela dirigió unas palabras sobre la nueva fundación en las que animó a los fieles a “encender su antorcha en la Eucaristía”, subrayando la importancia de la celebración diaria que tendrá lugar en este enclave.

La jornada concluyó con la tradicional procesión de las antorchas. Desde el balcón de la antigua hospedería del cenobio, el obispo impartió la bendición con la reliquia de San Torcuato, poniendo un broche solemne a esta significativa peregrinación.

Alfonso José García

Párroco de Fátima. Guadix

 

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La Iglesia de Huelva acompaña en la oración a los guardias civiles Germán y Jerónimo fallecidos en acto de servicio

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La Iglesia de Huelva acompaña en la oración a los guardias civiles Germán y Jerónimo fallecidos en acto de servicio

La Parroquia de la Purísima Concepción de Huelva ha acogido en la mañana de este sábado, 9 de mayo, la celebración de la Santa Misa exequial por los guardias civiles Germán y Jerónimo, fallecidos en acto de servicio mientras participaban en una operación contra el narcotráfico en la costa de la provincia.

La Eucaristía ha estado presidida por el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, y ha reunido a familiares de los fallecidos, compañeros de la Guardia Civil, autoridades civiles, militares y judiciales, así como a numerosos fieles que han querido mostrar su cercanía, afecto y oración en estos momentos de dolor.

Durante su homilía, Mons. Gómez Sierra ha expresado el pesar de toda la Iglesia diocesana ante una pérdida “arrancada de la vida mientras cumplían con su deber, mientras servían a la sociedad”. En un clima de profundo recogimiento, el prelado ha recordado que la esperanza cristiana ilumina incluso los momentos más difíciles, afirmando que “la muerte no tiene la última palabra” y que “una vida entregada por los demás no desaparece”.

El Obispo ha subrayado asimismo el valor del servicio realizado con fidelidad, justicia y entrega al prójimo, poniendo de relieve el testimonio de quienes dedican su vida a la protección de los demás. Del mismo modo, ha tenido palabras de agradecimiento hacia la Guardia Civil por su labor “abnegada, incomprendida y arriesgada”, reconociendo el sacrificio cotidiano que asumen tantos agentes en el desempeño de su misión.

Mons. Santiago Gómez Sierra ha advertido también sobre la gravedad del narcotráfico y sus consecuencias sociales, recordando que “la droga no es un negocio inocente”, pues detrás de esta realidad “hay muerte, corrupción, familias destrozadas y violencia”.

La celebración ha concluido con una oración por el eterno descanso de Germán y Jerónimo, así como por el consuelo de sus familias, compañeros y seres queridos, encomendándolos a la intercesión de la Virgen María, Madre del Consuelo.

La Iglesia de Huelva ha continuado unida en la oración por quienes entregan su vida al servicio de la sociedad y por todas las familias que sufren las consecuencias de la violencia y del narcotráfico.

HOMILÍA DE MONS. SANTIAGO GÓMEZ SIERRA

Textos: Apocalipsis 14,13; Sal 24; Juan 6, 37-40

Hermanos y hermanas todos, amados por el Señor:

Nos hemos reunido hoy con el corazón afligido. Nos duele la muerte de estos dos guardias civiles, Germán y Jerónimo, arrancados de la vida mientras cumplían con su deber, mientras servían a la sociedad, mientras protegían a tantas familias de una amenaza que destruye vidas y pueblos enteros.

Hoy lloran sus familias y sus compañeros. Y con ellos también se conmueve una sociedad que, demasiadas veces, se acostumbra a noticias terribles sobre el comercio criminal de la droga y su incursión en nuestra tierra, sin detenerse a pensar en el coste humano que conlleva.

Y, en medio de este dolor, hemos escuchamos la Palabra de Dios, que no viene a borrar las lágrimas, ni a negar el sufrimiento. La fe cristiana no nos hace de piedra. Pero sí nos dice algo decisivo: la muerte no tiene la última palabra.

“Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor… porque sus obras los acompañan”, hemos oído en la primera lectura del Apocalipsis.

La palabra “bienaventurados” no niega el dolor de la muerte, pero proclama que el sacrificio vivido en fidelidad, sosteniendo valores de justicia, protección del débil, cumplimiento del deber y amor al prójimo, incluso en circunstancias difíciles y peligrosas, tiene valor eterno ante Dios.

Decir que “sus obras los acompañan” es afirmar que una vida entregada por los demás no desaparece. El bien realizado permanece: en las personas protegidas, en las familias servidas, en la paz custodiada y, sobre todo, ante Dios. El Señor acoge el sacrificio, conoce el servicio silencioso y no olvida ninguna entrega hecha por amor.

Jesús en el Evangelio proclamado nos ha hecho una gran promesa: “Al que venga a mí no lo echaré fuera… y yo lo resucitaré en el último día”.

Jesús se presenta como quien nos acoge definitivamente al terminar nuestra peregrinación por este mundo.

Ante una muerte dolorosa e inesperada, como la de Germán y Jerónimo, el Evangelio proclama que nadie queda perdido en el vacío ni olvidado por Dios: “No perderé nada de lo que Él me ha dado”, expresa la fidelidad de Cristo. Quienes han entregado su vida en servicio de los demás permanecen en las manos del Señor.

Así la Palabra de Dios nos invita a perforar la tragedia inmediata, abriendo un hueco de esperanza. La fe cristiana no elimina vuestro sufrimiento, queridas familias y compañeros guardias civiles, pero sostiene la esperanza de la resurrección y de la vida eterna. “Yo lo resucitaré en el último día” es la palabra central de consuelo: Cristo no abandona a quienes caminaron en el bien y en el deber cumplido.

En estos servidores públicos, Germán y Jerónimo, podemos reconocer una expresión concreta del amor que protege, sirve y se sacrifica por la seguridad de otros. Estos hombres salieron ayer para proteger la vida de otros. Han entregado su vida haciendo el bien, defendiendo a los demás, sembrando justicia y servicio. Por eso rezamos por ellos y ponemos sus almas, sus personas en las manos de Dios.

Queridas familias de Germán y Jerónimo, quisiera deciros, con enorme respeto y cariño, que os acompañamos en vuestro inmenso dolor. Hay ausencias que nadie puede llenar y heridas que tardarán mucho en cicatrizar. Pero no estáis solos. Dios camina en medio de vuestra noche. Y el amor que habéis compartido con ellos no desaparece; queda para siempre.

Y a vosotros, sus compañeros, Guardias Civiles: gracias. Gracias por vuestro servicio muchas veces abnegado, incomprendido y arriesgado. Gracias porque seguís saliendo cada día sabiendo que vuestra misión puede costar muy cara. España necesita hombres y mujeres que no se rindan ante el miedo, ante la violencia o ante el dinero fácil del crimen.

Porque hoy también debemos decir algo con claridad. La droga no es un negocio inocente. Detrás del narcotráfico hay muerte, corrupción, familias destrozadas, jóvenes perdidos, violencia y desprecio por la vida humana. El dinero de la droga parece fácil incluso admisible, pero siempre está manchado de lágrimas y sangre.

Y sería una grave irresponsabilidad mirar hacia otro lado. Quizás toda la sociedad tendríamos que reaccionar con menos silencio y mucha más intolerancia ante este negocio de muerte, que encuentra colaboradores en nuestros pueblos y ciudad, ávidos de dinero fácil.

La provincia de Huelva se ha convertido en los últimos años en una de las principales puertas de entrada de la droga al mercado nacional y europeo. El narcotráfico está sostenido por una delincuencia organizada, y cada vez más poderosa y violenta. La lucha contra esta plaga corresponde a las fuerzas de seguridad, a las que el Estado tiene la obligación de dotar de todos los medios necesarios y proporcionados para hacer frente a esta poderosa y tecnificada red criminal de la droga.

También, es una tarea de todos: de las familias, de la escuela, de la Iglesia en la predicación y la catequesis, de todas las instituciones, de la justicia, de los medios de comunicación, de toda la sociedad. No podemos resignarnos ante este fenómeno, que pervierte a nuestros jóvenes y familias, y corrompe nuestra convivencia.

Cada alijo interceptado, cada red desmantelada, cada noche de vigilancia en el mar o en las carreteras, no es solo una operación policial: es una defensa de la dignidad humana, por cuya causa Germán y Jerónimo han entregado su vida.

Pero ahora, por encima de todo, estamos aquí para rezar. Para poner estos dos nombres ante Dios, para asociar a estos dos hermanos a la muerte y resurrección de Jesucristo, que se actualiza en el sacrificio de la Misa que estamos celebrando. Para pedir que el Señor los reciba junto a Él, y les conceda vivir para siempre en su paz y felicidad eterna.

Y para pedir también fuerza y esperanza para quienes quedan aquí cargando el peso de su ausencia.

Y que nunca nos falte valentía para defender la vida, la justicia y la verdad.

Que la Santísima Virgen María, Madre del consuelo, abrace a estas familias y a sus compañeros, e interceda por todos nosotros. Amén.

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‘San Juan de Ávila’, carta dominical del arzobispo de Sevilla para el 10 de mayo

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‘San Juan de Ávila’, carta dominical del arzobispo de Sevilla para el 10 de mayo

El próximo domingo, 10 de mayo, se celebra el día de san Juan de Ávila, patrón del clero secular español. Precisamente a su figura y su espiritualidad dedica el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, su carta dominical, publicada en el último número de la revista diocesana ‘Iglesia en Sevilla’.

Monseñor Saiz reflexiona sobre este Doctor de la Iglesia que respondió a los «tiempos recios», no «con lamento estéril ni con amargura», sino con «santidad, doctrina sólida, celo apostólico, amor a la Iglesia y trabajo serio por la formación. Allí donde otros podían ver sólo ruina, él percibió una llamada de Dios a la conversión y a la fidelidad. Supo captar los problemas de su tiempo y reaccionar con visión certera ante los problemas del sacerdote, sintiendo la necesidad de purificarse, de reformarse para reemprender con nuevas energías el camino”.

Asimismo, se centra en la importancia de la formación para el clero, una de las bases del mensaje avilista: San Juan de Ávila «comprendió que un pueblo santo necesita pastores santos. Su amor a los sacerdotes fue inmenso. Los quiso formados en la doctrina, recios en la virtud, hombres de oración, entregados por entero al servicio del pueblo de Dios».

Finalmente, en su carta don José Ángel se pregunta cómo evangelizaría hoy este santo.

Puede conocer la respuesta leyendo la carta completa aquí.

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COPE ESPEJO ALMERIA: Conocemos todos los detalles de la tercera peregrinación de San Indalecio a Pechina

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería y el Palacio Episcopal. San Indalecio, Varón apostólico y mártir según la tradición, es el Obispo fundador de la Iglesia de Almería, que comenzó siendo la Iglesia hispanorromana de Urci.

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«Desde el primer momento, me han manifestado una acogida sincera, cercana y generosa»: Gerardo José Rodríguez, administrador parroquial de Cortes, Graena y Los Baños

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«Desde el primer momento, me han manifestado una acogida sincera, cercana y generosa»: Gerardo José Rodríguez, administrador parroquial de Cortes, Graena y Los Baños

Con profundo agradecimiento a Dios y al amparo de Nuestro Señor Jesucristo, hoy puedo contemplar con emoción y serenidad el camino recorrido desde mi llegada como administrador parroquial a las comunidades de Cortés, Graena y Los Baños en el verano pasado, para ser exacto el 17 de agosto 2025. Ese día recibí, de manos del arcipreste Sebastián Robles, la bendita encomienda de pastorear este hermoso rebaño. Han sido meses marcados por la gracia, el aprendizaje y una experiencia profundamente humana y espiritual.

Desde el primer momento, los fieles de estos tres entrañables pueblos me han manifestado una acogida sincera, cercana y generosa. He encontrado corazones abiertos, personas sencillas y nobles, familias llenas de fe y también hombres y mujeres que, aún viviendo procesos distintos en su vida espiritual, han sabido mostrar respeto, cariño y una interacción verdaderamente maravillosa. Creyentes y no creyentes han tejido un ambiente de convivencia fraterna que enriquece y edifica.

Me ha correspondido dar catequesis a niños y matrimonios jóvenes, se ha visitado a los enfermos y se ha apoyado a gente de escasos recursos (pobres y migrantes) con el apoyo de Cáritas Diocesana.

Espiritualmente, este tiempo ha significado un crecimiento inmenso. No ha sido una tarea fácil asumir la responsabilidad pastoral después de la larga y fecunda presencia de José Berbel Guil, el anterior párroco, muy querido que sembró el Evangelio durante tantos años en estas parcelas del Señor. Su huella permanece viva y respetada, y precisamente esa realidad suponía un reto grande, humano y pastoral. Sin embargo, la providencia de Dios ha permitido que este desafío se transformara en una oportunidad de maduración interior, de sanación espiritual y de renovación sacerdotal. He celebrado mis bodas de plata sacerdotales el 7 de diciembre del año pasado y las ansias del Buen Pastor para ir en búsqueda de las ovejas confundidas o dispersas han tomado intensidad.

Aún se puede percibir el olor de hombres de mucha paz y bondad designados párrocos como Manuel Amezcua, Antonio Fajardo, Andrés Porcel y Andrés Martínez Galán, fallecido con tan solo 43 años, en diciembre del 2013.

Agradezco de manera especial al obispo, don Francisco Jesús Orozco, la confianza depositada y el haberme brindado esta hermosa oportunidad de servir en estas comunidades que son, verdaderamente, una perla preciosa dentro de la diócesis de Guadix. Aquí he descubierto no solamente la belleza de sus paisajes y tradiciones, sino también la riqueza espiritual de un pueblo que sabe caminar con esperanza, sencillez y fe.

Mi gratitud será siempre inmensa hacia los fieles de Cortes, Graena y Los Baños. Gracias por sus palabras de aliento, por sus oraciones, por su cercanía y por permitirme compartir la vida cotidiana de estas comunidades. Todo lo vivido confirma que cuando Cristo ocupa el centro, incluso los retos más grandes se convierten en bendición y los caminos difíciles terminan siendo senderos de gracia.

 

Gerardo José Rodríguez,

Administrador parroquial

Cortes, Graena y Los Baños

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Confirmaciones en la parroquia de Alamedilla

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Confirmaciones en la parroquia de Alamedilla

Un grupo de 13 confirmandos han recibido el sacramento de la Confirmación en la parroquia de Alamedilla, el viernes 8 de mayo. En el grupo había ocho mayores y cinco adolescentes, de los cuales dos eran de la vecina parroquia de Pedro Martínez.

El obispo de Guadix fue quien presidió la celebración ya administró el sacramento. Concelebraron el párroco, Juan Diego Tapia, y el maestro de ceremonias de la Catedral, Alfonso J. García. En la homilía, monseñor Francisco Jesús Orozco recalcó a los confirmandos que el pilar fundamental de la fe cristiana es que hemos nacido para la vida y no para la muerte.
Y, haciendo mención del Evangelio del día, les habló de la relación de amistad que hay entre Cristo y cada uno de nosotros. Porque somos amigos, les vino a decir, invitándoles a sentir a Jesús como “el mejor de los amigos”. También les recordó que quien tiene a Jesús como amigo, tiene el mayor de los tesoros, porque Jesús nos revela todo aquello que tiene en su corazón, un corazón que es todo amor.
Entre esos confirmandos había una chica que también recibió el sacramento del Bautismo y este fin de semana recibirá el de la Eucaristía, en su Primera Comunión.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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